
Fábricas de coches eléctricos, baterías y componentes: el coladero por donde China entrará en Europa sin aranceles
Mientras la UE mira fijamente las fábricas de coches eléctricos en China como principal objetivo de sus barreras comerciales, el gigante asiático está desplegando una potente base industrial en Marruecos con miles de millones en inversiones relacionadas con la automoción. Una plataforma que les permitirá acceder al mercado europeo en situación ventajosa para preocupación de la industria del Viajo Continente.

A las afueras de Tánger, donde hasta hace poco predominaban los campos agrícolas y el pastoreo, está tomando forma uno de los proyectos industriales más ambiciosos vinculados a la industria automovilística china fuera de sus fronteras. Sobre una superficie de 500 hectáreas crece a gran velocidad la Mohammed VI Tanger Tech City, una enorme zona industrial que aspira a convertirse en una pieza clave para el suministro de componentes destinados a los fabricantes europeos.
La iniciativa está atrayendo a numerosas empresas chinas relacionadas con la automoción, desde fabricantes de frenos hasta especialistas en materiales para baterías. Sin embargo, mientras Marruecos celebra la llegada de inversiones multimillonarias y miles de empleos, en Bruselas aumenta la preocupación por el papel que podría desempeñar el país norteafricano como puerta de entrada de productos chinos hacia el mercado comunitario.
La inquietud no es menor. La Unión Europea considera que parte de la estrategia de Pekín para aliviar el exceso de capacidad industrial de su economía pasa por trasladar producción a terceros países con acuerdos comerciales favorables. En este contexto, Marruecos se ha convertido en uno de los destinos preferidos gracias a su cercanía geográfica con Europa, sus costes competitivos y una amplia red de tratados de libre comercio.
La Comisión Europea ya ha mostrado su preocupación por esta situación. De hecho, el comisario europeo de Comercio, Maroš Šefčovič, ha advertido de que el fenómeno se está convirtiendo en un asunto cada vez más relevante para la economía europea, especialmente en sectores estratégicos como la automoción y las tecnologías vinculadas a los coches eléctricos.
Una avalancha de inversiones chinas que inquieta a Bruselas

Las tensiones comerciales entre Europa y China han aumentado de forma significativa durante los últimos años. La Unión Europea ha impuesto aranceles de hasta el 45% a determinados coches eléctricos fabricados en China, argumentando que las ayudas públicas recibidas por los fabricantes generan una competencia desleal.
En este escenario, Marruecos aparece como una alternativa especialmente atractiva para las empresas chinas. El país ofrece exenciones fiscales durante los primeros cinco años de actividad, acceso a energía renovable, menores controles ambientales, una mano de obra joven y competitiva y, sobre todo, acceso preferencial a mercados que suman alrededor de 2.500 millones de consumidores gracias a una red de unos 50 acuerdos comerciales, incluidos los firmados con la Unión Europea y Estados Unidos.
Esta combinación ha provocado una auténtica avalancha de inversiones. Según diversos análisis, desde la pandemia se han anunciado proyectos chinos en Marruecos por valor de unos 6.000 millones de dólares. Las delegaciones empresariales procedentes de China llegan con una frecuencia de dos o tres visitas semanales para explorar nuevas oportunidades de negocio.

Entre los proyectos más destacados figura la futura Gigafábrica de Gotion High-Tech en Kenitra, valorada en 1.300 millones de dólares. La compañía, participada en un 25% por Volkswagen, pretende convertir esta instalación en uno de los grandes centros de producción de baterías para abastecer a la industria automovilística regional.
También destaca la presencia de BTR New Material Group, considerado el mayor proveedor mundial de ánodos para baterías, que ya construye sus instalaciones en la zona de Tánger. A ello se suman fabricantes de neumáticos, sistemas de frenado y otros componentes esenciales para la producción de vehículos.
Las empresas chinas defienden que estas inversiones no son una simple vía para esquivar los aranceles europeos. Argumentan que las fábricas combinan tecnología y suministros procedentes de China con trabajadores, materiales y proveedores marroquíes, generando valor añadido local y fortaleciendo la cadena de suministro regional.
La situación, sin embargo, resulta mucho más compleja para Bruselas. Diferenciar entre una inversión industrial legítima y una posible estrategia para evitar barreras comerciales no siempre resulta sencillo. El precedente más reciente fue el caso de unas llantas de aluminio exportadas desde Marruecos que la Comisión Europea consideró beneficiadas por subvenciones tanto marroquíes como chinas.
Marruecos quiere fabricar 500.000 coches eléctricos al año

Las autoridades marroquíes rechazan de plano la idea de que el país vaya a convertirse en una simple puerta trasera para las exportaciones chinas. Su objetivo es mucho más ambicioso: desarrollar una cadena de valor completa relacionada con la movilidad eléctrica.
El ministro de Comercio marroquí, Ryad Mezzour, aseguró recientemente que el país espera disponer de una cadena industrial plenamente integrada capaz de abastecer la producción de hasta 500.000 coches eléctricos al año antes de finalizar 2026.
La presencia de fabricantes consolidados como Renault y Stellantis, que ya cuentan con importantes instalaciones industriales en el país, refuerza esa estrategia. Marruecos no parte de cero y dispone de una industria automovilística consolidada que ha ido creciendo durante las últimas dos décadas.
Además, el país cuenta con otro factor especialmente atractivo para China: sus enormes reservas de fosfatos, una materia prima fundamental para la fabricación de baterías. Algunos analistas consideran que Pekín podría llegar a controlar una parte muy significativa de toda la cadena de suministro, desde el procesamiento de materias primas hasta la fabricación de baterías y componentes, pasando por la logística y las infraestructuras portuarias.
Precisamente ese escenario es el que más preocupa a Europa. La dependencia industrial respecto a China ya es una cuestión sensible en numerosos sectores y muchos responsables políticos temen que la situación se reproduzca en el norte de África bajo una nueva fórmula.
La importancia económica de la relación entre Marruecos y la Unión Europea obliga además a mantener un delicado equilibrio. Europa sigue siendo el principal socio comercial del país magrebí y absorbe aproximadamente un tercio de sus exportaciones, valoradas en más de 26.000 millones de euros durante 2025. Más de la mitad de esa cifra corresponde precisamente a maquinaria y transporte.
Por ello, una de las grandes incógnitas será la futura legislación industrial europea. Bruselas estudia medidas destinadas a reforzar la producción local y limitar determinadas compras públicas a productos con contenido europeo. La gran pregunta es si Marruecos podrá ser considerado un socio industrial equiparable a Europa o si, por el contrario, quedará fuera de ese paraguas de protección.
Mientras el debate continúa en los despachos europeos, las obras siguen avanzando en Tánger a gran velocidad. Y aunque la presencia china en la vida cotidiana todavía es limitada, cada vez son más los trabajadores, empresarios y proveedores que ven en esta nueva ola de inversiones una oportunidad económica difícil de ignorar.
Para Bruselas, en cambio, el reto consiste en encontrar el equilibrio entre aprovechar la cercanía industrial de Marruecos y evitar que el país se convierta en el gran puente de entrada de productos chinos hacia el mercado europeo.


