La batería de tu coche eléctrico puede degradarse 2,5 veces más rápido por esta mala costumbre al volante

Un nuevo estudio analiza cómo los hábitos al volante pueden influir en la vida útil de las baterías de los coches eléctricos; los investigadores han utilizado datos reales de circulación durante un año; sus conclusiones ponen el foco en un comportamiento muy habitual entre los conductores de coches eléctricos.

La batería de tu coche eléctrico puede degradarse 2,5 veces más rápido por esta mala costumbre al volante

Publicado: 22/08/2026 19:00

8 min. lectura

La forma de conducir un coche eléctrico puede tener bastante más importancia sobre la vida útil de su batería de lo que muchos conductores imaginan. Una nueva investigación basada en datos reales de circulación apunta a que las aceleraciones fuertes y las demandas repetidas de mucha corriente pueden acelerar de forma considerable el envejecimiento de la batería.

El estudio ha sido realizado por investigadores de la Universidad Dianji de Shanghái, en China, que analizaron durante un año los datos de 15 coches eléctricos que circulaban por Guangzhou en 2022. El objetivo era separar el efecto de la conducción de otros factores que también influyen en la degradación, como la temperatura, el nivel de carga o los periodos en los que el coche permanece detenido.

Los resultados llaman especialmente la atención porque no se trata simplemente de comparar a un conductor que circula despacio con otro que conduce rápido. La clave está en la frecuencia con la que se exige una elevada intensidad de corriente a la batería, especialmente mediante aceleraciones fuertes y repetidas a baja velocidad.

La conducción agresiva somete a la batería a mucho más estrés

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Los investigadores recopilaron datos de los vehículos cada 10 segundos, incluyendo velocidad, corriente de la batería, nivel de carga, tensión y temperatura. Con esta información y diferentes métodos de aprendizaje automático, clasificaron los hábitos de conducción en cinco categorías, desde una conducción suave y eficiente hasta un estilo considerado muy agresivo.

Este último grupo no estaba definido necesariamente por circular a gran velocidad. De hecho, una berlina eléctrica circulando de forma constante por una autopista puede someter a la batería a menos estrés que otro coche que se mueve por ciudad realizando continuamente aceleraciones muy fuertes desde los semáforos.

Ese matiz resulta importante. Lo que más preocupa no es tanto la velocidad como los cambios constantes de demanda eléctrica, con aceleraciones intensas, fuertes recuperaciones y nuevas aceleraciones poco después. Es una situación especialmente habitual en conducción urbana cuando se aprovecha toda la capacidad de aceleración disponible en un coche eléctrico.

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Las diferencias encontradas por el estudio fueron enormes. El estilo de conducción más agresivo generó una tasa de estrés asociada al envejecimiento de la batería 18,4 veces superior a la registrada con la conducción más suave y eficiente.

Una de las razones estaría precisamente en la intensidad de corriente solicitada. En el grupo de conducción agresiva, la corriente eficaz media alcanzó los 66,02 amperios, frente a los 20,56 amperios registrados en el grupo de conducción eficiente.

Los investigadores también realizaron una simulación en la que mantuvieron constantes el resto de condiciones y cambiaron únicamente el estilo de conducción. El resultado fue que pasar de una conducción agresiva a otra más suave podía reducir un 91,3% el estrés de envejecimiento a corto plazo calculado por el modelo.

Esto no significa que haya que conducir un coche eléctrico como si se tratara de un vehículo especialmente delicado. Tampoco quiere decir que una aceleración fuerte vaya a provocar un daño apreciable en la batería de forma inmediata. La cuestión está en la repetición de estas situaciones a lo largo de miles de kilómetros y ciclos de utilización.

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El estudio también trató de trasladar estas diferencias al largo plazo mediante un modelo de envejecimiento de la batería. Después de 1.000 ciclos de carga y descarga, el modelo estimó una pérdida de capacidad de alrededor del 21,15% para el estilo de conducción más suave, mientras que en el escenario más agresivo la pérdida alcanzaba el 53,22%.

La diferencia equivale a aproximadamente 2,5 veces más degradación en el escenario de conducción más exigente. Y aquí aparece una de las consecuencias más evidentes para el propietario: una batería con menor capacidad disponible implica menos autonomía y, dependiendo del grado de degradación, también puede terminar afectando al valor del coche en el mercado de segunda mano.

Además, la batería continúa siendo uno de los componentes más caros de un coche eléctrico. Por eso, cualquier factor que pueda acelerar su desgaste tiene una importancia que va más allá de perder unos cuantos kilómetros de autonomía.

Ahora bien, hay que poner estas cifras en contexto. El estudio no ha seguido físicamente las mismas baterías durante 1.000 ciclos para comprobar que terminaron perdiendo un 53,22% de su capacidad. Los investigadores utilizaron los datos reales de conducción para calcular el estrés y posteriormente aplicaron un modelo de envejecimiento para estimar sus consecuencias a largo plazo.

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Por tanto, las cifras del 21,15% y el 53,22% son proyecciones del modelo, no una medición directa realizada después de 1.000 ciclos. Es una diferencia importante a la hora de interpretar los resultados y evita sacar conclusiones demasiado drásticas sobre la vida útil de las baterías de los coches eléctricos.

En la degradación real intervienen muchos otros factores. La temperatura, los hábitos de carga, la química de la batería, el peso del vehículo, el tipo de trayectos, la orografía, el tráfico y el sistema de gestión térmica pueden modificar de forma significativa el resultado final.

Aun así, el trabajo apunta en una dirección bastante clara: pedir de forma repetida grandes cantidades de corriente a la batería no parece ser una buena receta para conservarla durante el mayor tiempo posible.

La conclusión tampoco es que los propietarios tengan que renunciar a disfrutar de las prestaciones de su coche eléctrico. Una aceleración fuerte de vez en cuando forma parte de la experiencia de conducción y los propios fabricantes diseñan sus sistemas para soportar esas demandas. La diferencia está en convertirlo en una costumbre constante.

Acelerar con algo más de suavidad, evitar las salidas a fondo innecesarias y no encadenar continuamente fuertes aceleraciones y frenadas puede ayudar a reducir el estrés al que se somete la batería. La forma de conducir puede ser, por tanto, otro elemento a tener en cuenta junto a la forma de cargar el coche y las condiciones de temperatura.

En definitiva, la investigación introduce un elemento interesante en el debate sobre la degradación de las baterías. Hasta ahora se ha hablado mucho de las cargas rápidas, de mantener durante demasiado tiempo un nivel de carga elevado o de las temperaturas extremas. Este trabajo recuerda que lo que ocurre cada vez que se pisa el acelerador también puede tener consecuencias a largo plazo.

Este artículo trata sobre...

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