
Así ganó más de 100 km de autonomía con su BMW i3 sin cambiar de coche
Un propietario de BMW i3 decidió mejorar la autonomía de su coche apostando por la eficiencia y por alargar su vida útil. Tras estudiar riesgos y costes, el resultado ha superado sus expectativas. Una experiencia real que reabre el debate sobre las limitaciones legales actuales y que reescribe la vida útil de los coches tal como la conocemos.

Y es que con el coche de combustión, podemos tener mucha suerte y al pasar de los 300.000 km seguir usando el vehículo con los habituales achaques, o, como suele ser habitual, abrir la era de las constantes y costosas visitas al nuestro amigo el mecánico. Pero a partir de ahí solemos descartar el coche por uno nuevo. Algo que el coche eléctrico puede redefinir por completo tal como nos muestran casos como este.
Hervé es un usuario francés que desde hace años está obsesiona con un concepto muy concreto: la eficiencia energética, entendida no como un sacrificio, sino como una forma lógica de consumir menos sin renunciar al confort ni a las prestaciones.
Ese mismo enfoque lo aplica a todo. En su vivienda ha apostado por un conjunto coherente de soluciones orientadas a reducir consumo: buen aislamiento, 9 kw de fotovoltaica, bomba de calor aire-aire, agua caliente solar por termosifón y una gestión inteligente de la tarifa eléctrica. El resultado es sencillo: menos gasto, menos dependencia energética y una lógica que encaja perfectamente con el uso de un coche eléctrico.
Cuando llegó el momento de cambiar de coche, Hervé no pensó inicialmente en un eléctrico puro. Valoró opciones híbridas enchufables, pero las descartó por complejidad y por una rentabilidad que no le cuadraba. En BMW se interesó por varios modelos hasta que le enseñaron el BMW i3. Practica kitesurf y dudaba de su capacidad de carga, así que volvió al concesionario con todo el equipo. Todo entró sin problemas. Aquello fue el primer punto a favor.

La prueba definitiva llegó cuando pudo usar durante un fin de semana un BMW i3 con extensor de autonomía. Este pequeño motor de gasolina de 650 cm³ y 34 CV actúa como generador cuando la batería baja de nivel. En autopista le convenció, y en 2016 decidió que quería un coche eléctrico capaz de hacerlo todo. Eligió la versión con batería de 94 Ah y carga rápida.
El precio también acompañó. Tras negociar, logró una rebaja de 9.000 euros, dejando la factura en 33.000 euros. Frente a un modelo térmico equivalente, el sobrecoste era de unos 8.000 euros, que amortizó en tres años gracias al menor gasto en energía y mantenimiento. Con el paso del tiempo, y ya con muchos kilómetros encima, empezó a plantearse el relevo, aunque tenía claro lo que no quería. Descarta Tesla por la imposibilidad de reparar la batería y por una interfaz basada casi exclusivamente en una pantalla.
En ese momento, BMW lanzó una nueva evolución del i3 con batería de mayor capacidad, pero en Francia eso suponía renunciar al Rex. Además, el futuro del modelo no estaba claro. La solución apareció casi por casualidad. Durante una visita al concesionario para mantenimiento, encontró una unidad de ocasión: tres años, 16.000 km, batería de 94 Ah con un estado de salud del 100% y mejor equipada que la suya. Costaba aproximadamente la mitad que nueva. No lo dudó y la compró.
El salto a la batería de 120 Ah

Con el paso de los kilómetros volvió a surgir la pregunta. A los 113.000 km, la batería marcaba un SoH del 97%, pero Hervé tenía un objetivo claro: disfrutar de la batería de 120 Ah, de 33 a 42 kWh, manteniendo el Rex, algo que en Estados Unidos sí fue posible de fábrica. Investigando, comprobó que la diferencia de peso entre las baterías de 94 y 120 Ah era de apenas 3 a 4 kilos, insuficiente para afectar al equilibrio del coche.
Sabía que el upgrade no está permitido oficialmente en Francia. Aun así, contactó con la ITV de Francia, sin obtener respuesta, y con su aseguradora, que no puso objeciones siempre que se utilizara una batería homologada por BMW. Asumió también que en la ITV nadie iba a comprobar la capacidad del pack. Solo quedaba encontrar quién realizara la operación.
Tras muchas búsquedas, seleccionó dos empresas especializadas: Mandrill Automotive en Alemania e i3Upgrade, una firma checa con instalador en Wiesloch. Mandrill ofrecía batería nueva por 12.100 euros con montaje, además de exigir una actualización previa en BMW. i3Upgrade resultó más flexible: reprogramación incluida y posibilidad de montar batería nueva o de ocasión certificada.

Los números marcaron la decisión. Una batería usada, garantizada dos años, costaba entre 7.000 y 8.500 euros, más 1.000 euros de montaje. Hervé eligió un pack con SoH del 99%, procedente de un BMW i3 con apenas 15.000 km. Presupuesto final: 8.500 euros para pasar de unos 33 a unos 42 kWh brutos.
Para reducir aún más el coste, decidió vender su antigua batería. Lo anunció en grupos de usuarios del BMW i3 y apareció Jérémy, propietario de un i3 60 Ah que en invierno apenas alcanzaba 60-65 km de autonomía. Le vendió su batería por 2.500 euros, por lo que la actualización le ha salido por unos 7.500 euros. Ambos salieron ganando: Jérémy ahora disfruta de unos 200 km reales en otoño y Hervé redujo notablemente la factura.
Antes del cambio, Hervé ya realizaba viajes largos sin demasiadas limitaciones. Tras la modificación, la mejora es evidente. En recorridos con mayoría de vías rápidas, ha pasado de unos 400 km totales (batería+rex) a hasta 525 km, ganando más de 100 km de autonomía. En autopista a 120 km/h, ahora ronda los 350 km frente a los 280 km anteriores.
La satisfacción es total. Hervé destaca que ahora tiene una capacidad similar a la de un Hyundai Kona de 64, usa aún menos el Rex y mantiene un coche con un diseño que sigue pareciendo actual. Le parece absurdo que una mejora así no esté permitida cuando no altera el comportamiento ni la seguridad del vehículo. Con esta configuración, incluso se plantea un viaje largo por Noruega.
Eso sí, lanza una advertencia clara: existen packs no oficiales de hasta 54 kWh procedentes de China que considera peligrosos. La carcasa de la batería forma parte de la estructura del BMW i3, y estos packs no ofrecen la misma rigidez ni el mismo control térmico. Según los especialistas, ni siquiera entregan la capacidad prometida, pese a venderse en Europa por entre 5.000 y 6.000 euros sin montaje.
La experiencia de Hervé vuelve a poner sobre la mesa un debate incómodo: alargar la vida útil de los coches eléctricos mediante actualizaciones seguras y coherentes tiene todo el sentido, tanto desde el punto de vista económico como ambiental.


