
Dacia acaba de llevar el ahorro demasiado lejos: el nuevo Spring más barato ni siquiera tiene pantalla
El Dacia Spring vuelve a apostar por una receta muy sencilla para contener su precio y mantener su posición como uno de los coches eléctricos más baratos. Pero para muchos Dacia ha ido demasiado lejos eliminando un elemento básico, la pantalla central. Una decisión controvertida en una era donde los coches urbanos vienen cada vez más equipados.

El Dacia Spring lleva años defendiendo una receta muy sencilla: ofrecer un coche eléctrico pequeño, ligero y barato, eliminando todo aquello que no sea estrictamente necesario. Un coche sin mucha personalidad pensado para ir del punto A al punto B, y nada más. Precisamente por eso resulta curioso ver hasta dónde puede llegar la marca con la versión más básica del modelo. Porque si el Spring ya era uno de los coches eléctricos más sencillos del mercado, su versión más básica lleva el concepto un paso más allá, especialmente en el interior.
Todavía no conocemos todos los detalles de su comercialización en España, pero en Francia el nuevo Spring parte de 17.900 euros antes de ayudas en su acabado Expression, mientras que el Journey sube hasta los 19.400 euros. La clave está en que por ese dinero estamos hablando de un coche eléctrico que prescinde incluso de uno de los elementos que hoy parece imprescindible en cualquier automóvil: la pantalla central.
El resultado es un Spring que encaja perfectamente con la filosofía histórica de Dacia. Menos equipamiento, menos peso y menos coste. El problema es que el mercado ha cambiado mucho desde que apareció el primer Spring y ahora existen rivales que, sin alejarse demasiado de su precio, ofrecen una experiencia a bordo bastante más sofisticada.
El Spring más sencillo se queda casi sin pantalla

La versión básica del Dacia Spring apuesta por una presentación exterior muy sencilla. El color blanco es el que viene de serie, mientras que otras tonalidades obligan a pagar un suplemento. También encontramos unas llantas de acero de 15 pulgadas con tapacubos que intentan imitar el aspecto de unas llantas de aleación, una solución muy típica de los modelos económicos de Dacia.
En el habitáculo tampoco hay demasiadas concesiones. Los asientos están tapizados en un tejido negro sencillo y el salpicadero incorpora algunos detalles de color para evitar que el conjunto resulte demasiado austero. Pero la gran diferencia respecto a las imágenes de las versiones más equipadas aparece justo delante del conductor: desaparece la pantalla central de 10,1 pulgadas.
En su lugar hay un soporte en el que colocar el teléfono móvil. El smartphone pasa así a ocupar el papel que en muchos coches desempeña el sistema multimedia. Desde los mandos del volante se pueden controlar algunas funciones y la información correspondiente aparece también en el cuadro de instrumentos. El sistema sigue incluyendo radio y altavoces, por lo que no estamos ante un coche que dependa exclusivamente del teléfono para reproducir sonido.
Sobre el papel, la solución tiene bastante sentido. ¿Para qué pagar por una pantalla si el propietario ya tiene un teléfono que puede hacer buena parte del trabajo? El problema es que la sencillez del Spring empieza a contrastar demasiado con lo que ofrecen sus rivales.
Y aquí aparece una comparación especialmente incómoda para Dacia: el Renault Twingo E-Tech eléctrico. El nuevo modelo de Renault ofrece una batería de 27,5 kWh y hasta 263 kilómetros de autonomía WLTP, junto con una pantalla y un sistema multimedia mucho más avanzado. En España parte actualmente de 17.463 euros antes de descontar los 4.050 euros del Plan Auto+.

Es decir, el Twingo está jugando en una liga muy próxima al Spring en precio, pero con una presentación interior mucho más cuidada y un planteamiento claramente más moderno. Y eso hace que la pregunta ya no sea únicamente cuánto cuesta fabricar un coche eléctrico barato, sino cuánto equipamiento estamos dispuestos a sacrificar para conseguirlo.
Además, hay otro detalle que resulta especialmente llamativo. El pequeño compartimento delantero de 18 litros no viene de serie, sino que se ofrece como opción. En un coche concebido precisamente para maximizar la sencillez y aprovechar cada euro, cobrar aparte por un espacio de almacenamiento tan básico resulta difícil de entender desde el punto de vista del cliente.
Algo parecido ocurre con la recarga. En Francia, el cargador rápido forma parte de un paquete opcional de 500 euros que solo aparece asociado al acabado Journey. Con él, el Spring puede realizar cargas en corriente alterna a 11 kW y en corriente continua a hasta 50 kW. Sin esta opción, la potencia de carga en corriente alterna se queda en 6,6 kW.
Para un coche urbano que probablemente pase buena parte de su vida cargando en casa, los 6,6 kW pueden ser suficientes. Pero los 11 kW y la posibilidad de utilizar carga rápida de 50 kW cambian bastante la utilidad del Spring cuando deja de ser exclusivamente un segundo coche y se pretende utilizar también para desplazamientos algo más largos.

