Europa tiembla ante nuevos aranceles de Estados Unidos por la crisis de Groenlandia

La creciente tensión política entre Estados Unidos y Europa por Groenlandia empieza a preocupar seriamente a la industria del automóvil. Los fabricantes temen una nueva subida de aranceles que afecte a su competitividad. Desde Alemania piden una respuesta estratégica y coordinada para evitar un impacto mayor

Europa tiembla ante nuevos aranceles de Estados Unidos por la crisis de Groenlandia
La presidenta de la Asociación alemana del Automóvil, Hildegard Müller

Publicado: 20/01/2026 08:28

5 min. lectura

La situación política en torno a Groenlandia se está calentando a gran velocidad y, aunque pueda parecer un asunto lejano, en Europa ya empiezan a encenderse todas las luces de aviso. La patronal alemana del automóvil, la VDA, ha advertido de que las consecuencias para el sector pueden ser muy negativas, especialmente si se traducen en una nueva oleada de aranceles desde Estados Unidos.

El origen del problema está en la intención del presidente estadounidense, Donald Trump, de acelerar el proceso para incorporar Groenlandia como territorio estadounidense. Un movimiento que ha generado una fuerte oposición internacional, con Europa en primera línea. Como respuesta, Estados Unidos podría endurecer todavía más su política comercial, y ahí es donde la industria del automóvil vuelve a quedar en el punto de mira.

Desde la VDA no esconden su preocupación. La organización considera que el impacto de nuevos aranceles sería enorme para los fabricantes europeos, que ya vienen arrastrando un contexto complicado entre costes energéticos, transformación industrial y una demanda irregular. La sensación es de déjà vu: otra vez conteniendo la respiración ante decisiones políticas que poco tienen que ver con el producto final.

Exportaciones-Alemania-1

Un buen ejemplo lo pone Volkswagen. Según datos recogidos por Automotive News, el grupo alemán calcula que solo los aranceles estadounidenses del año pasado ya le supusieron un coste de unos 5.000 millones de euros. Y todo apunta a que este año la factura puede ser aún mayor si se aprueban nuevas tasas. Un golpe directo a cuentas que ya están bajo presión.

La advertencia ha llegado también desde la cúpula. Hildegard Müller, máxima responsable de la VDA, ha pedido públicamente a la Unión Europea que actúe con cabeza fría. Para Müller, lo fundamental es que Bruselas responda con una estrategia inteligente y coordinada con los países afectados. No es un detalle menor: la industria del automóvil sigue siendo uno de los pilares económicos del continente.

Fábricas como la de Emden, donde se produce el Volkswagen Passat, dependen en buena medida de la estabilidad comercial con mercados clave como el estadounidense. Un incremento de los aranceles no solo encarece los coches, también pone en riesgo inversiones, empleo y planes industriales a medio plazo.

En resumen, lo que ocurre a miles de kilómetros puede acabar teniendo un efecto directo en las líneas de producción europeas. Y esta vez, el aviso llega claro: si la escalada continúa, el golpe para el sector del automóvil en Europa puede ser difícil de digerir.

Así quieren revolucionan Audi, BMW y Mercedes la producción con inteligencia artificial

Entre la población alemana se empieza anotar el clima de enfado, cansancio y desconfianza hacia la deriva política de Estados Unidos y, en particular, hacia Donald Trump. Entre loa población existe la sensación de que las consecuencias van mucho más allá del impacto concreto en la industria del automóvil y reflejan la sensación de que Europa vuelve a pagar decisiones ajenas. Hay una mayoría clara que considera que esta presión comercial no es un accidente, sino parte de una estrategia más amplia para debilitar a la Unión Europea. De ahí que aparezcan llamadas recurrentes a dejar atrás el complejo de inferioridad, reforzar la autonomía europea y asumir que el choque económico puede ser inevitable, pero necesario a largo plazo.

También es llamativo que una parte importante de la opinión pública apueste por responder con firmeza, incluso aceptando costes económicos. Se habla de boicots a productos estadounidenses, de reducir la dependencia tecnológica y energética y de usar el peso industrial europeo como herramienta de presión. En ese contexto, la industria del automóvil se ve menos como una víctima intocable y más como una pieza dentro de un tablero mayor, donde entran en juego soberanía, empleo y estrategia industrial.

Frente a voces minoritarias que justifican o minimizan la postura estadounidense, el tono general es claro: Europa tiene tamaño, mercado y capacidad suficientes para defenderse, siempre que actúe unida y deje de reaccionar con miedo.

Este artículo trata sobre...

Pixel