
Más de 1.000 millones de euros al día: lo que le cuesta a Europa importar petróleo
La escalada militar en Oriente Medio ha vuelto a sacudir el mercado del petróleo. El oro negro ya supera los 100 dólares por barril y Europa se enfrenta de nuevo al coste de su irresponsable dependencia energética; una situación que tiene un impacto directo en la economía y en el bolsillo de los ciudadanos mientras miramos de reojo alternativas que nos permitirían ser más libres y ahorrar cientos de miles de millones de euros cada año.

La dependencia energética de Europa vuelve, otra vez, a pasarnos factura. La reciente escalada militar en Irán, que se ha extendido a toda la región, ha provocado un fuerte impacto en los mercados energéticos, con el precio del petróleo disparándose por encima de los 100 dólares por barril. Una situación que, como ya ocurrió hace apenas unos años con la agresión de Rusia a Ucrania, comienza a trasladarse directamente al bolsillo de los ciudadanos europeos en forma de combustible más caro y mayor presión sobre toda la economía.
Y es que la respuesta de Irán al ataque ha sido responder contra intereses estratégicos de sus vecinos. Y su principal industria es la gasista y petrolera, por lo que son objetivos habituales de los ataques del estado persa.
El resultado ha sido que varias instalaciones de producción y refinado de petróleo fueron atacadas, mientras que el tráfico marítimo en el estrecho de Ormuz prácticamente se detuvo. Este paso marítimo es uno de los puntos estratégicos más importantes del comercio energético mundial, ya que por él transita una parte enorme del petróleo que sale de Oriente Medio hacia Europa y Asia.

Una industria que ha reaccionado con fuertes subidas y con consecuencias imprevisibles. El estrecho de Ormuz conecta a los principales productores de la región con mercados clave como Europa, China, India o Japón. Cuando el flujo de crudo se interrumpe, aunque sea temporalmente, los mercados reaccionan con rapidez ante el temor de una escasez de suministro subiendo el petróleo independientemente de donde venga.
Ese nerviosismo se reflejó rápidamente en los precios. El 9 de marzo y nuevamente el 12 de marzo, el barril de Brent superó la barrera psicológica de los 100 dólares, estando hoy en los 104 dólares. Una cifra que despierta recuerdos muy recientes en Europa, ya que la última vez que el petróleo se movió en esos niveles fue en 2022, en plena crisis energética derivada de la invasión rusa de Ucrania.
La enorme factura anual para Europa

Según un informe de la asociación Transport & Environment, no es solo una cuestión de soberanía energética, y es que Europa está de rodillas frente a los estados y los cárteles que producen y controlan los precios del petróleo. Un arma política que ha protegido a las dictaduras de las críticas de la UE de las violaciones de los derechos humanos. Esa es una parte muy vergonzosa pero pequeña para nosotros. Lo gordo está en todo lo que "quemamos" cada año en el coste de importar petróleo.
En 2023, la Unión Europea gastó 427.000 millones de euros en importaciones de energía, lo que equivale a más de 1.000 millones de euros al día destinados a comprar recursos energéticos en el exterior.
Cuando el petróleo superó por última vez los 100 dólares por barril en 2022, la factura energética europea fue todavía mayor. Ese año, el coste de las importaciones energéticas ascendió a 604.000 millones de euros, lo que supuso aproximadamente 500 millones de euros más al día respecto a ejercicios con precios más contenidos. Todo supeditado a lo que cuatro locos puedan decidir de si invadir países, cerrar estrechos y demás maniobras ante las que nada podemos hacer desde aquí.
Este tipo de situaciones pone de manifiesto lo que muchos analistas denominan el “sobreprecio geopolítico” del petróleo. Es decir, el coste adicional que pagan las economías dependientes de combustibles fósiles importados cada vez que estalla una crisis internacional en las regiones productoras.

Europa es especialmente vulnerable a este fenómeno. A diferencia de otras grandes potencias energéticas, la Unión Europea importa una gran parte del petróleo que consume. Esto significa que cualquier tensión internacional que afecte al suministro tiene una repercusión directa en sus costes energéticos.
Las consecuencias no se limitan a los grandes indicadores macroeconómicos. También se dejan sentir en el día a día de los ciudadanos. Un análisis realizado por la organización Transport & Environment sobre la crisis energética de 2022 estimó que los conductores europeos pagaron 55.000 millones de euros adicionales en combustible debido al encarecimiento del petróleo.
En otras palabras, cada subida del barril acaba reflejándose en el surtidor. Y cuando los precios del combustible suben, lo hacen también los costes de transporte, la logística y, en última instancia, el precio de muchos productos de consumo.
La actual crisis podría repetir ese patrón. Si el petróleo se mantiene durante un tiempo prolongado por encima de los 100 dólares, el impacto en la economía europea será difícil de evitar. El transporte por carretera, que sigue dependiendo en gran medida de los combustibles fósiles, sería uno de los sectores más afectados.
Mientras tanto, quienes sí suelen beneficiarse de estas situaciones son las grandes petroleras. Durante la anterior crisis energética, en 2022, las cinco mayores compañías petroleras del mundo registraron beneficios históricos.
En conjunto, Chevron, ExxonMobil, BP, Shell y TotalEnergies llegaron a acumular casi 200.000 millones de dólares en beneficios en aquel año marcado por la subida del petróleo y del gas. Un resultado que generó un intenso debate en Europa sobre la conveniencia de aplicar impuestos extraordinarios a las ganancias del sector energético.
Este contraste entre el aumento de los costes para consumidores y empresas y los beneficios récord de las petroleras vuelve ahora al centro del debate político. Muchos expertos señalan que cada nueva crisis energética pone de manifiesto el mismo problema estructural: la dependencia europea del petróleo importado del que depende prácticamente todo en Europa. Desde la producción de electricidad en muchos países, con el gas, hasta la producción de combustibles que mueven el grueso de nuestras mercancías.
Todo teniendo una alternativa que nos permitiría no sustituir al 100% el petróleo, algo muy complejo y que tiene que ser tratado a muy largo plazo, pero si poder reducirlo a la mínima expresión para poder jugar con reservas estratégicas y compras a estados "fiables".


