
Donut Lab demuestra que su batería sólida mantiene el 97,7% de carga tras diez días
La batería sólida de Donut Lab vuelve a superar una prueba independiente clave; el ensayo demuestra que mantiene casi toda su carga tras diez días sin uso; un paso más para validar una tecnología que promete mucho. Para algunos, demasiado.

La joven empresa finlandesa Donut Lab sigue avanzando en el desarrollo de su peculiar batería sólida conocida como Donut Battery. Tras presentar su tecnología a comienzos de año, la compañía ha publicado ahora el resultado de una tercera prueba independiente, en la que se analiza uno de los aspectos clave de cualquier batería: cuánto tiempo es capaz de mantener la energía cuando no se utiliza.
El ensayo, realizado por el VTT Technical Research Centre of Finland, concluye que la celda mantiene el 97,7% de su carga después de permanecer diez días completamente inactiva. Un resultado importante porque, desde que Donut Lab presentó su propuesta, no han faltado dudas y teorías sobre la verdadera naturaleza de esta tecnología.
Y es que las cifras que promete la empresa son tan ambiciosas que algunos expertos llegaron a sugerir que quizá no se trataba realmente de una batería sólida, sino más bien de algo parecido a un supercondensador, un dispositivo capaz de cargarse y descargarse muy rápido, pero que también pierde la energía almacenada con gran rapidez.
Según explica Ville Piippo, director técnico de Donut Lab, esta nueva prueba pretende precisamente despejar esas dudas. “Desde que presentamos la Donut Battery ha habido muchas especulaciones sobre si realmente es un supercondensador. Este test demuestra de forma sencilla que es una batería”, ha afirmado.
La Donut Battery está diseñada inicialmente para integrarse en la Verge TS Pro, una moto eléctrica conocida por su motor integrado en la rueda trasera. Sobre el papel, el sistema promete cifras realmente llamativas: hasta 595 kilómetros de autonomía, tiempos de carga cercanos a los cinco minutos y una densidad energética de 400 Wh/kg, todo ello con un comportamiento seguro incluso en condiciones de temperatura extremas.
Una tercera prueba para demostrar que realmente es una batería
Para respaldar sus afirmaciones, Donut Lab ya había publicado anteriormente dos pruebas independientes. La primera analizaba la carga rápida, mostrando que la batería podía pasar del 0 al 80% en aproximadamente entre 4,5 y cinco minutos, una cifra que, de confirmarse en aplicaciones reales, supondría un salto enorme respecto a las baterías actuales.
La segunda prueba se centró en la estabilidad térmica, otro punto crítico en el desarrollo de nuevas químicas. En ese ensayo, la batería fue sometida a temperaturas de 80 y 100 grados, donde llegó a ofrecer incluso más capacidad que a temperatura ambiente: 110% y 107% respectivamente.
Ahora, la tercera prueba se ha centrado en evaluar el fenómeno de la autodescarga, es decir, la energía que pierde una batería simplemente por estar almacenada sin utilizarse. Este aspecto es fundamental para cualquier aplicación real, ya que un sistema de almacenamiento eficiente debe ser capaz de conservar la energía durante largos periodos.
El procedimiento fue relativamente sencillo, pero extremadamente preciso. Los técnicos del VTT comenzaron realizando una prueba de capacidad a una tasa 1C, con la que confirmaron que la celda entregaba 26,5 Ah, ligeramente por encima de la cifra nominal de 26 Ah.
A partir de ahí se inició el ensayo de autodescarga. Los investigadores cargaron la celda hasta aproximadamente el 50% de su capacidad, lo que equivalía a 13,335 Ah, y la dejaron completamente inactiva durante 240 horas, es decir, diez días.
Durante todo ese tiempo la batería permaneció en un entorno controlado con temperaturas de entre 22 y 28 grados, mientras que el voltaje fue registrado de forma continua cada diez segundos.

Una vez finalizado el periodo de reposo, los científicos procedieron a descargar la batería. El resultado fue que se recuperaron 12,029 Ah, lo que equivale al 97,7% de la energía almacenada originalmente.
El análisis del voltaje reveló un comportamiento bastante típico en este tipo de sistemas. La mayor caída se produjo justo después de la carga, con una reducción inicial de unos 60 milivoltios en los primeros diez segundos. Durante la primera hora el descenso total alcanzó los 103 milivoltios, algo que los investigadores atribuyen al fenómeno conocido como relajación de voltaje tras la carga.
Una vez estabilizada, la caída de voltaje fue mínima. De hecho, entre la hora 10 y la hora 240, el descenso fue de apenas 12 milivoltios, lo que indica que la batería mantiene la energía con bastante estabilidad durante largos periodos de tiempo.
Otro aspecto relevante es que el equipo del VTT no detectó ningún daño visible ni cambios estructurales en la celda tras el ensayo. Esto refuerza la idea de que el diseño de la batería mantiene su integridad incluso después de pasar por este tipo de pruebas prolongadas.
Desde Donut Lab explican que al final del proceso también se realizó una nueva prueba de capacidad, confirmando que la caída de voltaje observada coincide con la energía realmente almacenada en vatios hora.

En otras palabras, la batería se comportó exactamente como debería hacerlo una batería, y no como un supercondensador.
Piippo lo resume de forma bastante clara: un supercondensador puede cargarse y descargarse muy rápido, pero también pierde la energía almacenada con gran rapidez cuando no se utiliza. En cambio, la Donut Battery ha demostrado que puede mantener la carga durante mucho más tiempo, algo imprescindible si quiere convertirse en una solución real para coches eléctricos y otros vehículos.
Aunque todavía queda camino por recorrer antes de ver esta tecnología en producción a gran escala, las pruebas independientes empiezan a ofrecer pistas interesantes. Si las cifras anunciadas por Donut Lab terminan confirmándose en aplicaciones comerciales, podríamos estar ante uno de los avances más relevantes en baterías de electrolito sólido de los últimos años.
Por ahora, la industria observa con cautela pero también con bastante curiosidad. No sería la primera vez que una tecnología promete cifras revolucionarias que luego resultan difíciles de replicar en producción masiva. Pero tampoco sería la primera vez que una pequeña empresa termina sacudiendo el tablero tecnológico.
Y si algo está claro es que reducir los tiempos de carga a apenas unos minutos y aumentar la densidad energética sigue siendo uno de los grandes objetivos del sector de los coches eléctricos.


