
Sin grafito no hay baterías: la crisis que nadie vio venir
Mientras que las miradas siguen puesto en el litio, el grafito se ha convertido en un elemento crítico para la industria del coche eléctrico. Su cadena de suministro está altamente concentrada y genera una dependencia estratégica difícil de resolver a corto plazo. Diversificar fuentes será clave para evitar un cuello de botella en los próximos años.

A finales de 2023 el mercado energético se llevó un buen susto. China, responsable de refinar más del 90% del grafito mundial hasta convertirlo en material apto para baterías, anunció controles a la exportación. Mientras medio mundo miraba obsesionado al litio, por debajo se estaba gestando una crisis mucho más silenciosa… y potencialmente más peligrosa.
Occidente ha invertido cientos de miles de millones de euros en coches eléctricos y en gigafábricas de baterías. Sin embargo, sigue dependiendo casi por completo de un solo país para un material sin el cual ninguna batería de litio puede funcionar: el grafito.
Siempre a la sombra de materiales más mediáticos como el litio o el níquel, el grafito es el auténtico currante de la industria de las baterías. El 95% del material del ánodo de las baterías actuales es grafito y, por peso, una celda puede contener hasta diez veces más grafito que litio. Sin él, sencillamente, no hay batería.
Y ojo, porque las baterías son solo una parte de la historia. Alrededor del 40% del consumo mundial de grafito se va a la siderurgia. También se usa en crisoles de alta temperatura, lubricantes secos, escobillas conductoras para motores eléctricos, toberas de cohetes, escudos térmicos y, cómo no, en los lápices de toda la vida. Del acero de la era industrial a las baterías de la era eléctrica, el grafito siempre ha estado ahí.
Un problema geopolítico de primer nivel

La cadena de suministro del grafito está mucho más concentrada que la del litio, y eso supone una vulnerabilidad estratégica que ahora empieza a preocupar de verdad.
Hoy por hoy, China controla casi todos los eslabones clave: – Más del 70% de la minería mundial de grafito natural – Cerca del 95% de la producción de grafito sintético – Más del 90% del procesado de ánodos para baterías
Este dominio le da a Pekín una palanca geopolítica enorme. En 2023 llegaron los primeros permisos obligatorios para exportar grafito. En octubre de 2025, la cosa fue más allá con nuevas medidas que no solo afectaban al material, sino también a hornos, maquinaria y conocimiento técnico necesarios para fabricar ánodos de alto rendimiento.
Aunque estas restricciones se suspendieron temporalmente en diciembre de 2025, la moratoria expira en noviembre de 2026. Traducido: a Occidente le queda menos de un año para crear capacidad propia antes de volver a enfrentarse a un cuello de botella serio.
La pregunta incómoda es evidente: ¿y si la transición energética no está limitada por el litio, sino por el mismo material que llevas ahora mismo en un lápiz?
Por qué el grafito es imprescindible

El grafito es una forma cristalina natural del carbono. Sus átomos se organizan en láminas hexagonales apiladas, con enlaces muy fuertes dentro de cada capa y uniones débiles entre ellas. Esta estructura explica sus propiedades aparentemente contradictorias: es blando y deslizante, pero a la vez conductor, estable químicamente y resistente a temperaturas extremas.
En una batería de ion-litio, el grafito actúa como material anfitrión. Durante la carga, los iones de litio se introducen entre sus capas. Otros materiales pueden hacerlo, pero ninguno lo hace tan bien ni de forma tan equilibrada.
Sus ventajas son claras: – Estabilidad estructural: solo se expande alrededor de un 10% durante la carga, lo que permite miles de ciclos sin degradación grave. – Alta capacidad: alcanza una composición LiC6, con una capacidad teórica de 372 mAh/g, de la que las baterías comerciales ya aprovechan hasta el 98%. – Excelente conductividad eléctrica, clave para aceleraciones fuertes y carga rápida en coches eléctricos. – Bajo potencial electroquímico, muy cercano al del litio metálico, lo que maximiza la densidad energética. – Interfaz estable con el electrolito, mejorando la seguridad y la vida útil.
Todo esto, unido a su coste relativamente bajo, hace que sustituir al grafito sea mucho más difícil de lo que parece sobre el papel.

Convertir grafito en material apto para baterías no es nada trivial. Ya sea grafito natural o sintético, el proceso incluye pasos críticos: – Purificación hasta superar el 99,9% de carbono. – Esferonización, para transformar las escamas en partículas redondeadas y uniformes. – Grafitización a más de 2.800 grados, alineando los átomos en capas perfectas. – Recubrimientos de carbono para estabilizar el contacto con el electrolito.
Precisamente en estos procesos es donde China ha concentrado su ventaja industrial, y donde ahora pone el foco de sus controles a la exportación.
Intentos de reequilibrar la balanza

Impulsados por leyes como la Inflation Reduction Act en Estados Unidos o la normativa europea de materias primas críticas, se está intentando levantar una cadena de suministro paralela, desde la mina hasta el ánodo. En Norteamérica se apuesta por la integración vertical. Solo Estados Unidos está invirtiendo más de 10.000 millones de euros en proyectos de grafito.
Fuera de China, África y Australia se han convertido en los principales proveedores alternativos de grafito natural de alta calidad, mientras Europa apuesta por procesos más limpios y energías renovables.
El problema es que la economía no acompaña. La sobrecapacidad china ha hundido precios, con caídas del 10% al 20% en 2025, y muchos proyectos occidentales dependen de ayudas públicas y contratos a largo plazo. Además, homologar un nuevo suministro de grafito para baterías puede llevar entre tres y cinco años.
La demanda, eso sí, no afloja. Se espera un crecimiento anual cercano al 18%, lo que podría generar déficit antes de 2030 si no entra nueva capacidad en el mercado.
¿Hay alternativas? Sí, pero con matices. El silicio ofrece mucha más capacidad, pero se expande hasta un 400%, rompiendo el ánodo. Por eso hoy solo se usa en pequeñas proporciones mezclado con grafito. El litio metálico y las baterías de estado sólido siguen siendo promesas para más allá de 2030.
La realidad es tozuda: no hay un botón mágico que permita prescindir del grafito a corto plazo. En 2026, la transición al coche eléctrico sigue dependiendo de él. Occidente tiene el conocimiento y la voluntad, pero le falta algo crucial: tiempo. La independencia total de China no llegará pronto, y la única salida realista pasa por diversificar y asumir que el grafito será un factor crítico durante muchos años más.


