
Europa prepara una autopista eléctrica desde Asia Central: el proyecto que quiere llevar energía renovable hasta el corazón de la UE
Durante décadas, Europa construyó su seguridad energética alrededor de grandes corredores de petróleo y gas, pero ese modelo está dando paso a una infraestructura completamente distinta basada en la electricidad renovable a gran escala.

En ese contexto surge el Corredor de Energía Verde (CEGEC), un proyecto que busca conectar Asia Central, el Cáucaso y Europa mediante una red de líneas de alta tensión y cables submarinos capaces de transportar energía limpia a miles de kilómetros de distancia.
La ambición del plan es clara: aprovechar regiones con enorme potencial renovable para alimentar el consumo europeo, reduciendo la dependencia de combustibles fósiles tradicionales y creando una nueva arquitectura energética transcontinental que podría empezar a operar antes de que termine la década.
De exportadores de petróleo a grandes productores de electricidad renovable

Países como Azerbaiyán, Kazajistán o Uzbekistán, históricamente asociados a la exportación de petróleo y gas, están empezando a reposicionarse dentro del nuevo mapa energético global. La caída de costes en tecnologías solares y eólicas está acelerando un cambio estructural en la región, que cuenta con condiciones especialmente favorables para la generación renovable a gran escala.
En este nuevo escenario destacan proyectos como grandes plantas solares y eólicas en Azerbaiyán con varios gigavatios de capacidad prevista, parques eólicos en Uzbekistán que ya alcanzan los 500 MW, desarrollos en Kazajistán que superarán el gigavatio de potencia y la aportación hidroeléctrica de Georgia, configurando un ecosistema energético complementario orientado a la exportación de electricidad hacia Europa.
Un corredor eléctrico entre continentes
La pieza central del proyecto es una infraestructura de transporte eléctrico de alta capacidad que combina tramos terrestres y submarinos. La primera fase incluye un cable de unos 400 kilómetros a través del mar Caspio con capacidad cercana a los 2 GW, conectando Kazajistán con Azerbaiyán. Desde allí, la electricidad continuaría su recorrido hacia Georgia y posteriormente cruzaría el mar Negro mediante un enlace submarino de aproximadamente 1.200 kilómetros hasta Rumanía, con una capacidad estimada de 1,3 GW y respaldo directo de la Unión Europea.
A esta ruta se suma una alternativa terrestre que aprovecharía las interconexiones entre Georgia, Turquía y Bulgaria, ofreciendo mayor flexibilidad al sistema y abriendo la puerta a futuras aplicaciones relacionadas con el hidrógeno verde y otros vectores energéticos.
Más allá de la infraestructura física, el proyecto refleja un cambio profundo en la estrategia energética europea, que busca diversificar suministros, reducir dependencias externas y aumentar la cuota de renovables importadas dentro de su sistema eléctrico. El verdadero reto no es tecnológico, sino político y regulatorio, ya que implica coordinar mercados, normativas y operadores eléctricos entre múltiples países con sistemas energéticos muy distintos.


