
¿450 km la autonomía mínima para un coche eléctrico pequeño?
Los coches eléctricos urbanos y compactos siguen arrastrando una limitación que preocupa a muchos compradores; un importante directivo europeo cree que ha llegado el momento de dejar atrás esa situación; su propuesta pasa por conseguir que estos coches puedan utilizarse para todo; el objetivo es acercarlos cada vez más a la libertad de uso de los modelos tradicionales.

Hay una frase que se repite cada vez que se habla de un coche eléctrico pequeño: “Es normal que tenga poca autonomía, al fin y al cabo es un coche urbano”. Para Aurélien de Meaux, cofundador y máximo responsable de Electra, esa explicación no sirve. Y su planteamiento es bastante sencillo: un pequeño eléctrico debería poder hacer al menos 450 km de autonomía y contar con recarga rápida, independientemente de que su tamaño esté pensado principalmente para la ciudad.
El razonamiento tiene bastante sentido si se mira lo que ocurre en nuestras carreteras. Los utilitarios siguen siendo coches para todo. Un Peugeot 208, un Renault Clio, un Toyota Yaris, un Opel Corsa o un Volkswagen Polo pueden utilizarse para ir a trabajar durante la semana y, llegado el fin de semana, afrontar un viaje de varios cientos de kilómetros sin que nadie se plantee que necesitan un segundo coche para salir de la ciudad. De Meaux considera que los pequeños eléctricos deberían ofrecer exactamente esa misma libertad de uso.
El directivo francés lo ha planteado de forma muy directa en su perfil de LinkedIn. Critica precisamente la idea de que quien compre un coche eléctrico pequeño tenga que asumir desde el principio que necesitará otro automóvil para realizar viajes largos. Y aquí está una de las claves del debate: aunque la ansiedad por la autonomía pueda parecer exagerada desde un punto de vista racional, existe y condiciona las decisiones de compra. Por eso, en su opinión, la solución no consiste únicamente en convencer al comprador de que necesita menos autonomía, sino también en fabricar coches que eliminen esa preocupación.
El reto está en conseguir 450 km sin disparar el tamaño de la batería

La propuesta resulta especialmente interesante cuando se aplica a los coches más pequeños, porque alcanzar esos 450 km con una batería contenida sigue siendo complicado. El propio planteamiento deja ver dónde está el problema: con un pack de unos 30 kWh habría que conseguir un consumo medio de aproximadamente 15 kWh por cada 100 km para alcanzar 450 km, una cifra extremadamente exigente para una utilización real y todavía más complicada si entran en juego velocidades de autopista, bajas temperaturas o climatización.
Por eso, no basta simplemente con aumentar la capacidad de la batería. Hacerlo permitiría conseguir más autonomía, pero también supondría incrementar el peso y el coste del vehículo. El verdadero reto para los fabricantes es conseguir más kilómetros con menos batería, algo que pasa por mejorar la eficiencia de los motores, la aerodinámica, la gestión térmica y, sobre todo, la tecnología de las propias baterías.
Y aquí es donde empiezan a aparecer modelos que demuestran que la barrera de los 450 km ya no es completamente descabellada. El Volkswagen ID. Polo, por ejemplo, alcanza hasta 455 km según el ciclo WLTP con su batería de 52 kWh, convirtiéndose en una referencia interesante dentro de los coches eléctricos compactos. Volkswagen también ofrece una versión con batería de 37 kWh, aunque en ese caso la autonomía se queda claramente por debajo de ese objetivo.

El Volkswagen ID. Polo es precisamente un buen ejemplo de hacia dónde puede evolucionar este segmento. Con una longitud de unos 4,05 metros, sigue siendo un coche manejable para la ciudad, pero no está planteado como un vehículo limitado exclusivamente a desplazamientos urbanos. Su versión de mayor batería permite afrontar viajes largos con mucha más tranquilidad y, además, dispone de recarga rápida para reducir las paradas durante esos desplazamientos.
La diferencia con los utilitarios eléctricos de hace unos años es importante. Muchos modelos pequeños nacieron con baterías relativamente modestas y autonomías pensadas casi exclusivamente para el uso diario. Eso podía tener sentido cuando el coche eléctrico era visto como un segundo automóvil, pero el objetivo actual debería ser que también pueda ser el único coche de una familia.
De Meaux recupera además una idea que Elon Musk ya había defendido años atrás en Tesla: no tenía sentido seguir desarrollando modelos con autonomías demasiado reducidas. La diferencia es que ahora el debate se traslada a un segmento mucho más pequeño y asequible. En aquel momento, hablar de 400 km como mínimo tenía sentido en coches de mayor tamaño, con baterías mucho más grandes. Llevar esa cifra hasta los 450 km en un utilitario supone un desafío tecnológico considerable.

La posible respuesta podría llegar con la evolución de las baterías. El directivo de Electra apunta a que las nuevas tecnologías, entre ellas las baterías con electrolito sólido, podrían facilitar que los coches pequeños consigan mucha más autonomía sin tener que cargar con packs enormes y pesados. No es una solución inmediata ni está garantizado que todas las promesas actuales lleguen rápidamente a los modelos de gran volumen, pero sí marca una dirección clara para el sector.
Porque el fondo de la cuestión no son realmente los 450 km. Lo importante es que un pequeño eléctrico no tenga un uso más limitado que el equivalente de combustión por el simple hecho de utilizar una batería. Si un utilitario convencional puede llevar a sus ocupantes de una punta a otra del país cuando hace falta, el coche eléctrico que lo sustituya debería aspirar a ofrecer una libertad de movimiento similar.
Eso también ayudaría a cambiar la percepción del comprador. En lugar de explicar constantemente que 250 o 300 km son suficientes para la mayoría de los desplazamientos diarios, sería mucho más sencillo ofrecer un coche que permita olvidarse de la autonomía durante prácticamente toda la semana y que, cuando llegue un viaje largo, simplemente necesite una parada rápida para continuar.
El problema es que conseguirlo en un coche pequeño y con un precio razonable no será sencillo. El Volkswagen ID. Polo demuestra que los 450 km WLTP ya son técnicamente posibles en este tamaño, pero también deja claro que hace falta una batería de mayor capacidad. El siguiente paso será conseguir esa autonomía con menos kWh y, sobre todo, hacerlo sin convertir estos utilitarios en coches demasiado caros.
Al final, la provocación de Aurélien de Meaux tiene más fondo del que puede parecer a primera vista. No se trata de que todos los coches eléctricos tengan que recorrer 450 km con una carga, sino de evitar que el comprador tenga que aceptar limitaciones de uso simplemente por elegir un modelo pequeño. La idea es que un pequeño eléctrico sea un coche completo, no un segundo coche disfrazado de solución de movilidad.


