
Casi 50 años generando electricidad: la increíble instalación solar de 5 kW que todavía sobrevive en los Alpes
Unos paneles solares instalados hace décadas en un refugio de alta montaña han puesto sobre la mesa una de las cuestiones que menos se valora de la tecnología, su durabilidad. Una instalación situada en una zona de clima extremo que cinco décadas después sigue funcionando con los paneles originales.

En lo alto de los Alpes franceses, en el refugio de las Evettes, una pequeña instalación fotovoltaica lleva décadas haciendo algo que hoy damos por normal: producir electricidad allí donde no llega la red. Lo llamativo es que empezó a hacerlo a finales de los años 70, cuando la fotovoltaica todavía estaba muy lejos de convertirse en una tecnología habitual.
El refugio de las Evettes se encuentra en el circo glaciar del mismo nombre, en el término de Bonneval-sur-Arc, en la Haute-Maurienne, dentro de la Savoie. Está situado a unos 2.594 metros de altitud, en un entorno de alta montaña donde llevar una conexión eléctrica convencional nunca ha sido precisamente sencillo. El edificio actual tiene además una historia particular: fue concebido a finales de los años 60 como un refugio experimental de alta montaña y fue inaugurado en 1971, utilizando una estructura metálica y soluciones constructivas asociadas al trabajo del ingeniero Jean Prouvé.
La instalación fotovoltaica que ahora vuelve a llamar la atención tenía una potencia de 5 kW, una cifra que hoy puede parecer diminuta, pero que en aquel momento suponía todo un experimento tecnológico. Según la publicación realizada por Richard Loyen a partir de la información y las fotografías obtenidas por Maxime Babics, la instalación fue puesta en servicio en 1979 y continúa funcionando casi medio siglo después.
Babics, investigador especializado precisamente en la durabilidad de los módulos fotovoltaicos, se encontró con ella durante una excursión hacia el glaciar del Grand Méan. Los archivos de DoCoMoMo (una organización internacional sin fines de lucro creada para proteger, estudiar y difundir la arquitectura del Movimiento Moderno del siglo XX) hablan de 70 m² de captadores y 452 celdas, instalados sobre una roca situada cerca del refugio, mientras que las baterías estaban colocadas bajo el edificio.

El sistema de almacenamiento estaba formado por 120 baterías de plomo, con una capacidad total indicada de 144 kWh. No era, por tanto, simplemente un conjunto de paneles solares conectado a unos pocos aparatos: era una instalación autónoma diseñada para proporcionar electricidad a un edificio aislado de la red. La tecnología utilizada también resulta especialmente curiosa vista desde 2026.
Maxime Babics ha identificado los módulos como BPX47A de R.T.C., una tecnología de la época que hoy permite comprobar de primera mano cómo envejecen los módulos fotovoltaicos después de décadas expuestos a condiciones muy exigentes. En las fotografías que ha publicado, los módulos presentan un aspecto sorprendentemente bueno después de casi 50 años en un entorno alpino, aunque también se aprecian algunos daños, como un par de cristales traseros rotos.
No hay que olvidar dónde están instalados. A casi 2.600 metros de altitud, los módulos han tenido que soportar durante décadas nieve, hielo, fuertes cambios de temperatura, radiación ultravioleta, viento y unas condiciones ambientales muy distintas a las de una instalación solar convencional situada en una vivienda. Precisamente por eso el hallazgo tiene un interés especial para los investigadores que estudian la degradación a largo plazo de los módulos fotovoltaicos.
Babics trabaja actualmente en el CEA y en el entorno de investigación fotovoltaica de Grenoble, precisamente en cuestiones relacionadas con la fiabilidad y el envejecimiento de esta tecnología. Y lo más sorprendente es que el proyecto ya estaba siendo estudiado cuando prácticamente nadie hablaba de autoconsumo, comunidades energéticas o independencia energética.

En 1981 se presentó en la Conferencia Europea de Energía Solar Fotovoltaica de Cannes un trabajo dedicado específicamente al generador de 5 kW del refugio de Les Evettes. El estudio describía una instalación autónoma para un edificio sin conexión a la red, con un campo fotovoltaico capaz de entregar hasta 5 kW a una tensión de entre 48 y 70 voltios en corriente continua.
El sistema incorporaba además un inversor de 3 kVA basado en tiristores, con un rendimiento que alcanzaba el 80% a plena carga y bajaba al 67% con cargas parciales. La instalación contaba con unas baterías que le otorgaban electricidad suficiente para cubrir cinco días de consumo nominal, una característica fundamental para un refugio situado en una zona donde varios días de mal tiempo podían impedir una producción solar significativa.
Los datos reales registrados entonces son todavía más interesantes. Durante agosto de 1980, el sistema alcanzó una producción media mínima de 28,2 kWh diarios, según los datos recogidos en el proyecto.
Para poner la cifra en contexto, estamos hablando de una instalación de apenas 5 kW que tenía que alimentar un refugio de montaña sin disponer de una red eléctrica convencional como respaldo. El estudio incluso planteaba la necesidad de mejorar el ajuste entre la tensión de los paneles y la carga para aprovechar mejor la electricidad generada.
Un ejemplo extremo de que los paneles solares pueden tener una garantía de 20 o 25 años, pero muchos más de uso, incluso en escenarios tan desfavorables como este, evidentemente con pérdidas de eficiencia con el paso del tiempo.
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