Canadá abre la puerta a los coches eléctricos chinos y Estados Unidos amenaza: “Se arrepentirán”

Canadá ha firmado un acuerdo con China que permitirá la entrada de coches eléctricos chinos en su mercado con bajos aranceles. La decisión ha provocado un fuerte malestar en la administración Trump, pese a su impacto reducido. El movimiento marca un cambio de estrategia frente a la línea dura de Estados Unidos.

Canadá abre la puerta a los coches eléctricos chinos y Estados Unidos amenaza: “Se arrepentirán”
Donald Trump

Publicado: 21/01/2026 09:30

6 min. lectura

Durante los últimos años, Canadá había seguido casi al milímetro la línea dura de Estados Unidos frente a los coches eléctricos procedentes de China. Aranceles elevados, el 100%, mensajes de protección industrial y un discurso muy alineado con Washington. Sin embargo, algo ha cambiado. Debido a la retórica de la administración Trump, Ottawa ha decidido rebajar el tono y firmar un acuerdo con Pekín que permitirá la entrada limitada de coches eléctricos chinos en su mercado. Y como era de esperar, al otro lado de la frontera no ha sentado nada bien.

Mientras en Europa los fabricantes chinos siguen ganando terreno —con casos tan llamativos como el MG ZS, que logró colarse en el top 20 de ventas del continente en 2025 gracias a sus versiones térmicas e híbridas—, en Estados Unidos la política es mucho más inflexible. Allí, prácticamente toda la producción de automóviles procedente del gigante asiático está vetada. Por eso, cualquier movimiento del vecino canadiense se mira con lupa… y con bastante desconfianza.

El viaje del primer ministro canadiense, Mark Carney, a Pekín a comienzos de la semana pasada no pasó desapercibido. En su agenda figuraban reuniones con Xi Jinping, con el primer ministro chino Li Qiang y con Zhao Leji, presidente del Comité Permanente de la Asamblea Nacional Popular. El resultado de esos encuentros ha sido un acuerdo comercial que rompe, al menos en parte, con la estrategia común norteamericana frente a China.

Qué incluye el acuerdo entre Canadá y China

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Hasta ahora, Canadá aplicaba desde 2024 un arancel del 100% a los coches eléctricos fabricados en China, una medida calcada de la estadounidense. Con el nuevo acuerdo, esa tasa se reduce de forma drástica hasta el 6%, un giro de guion importante. Además, se permitirá la importación de hasta 49.000 coches eléctricos al año, siempre bajo la etiqueta de “cero emisiones”.

Hay más detalles relevantes. El pacto establece que el 50% de esos coches podrá tener un precio inferior a 35.000 dólares, lo que abre la puerta a modelos claramente más asequibles que la media actual del mercado canadiense. Marcas como Xpeng, entre otras firmas chinas con ambiciones internacionales, podrían ser algunas de las grandes beneficiadas.

El objetivo de Canadá es claro: diversificar su oferta y atraer a un tipo de comprador que, hasta ahora, se ha mostrado bastante reacio al coche eléctrico. No es casualidad que el mercado canadiense esté dominado por grandes pick-up, con la familia Ford F-Series como líder indiscutible de ventas, igual que ocurre en Estados Unidos desde hace décadas.

A cambio, China se ha comprometido a eliminar los aranceles sobre productos clave para la economía canadiense, como harina de canola, los bogavantes, los cangrejos y los guisantes. Además, reducirá progresivamente los aranceles sobre las semillas de canola hasta dejarlos en el 15% en marzo de 2026. Sectores estratégicos para Canadá, que no ha dudado en celebrar públicamente el acuerdo.

El enfado de la administración Trump

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Aunque esos 49.000 coches eléctricos no llegarían ni al 3% de un mercado que matriculó más de 1.900.000 coches nuevos en 2025 —frente a los aproximadamente 1.600.000 de Francia—, en Washington han reaccionado con dureza. Desde su regreso a la Casa Blanca, Donald Trump ha reforzado su discurso proteccionista y cualquier concesión a China se percibe como una amenaza directa.

El secretario de Transportes estadounidense, Sean Duffy, fue especialmente contundente durante un acto celebrado en una planta de Ford en Ohio: “Se acordarán de esta decisión y se arrepentirán de haber importado coches chinos a su mercado”, afirmó sin rodeos.

No todos en la administración Trump han utilizado el mismo tono. El representante de Comercio, Jamieson Greer, se mostró algo más pragmático. Según él, el impacto para los fabricantes estadounidenses será limitado, ya que esos coches “van a Canadá, no a Estados Unidos”. Greer considera que las medidas adoptadas por Trump, empezando por los aranceles, siguen siendo suficientes para proteger tanto a la industria como a los trabajadores del sector.

Además, recordó otro obstáculo importante para los fabricantes chinos: las normas técnicas y de seguridad. En Estados Unidos existen regulaciones muy estrictas, especialmente en materia de ciberseguridad de los vehículos y de los sistemas que los componen, muchas de ellas ya en vigor durante la presidencia de Joe Biden. “Puede ser complicado que los fabricantes chinos cumplan con este tipo de requisitos”, concluyó.

Una postura que contrasta claramente con la que se empieza a debatir en la Unión Europea, donde se estudia reducir o incluso eliminar los aranceles a los coches eléctricos chinos para sustituirlos por un sistema de precios mínimos, una fórmula que podría cambiar de nuevo el tablero del mercado global.

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