En España, además, la situación merece analizarse con calma porque los precios y promociones cambian la fotografía. El Spring aparece actualmente en la gama española desde 16.245 euros antes de aplicar los 3.375 euros anunciados del Plan Auto+, aunque la configuración disponible en nuestro mercado no tiene por qué coincidir exactamente con la versión básica mostrada en Francia.
Y aquí es donde entra el verdadero problema del Dacia Spring. Ser barato sigue siendo su principal argumento, pero ya no basta con ser barato. Hace unos años había mucho menos donde elegir. Ahora tenemos coches eléctricos pequeños procedentes de China que ofrecen mejores pantallas, interiores más cuidados, más potencia, mayor capacidad de batería y sistemas de asistencia mucho más completos.
El BYD Dolphin Surf es probablemente el ejemplo más evidente. Con 3,99 metros de longitud, ofrece un habitáculo mucho más trabajado, una pantalla táctil de 10,1 pulgadas, hasta 322 kilómetros de autonomía WLTP, baterías de 30 o 43,2 kWh y carga rápida de hasta 85 kW. Incluso dispone de un maletero de 308 litros, una cifra muy considerable para un coche de este tamaño.
Con las campañas y el Plan Auto+, el Dolphin Surf Active se sitúa actualmente en España en 15.405 euros, mientras que con financiación y otras condiciones comerciales puede anunciarse desde 12.955 euros. Evidentemente, no es una comparación completamente justa, porque las promociones, la financiación y las ayudas tienen sus propias condiciones, pero sirve para entender hasta qué punto ha cambiado el mercado.

El chino ya no es necesariamente el coche barato y rudimentario que intenta competir únicamente por precio. En algunos casos sucede exactamente lo contrario: ofrece más tecnología y una sensación interior más cercana a coches de categorías superiores.
Eso no significa que el Spring haya dejado de tener sentido. Al contrario. Hay un tipo de comprador para el que la propuesta de Dacia sigue siendo muy atractiva: quien quiere un coche eléctrico sencillo, ligero, manejable, barato de mantener y destinado principalmente a ciudad. Para esa persona, una pantalla enorme puede ser más un problema que una ventaja.
Pero también hay que reconocer que el concepto de sencillez tiene un límite. Una cosa es eliminar elementos innecesarios y otra muy diferente empezar a renunciar a equipamiento que los rivales ofrecen prácticamente de serie.
Desde el punto de vista de un comprador español, la pregunta sería todavía más sencilla: ¿merece la pena ahorrar unos miles de euros para llevarse un Spring muy básico cuando por una cantidad similar se puede acceder a un Renault Twingo mucho más moderno o a un BYD Dolphin Surf con un interior claramente superior?
La respuesta dependerá del uso. Para quien busque simplemente el coche eléctrico nuevo más barato posible, el Spring seguirá teniendo mucho sentido. Para quien quiera utilizarlo como único coche y valore el confort, la tecnología y la posibilidad de realizar viajes ocasionales, la ventaja del Dacia se reduce considerablemente.
Y hay una última cuestión que conviene tener en cuenta. Dacia está preparando la producción europea del Spring en la planta de Renault en Novo Mesto, Eslovenia, y la próxima generación compartirá plataforma con el Renault Twingo eléctrico. Esto puede cambiar todavía más las cosas, porque la frontera entre ambos modelos será mucho más pequeña.
La gracia del Spring siempre ha sido que no intenta ser un Renault barato. Es un Dacia que recorta donde puede para ofrecer movilidad eléctrica a un precio bajo. El problema es que los rivales han aprendido a hacer coches baratos sin que parezcan baratos. Y ahí es precisamente donde el Spring empieza a tener un problema.


