
La estrategia de Renault empieza a generar conflictos entre sus propios coches
Renault está amplía su gama con fuerza, pero la convivencia entre modelos empieza a generar dudas entre los clientes; diferencias de precio, equipamiento y enfoque hacen que elegir no sea tan sencillo con el evidente riesgo de canibalización interna.

Renault está metida de lleno en una ofensiva de nuevos lanzamientos, especialmente en el terreno de los coches eléctricos y los SUV. A priori, esto debería ser una buena noticia: más variedad, más opciones y mayor capacidad para adaptarse a lo que pide el mercado. Pero cuando uno se pone a mirar con calma la gama actual del fabricante francés, surge una duda bastante razonable: ¿no hay demasiados modelos que se pisan entre sí?
Porque más allá de los clásicos flechazos —especialmente con los modelos de estética retro— lo cierto es que elegir dentro del catálogo de Renault empieza a ser más complicado de lo que debería. Entre el Renault Twingo y el Renault 5, el Renault Mégane y el Renault 4, o incluso el Renault Symbioz y el Renault Austral, hay solapamientos que pueden generar más dudas que certezas en el cliente.
Y eso, en un mercado donde cada vez hay más competencia, no siempre juega a favor.

Uno de los ejemplos más claros lo encontramos en la parte baja de la gama eléctrica. El Renault 5 llegó con mucha fuerza, con un diseño que ha conquistado a muchos, pero su versión de acceso, el Renault 5 Five, plantea algunas dudas importantes. Sobre todo si lo ponemos frente a frente con el Renault Twingo.
La diferencia de precio ronda los 4.000 euros, una cifra nada despreciable si tenemos en cuenta el segmento en el que se mueven ambos modelos. Pero más allá del coste, lo que realmente llama la atención es el enfoque. El Renault Twingo, en su versión más equipada, sí cuenta con carga rápida en corriente continua de hasta 50 kW, algo que el Renault 5 Five directamente no ofrece.
Esto, aunque no sea determinante para todos los usuarios —al fin y al cabo hablamos de coches urbanos—, sí puede marcar la diferencia para quien quiera salir ocasionalmente a carretera. A eso hay que sumarle que el Renault Twingo ofrece una mayor modularidad interior y unas plazas traseras más aprovechables.

En este contexto, no es difícil imaginar a clientes haciéndose la misma pregunta: ¿merece la pena pagar más por el Renault 5 si es menos práctico y tiene limitaciones claras en carga? La respuesta no es tan evidente como podría parecer.
Es cierto que el Renault 5 juega la carta emocional, con una calidad percibida superior y un diseño mucho más atractivo para muchos. Pero cuando entran en juego factores racionales como el espacio o la funcionalidad, el Renault Twingo tiene argumentos de peso.
Y ojo, porque el panorama puede complicarse aún más con la llegada de nuevos rivales como el Volkswagen ID.2 o propuestas muy competitivas como el MG4 en su versión más accesible. No sería raro ver a Renault reaccionar en el futuro con una actualización del Renault 5 que incluya de serie la carga en corriente continua en todas las versiones, además de posibles cambios en la batería para ajustar costes.
SUV y compactos: un equilibrio complicado

Si nos vamos a los SUV y modelos compactos, la situación no es muy diferente. Renault ha ido ampliando su gama hasta cubrir prácticamente todos los huecos posibles, pero en ese proceso ha creado zonas grises donde varios modelos compiten entre sí.
El caso del Renault Symbioz es especialmente interesante. Su llegada sorprendió a muchos, ya que en teoría venía a ocupar un espacio entre el Renault Captur y el Renault Austral que no parecía especialmente vacío. Sin embargo, en la práctica, el Symbioz ha asumido el papel de compacto que antes representaba el Renault Mégane térmico.
El problema es que este movimiento no ha venido acompañado de un crecimiento significativo en las ventas globales de la marca. Es decir, si el Renault Symbioz vende bien, lo más probable es que lo esté haciendo a costa de otros modelos de la casa, como el Renault Austral.
Es el clásico efecto de vasos comunicantes: lo que gana uno, lo pierde otro. Y aunque a nivel interno pueda tener sentido para mantener presencia en todos los segmentos, de cara al cliente puede generar cierta confusión.
Otro frente abierto lo encontramos entre el Renault Mégane eléctrico y el Renault 4. Aquí no hablamos de modelos idénticos ni mucho menos, pero sí de una cercanía peligrosa en términos de posicionamiento.

El Renault 4 apunta a un público que busca un coche más asequible y con estética aventurera, mientras que el Renault Mégane ofrece un enfoque más tecnológico y, sobre todo, una autonomía superior. Pero la diferencia podría reducirse en el futuro.
Con el restyling del Renault Mégane a la vuelta de la esquina, todo apunta a la llegada de mejoras importantes, posiblemente incluyendo una nueva batería. Y aquí Renault tendrá que afinar muy bien la estrategia, porque el Mégane tendrá que situarse entre el Renault 4 y el Renault Scénic sin invadir demasiado el terreno de ninguno.
No es una tarea sencilla. Demasiada cercanía entre modelos puede diluir la identidad de cada uno y complicar la decisión de compra. Pero al mismo tiempo, reducir la gama podría dejar huecos que la competencia no tardaría en aprovechar.
En definitiva, Renault se enfrenta a un equilibrio delicado. Tener una gama amplia es una ventaja, pero solo si cada modelo tiene claro su sitio. De lo contrario, el riesgo de canibalización interna deja de ser una teoría para convertirse en una realidad bastante tangible.


