
Una nueva batería china promete duplicar la autonomía y resistir frío extremo
Un equipo de investigadores chinos ha desarrollado un nuevo electrolito capaz de mejorar de forma radical el rendimiento de las baterías de litio. La tecnología podría duplicar la autonomía de los coches eléctricos y mantener su funcionamiento incluso en condiciones de frío extremo.

El avance llega en un momento clave para la industria, donde uno de los principales retos sigue siendo mejorar la densidad energética y el comportamiento de las baterías en climas adversos. Las pruebas realizadas apuntan a una mejora significativa en ambos aspectos.
Según los investigadores, el nuevo electrolito basado en compuestos fluorados permite superar algunas de las limitaciones de las baterías actuales, abriendo la puerta a vehículos eléctricos más eficientes y versátiles en cualquier entorno.
Un electrolito que multiplica la densidad energética de las baterías

El estudio, publicado recientemente en la revista Nature, detalla cómo este nuevo electrolito permite aumentar la capacidad de almacenamiento entre dos y tres veces respecto a las baterías convencionales, manteniendo el mismo peso.
Este salto tendría un impacto directo en la autonomía de los coches eléctricos. Según las estimaciones, podría pasarse de rangos actuales de unos 500-600 kilómetros a cifras cercanas a los 1.000 kilómetros con una sola carga, acercando el uso del coche eléctrico al de los modelos de combustión en viajes largos.
El nuevo electrolito multiplica la capacidad de almacenamiento frente a baterías actuales. Además del aumento de autonomía, esta mejora también tendría efectos en otros sectores como el almacenamiento energético o dispositivos electrónicos, donde la eficiencia y el tamaño son factores clave.
Funcionamiento estable incluso a temperaturas de hasta -70 ºC

Uno de los puntos más llamativos de este desarrollo es su comportamiento en condiciones extremas. Las baterías equipadas con este electrolito han demostrado funcionar de forma estable a temperaturas de hasta 70 grados bajo cero, muy por debajo de lo que soportan las tecnologías actuales.
Este aspecto es especialmente relevante en mercados con climas fríos, donde las baterías pierden rendimiento de forma notable. También abre la puerta a aplicaciones en sectores como la aviación, el espacio o los drones, donde las condiciones ambientales son más exigentes.
La clave está en la composición del electrolito, que reduce la viscosidad y mejora el movimiento de los iones, permitiendo mantener la eficiencia incluso en situaciones de estrés térmico. Sin embargo, los investigadores reconocen que todavía queda trabajo por hacer, especialmente en la mejora de su estabilidad a altas temperaturas.
El resultado es una tecnología con un enorme potencial, pero que aún necesita evolucionar antes de llegar al mercado, en una carrera donde cada avance acerca un poco más al coche eléctrico a superar definitivamente a las alternativas tradicionales.
Fuente | scmp


