Los triciclos eléctricos con paneles solares se convierten en el salvavidas de Cuba ante la escasez de combustible

La crisis energética está transformando la movilidad en Cuba. Los triciclos eléctricos equipados con paneles solares se han convertido en una herramienta imprescindible para miles de ciudadanos; una solución que gana protagonismo mientras escasean el combustible y el transporte público.

Los triciclos eléctricos con paneles solares se convierten en el salvavidas de Cuba ante la escasez de combustible
Foto de Ramon Espinosa

Publicado: 14/07/2026 08:47

8 min. lectura

Las imágenes de los grandes coches clásicos estadounidenses recorriendo las calles de La Habana han sido durante décadas uno de los símbolos más reconocibles de Cuba. Sin embargo, la realidad ha cambiado con rapidez. La profunda crisis energética, y la falta de piezas de recambio, que atraviesa el país ha provocado que aquellos veteranos modelos sean cada vez menos habituales y que su lugar lo ocupen miles de triciclos eléctricos, la mayoría fabricados en China.

Pero la transformación no termina ahí. Muchos propietarios han dado un paso más y han instalado placas solares sobre el techo de sus triciclos para poder recargar la batería sin depender de una red eléctrica que sufre constantes apagones. Una solución tan sencilla como efectiva que les permite seguir trabajando y desplazándose incluso cuando falta el suministro eléctrico.

"Así es como se mueve ahora la gente", explica Liecer de la Cruz, un cubano de 40 años propietario de uno de estos triciclos, convertido ya en una herramienta imprescindible para su día a día.

El precio de estos vehículos oscila entre los 2.000 y los 4.000 euros, una cantidad muy elevada para la economía cubana. Aun así, muchos ciudadanos han vendido sus antiguos coches de gasolina para poder adquirir uno, mientras que otros los han recibido gracias a familiares residentes en el extranjero, donde su coste resulta más asequible. También hay pequeños empresarios que han apostado por esta inversión con la intención de amortizarla mediante su actividad diaria.

Los paneles solares permiten seguir circulando incluso durante los apagones

Los triciclos eléctricos con paneles solares se convierten en el salvavidas de Cuba ante la escasez de combustible

La situación energética de Cuba se ha deteriorado todavía más en los últimos meses. Por culpa del brutal e injustificado bloqueo a sus ciudadanos, las élites siguen viviendo un elevado tren de vida ajenos al resto del país, Cuba apenas produce alrededor del 40% del combustible que necesita y las dificultades para importar petróleo han agravado la escasez. Como consecuencia, los cortes eléctricos son cada vez más frecuentes, el transporte público funciona con muchas limitaciones y la falta de productos básicos continúa afectando a la población.

En este escenario, los triciclos eléctricos se han convertido en un elemento esencial para mantener la movilidad. Se utilizan para transportar mercancías, cubrir recorridos que antes realizaban los autobuses e incluso para la recogida de residuos en algunos barrios de La Habana.

Para muchos ciudadanos representan la única alternativa disponible. Aunque el trayecto suele ser lento y poco cómodo, sigue siendo preferible a recorrer largas distancias caminando bajo el intenso calor.

Berta Ferrer, empleada de una tienda en el centro de La Habana, asegura que utiliza estos vehículos cuatro días a la semana para acudir al trabajo. Cada viaje le cuesta alrededor de 500 pesos cubanos, una cifra considerable en un país donde los salarios mensuales rondan los 10 euros para muchos trabajadores del sector público y unos 40 euros en parte del sector privado.

Los triciclos eléctricos con paneles solares se convierten en el salvavidas de Cuba ante la escasez de combustible

Las marcas chinas Zonsen y Jinpeng dominan buena parte del parque de triciclos eléctricos que circula por la isla. Muchos llegan desde Panamá a través de importadores o familiares residentes en el extranjero. Además, la marca Vedca se ensambla en Cuba gracias a un acuerdo de colaboración con China.

Uno de los cambios más llamativos ha sido la incorporación de paneles solares sobre el techo de estos vehículos. Gracias a esta modificación, los propietarios pueden recargar la batería mientras permanecen estacionados o circulan bajo el sol, reduciendo así su dependencia de la red eléctrica.

Carlos Álvarez, un ingeniero de 29 años especializado en este tipo de adaptaciones, asegura que cada vez recibe más encargos para instalar soportes destinados a paneles solares. Según explica, la inversión ronda los 500 euros, pero se recupera con relativa rapidez porque permite mantener el vehículo operativo durante los frecuentes apagones y evita tener que buscar puntos de recarga cuando no hay suministro.

Otro propietario, Ricardo Quintero, utiliza su triciclo eléctrico para transportar frutas y verduras hasta el puesto que regenta junto a su familia. Para él, la evolución del mercado está clara: "Creo que esto ha llegado para quedarse".

Lo que comenzó como una solución improvisada frente a la escasez de combustible está convirtiéndose en una nueva forma de movilidad para cientos de miles de cubanos. Una combinación de triciclos eléctricos y energía solar que demuestra cómo, incluso en un contexto extremadamente complicado, la necesidad impulsa soluciones prácticas capaces de transformar el transporte cotidiano.

La energía solar que está cambiando Cuba

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La expansión de los triciclos eléctricos alimentados por energía solar no es un fenómeno aislado. En los últimos años, China se ha convertido en el principal socio de Cuba para modernizar su sistema eléctrico, impulsando la construcción de decenas de plantas fotovoltaicas y suministrando equipos para acelerar la transición hacia las energías renovables. El objetivo es reducir la dependencia del petróleo importado y aliviar una red eléctrica cada vez más castigada por las averías y la falta de combustible.

Hasta hace apenas dos años, la fotovoltaica apenas representaba alrededor del 3% de la generación eléctrica del país. Sin embargo, la puesta en marcha de diferentes plantas solares construidas con equipos y financiación chinos ha elevado esa cifra hasta situarla ya por encima del 10%, con algunos periodos en los que la producción solar supera el 20% de la electricidad generada en las horas centrales del día.

El plan es todavía más ambicioso. Ambos países trabajan en la construcción de 92 plantas fotovoltaicas, con una potencia conjunta cercana a los 2.000 MW, que deberían estar operativas antes de 2028. Si se cumplen los plazos previstos, la energía solar pasará de desempeñar un papel casi testimonial a convertirse en uno de los pilares del sistema eléctrico cubano, reduciendo la dependencia del petróleo importado y ayudando a aliviar los continuos apagones que sufre la isla.

Los resultados ya empiezan a notarse. Gracias a la colaboración china, Cuba ha conectado decenas de plantas fotovoltaicas y mantiene un ambicioso plan para seguir ampliando su capacidad de generación durante los próximos años. Además de los grandes proyectos, Pekín también ha suministrado sistemas fotovoltaicos para viviendas aisladas y edificios públicos, una estrategia que complementa iniciativas como la instalación de celdas solares en triciclos eléctricos y pequeños negocios. Todo ello forma parte de una apuesta por aprovechar uno de los recursos más abundantes de la isla: el sol.

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