El gran salto industrial de QuantumScape y sus baterías con electrolito sólido: del laboratorio a la gigafábrica

QuantumScape pone en marcha su primer línea de producción para demostrar que las baterías con electrolito sólido pueden fabricarse a gran escala. La compañía apuesta por un modelo de licencias para que otros fabricantes repliquen su proceso lo que acerca su prime time de forma importante.

El gran salto industrial de QuantumScape y sus baterías con electrolito sólido: del laboratorio a la gigafábrica
Tim Holme, Cofundador y director de tecnología de QuantumScape

Publicado: 17/02/2026 12:00

10 min. lectura

La puesta en marcha de la que ha sido bautizada como "Eagle Line" de QuantumScape, marca un antes y un después en el desarrollo de las baterías con electrolito sçolido. No se trata solo de inaugurar otra planta más, sino de demostrar que una tecnología que hasta ahora vivía en el laboratorio puede dar el salto a la producción a gran escala.

El pasado 4 de febrero, en San José (California), el presidente y consejero delegado de QuantumScape, Siva Sivaram, apretó un enorme botón simbólico para arrancar oficialmente la nueva línea de producción. Pero detrás de la foto hay algo mucho más importante: la validación de un proceso industrial que puede revolucionar el mercado.

Tim Holme, director técnico de la compañía, una empresa con respaldo de nombres como Volkswagen, lo resume con una cifra que impresiona: el sector debe superar “13 órdenes de magnitud” para pasar de fabricar prototipos en una mesa de laboratorio a producir baterías a nivel de gigavatios hora. Dicho de otra forma, el salto entre hacer unas pocas celdas a mano y abastecer a miles de coches eléctricos es descomunal. Y ahí es donde entra la Eagle Line.

Lo interesante es que QuantumScape no quiere convertirse en un gigante industrial al estilo de los grandes fabricantes asiáticos. Su estrategia es diferente: crear un modelo de producción replicable que otros fabricantes —principalmente del sector del automóvil— puedan licenciar y aplicar en sus propias fábricas. Es decir, resolver el problema una vez y vender la solución.

Un separador cerámico que cambia las reglas del juego

El gran salto industrial de QuantumScape y sus baterías con electrolito sólido: del laboratorio a la gigafactoría
Ceremonia de inicio de la producción

En el corazón de la tecnología de QuantumScape hay un elemento clave: el separador cerámico. Puede sonar poco espectacular, pero es la pieza que marca la diferencia frente a las baterías de ion-litio convencionales con electrolito líquido.

Holme lo explica con una comparación muy gráfica. Fabricar cerámica tradicional es como hacer una vasija y meterla en el horno durante días. Ese proceso, trasladado al ámbito industrial de las baterías, puede llevar jornadas enteras o incluso semanas. QuantumScape ha conseguido reducirlo a cuestión de minutos tras cuatro años de desarrollo intensivo.

Este material de electrolito sólido permite que el litio se mueva casi tan rápido como lo haría en un medio líquido, pero con mayores niveles de estabilidad y seguridad. Y eso es crucial si hablamos de coches eléctricos que deben cargar rápido, ofrecer más autonomía y, al mismo tiempo, mantener costes bajo control.

La reducción de tiempos no es solo una cuestión de eficiencia. Es la base para que el proceso sea viable a gran escala. Para producir a nivel de gigavatios hora hace falta un ritmo industrial muy elevado. Si un paso crítico tarda días, simplemente no salen las cuentas. Por eso, este avance se convierte en la piedra angular del modelo de negocio de QuantumScape: un proceso que se puede enseñar, replicar y escalar.

De controlar átomos a coordinar 14 máquinas

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Si la anterior línea de la compañía, conocida como Cobra, se centraba en dominar la química y el comportamiento de los materiales a nivel casi atómico, la Eagle Line representa otro tipo de reto: el de la ingeniería mecánica y la automatización.

Aquí hablamos de 14 equipos automatizados trabajando en perfecta sincronización. Robots, sistemas de manipulación y controles de precisión que deben coordinarse al milímetro. QuantumScape ha recurrido a tecnología de Fanuc, combinando integradores externos con desarrollos internos para afinar cada movimiento.

Porque el verdadero desafío no es fabricar unas pocas celdas que funcionen bien, sino repetir el proceso millones de veces sin errores. Holme pone un ejemplo muy claro: puedes aumentar la producción trabajando más horas, luego más días, luego contratando a 100 personas. Pero aun así solo habrás cubierto una parte del camino. El resto exige multiplicar la capacidad mediante automatización, una y otra vez, hasta alcanzar la escala de una gigafactoría.

La Eagle Line actúa como banco de pruebas industrial. Es una línea piloto pensada desde el inicio para la producción masiva. Sirve para detectar cuellos de botella, optimizar tiempos y, sobre todo, documentar cada paso de forma que un socio pueda reproducirlo en su propia planta sin empezar de cero.

Validación en el mundo real: de la moto al coche

El gran salto industrial de QuantumScape y sus baterías con electrolito sólido: del laboratorio a la gigafactoría

Para que un fabricante apueste cientos o miles de millones por una nueva tecnología, no basta con datos de laboratorio. Hace falta verla funcionar en condiciones reales.

Ahí entra en juego la colaboración con Ducati. La marca italiana mostró en el Salón de Múnich una moto eléctrica de competición equipada con baterías sólidas de QuantumScape. No era un simple prototipo estático: era una demostración de que la tecnología puede soportar exigencias reales.

El siguiente paso es ampliar las pruebas en carretera y, posteriormente, dar el salto al coche eléctrico. El plan es claro: primero demostraciones controladas, después validación en entornos reales y, finalmente, integración en modelos de producción.

El papel clave de PowerCo y el grupo Volkswagen

España albergará la fabricación de las baterías de estado sólido de Volkswagen y PowerCo

Si hay un socio estratégico en esta historia, ese es PowerCo, la división de baterías del grupo Volkswagen. Ambas compañías mantienen acuerdos valorados en torno a 130 millones de dólares cada uno, con una implicación profunda por parte de PowerCo, que incluso cuenta con presencia en el consejo y equipos de ingenieros trabajando codo con codo con QuantumScape.

La colaboración sigue las fases habituales del desarrollo en automoción. Tras completar las muestras A (prototipos iniciales), ahora se producen muestras B en la línea piloto. El siguiente paso serán las muestras C, ya en instalaciones a escala industrial operadas por PowerCo utilizando los procesos desarrollados por QuantumScape.

Lo interesante es que, según Holme, el 98% del proceso sería aplicable a otros clientes. Las diferencias se limitarían en gran medida al formato de las celdas o a ajustes en herramientas, pero no a cambios profundos en la base tecnológica. Esa estandarización es clave para que el modelo de licencias tenga sentido.

Plazos realistas y adopción masiva

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En un sector donde abundan las promesas de producción inminente, QuantumScape adopta un tono más prudente. El paso desde la línea piloto hasta la producción comercial a gran escala a través de socios llevará “unos años”. Y es lógico: transferir un proceso complejo y asegurarse de que funciona con la misma calidad en otra fábrica no se hace de la noche a la mañana.

La tesis de fondo es clara. Las baterías actuales han sido suficientes para atraer a los primeros compradores, pero no para conquistar al mercado masivo. Con cuotas de penetración del coche eléctrico que oscilan entre el 5% y el 10% según el país, la mejora en autonomía, tiempos de carga y costes puede ser el empujón definitivo.

Más allá del automóvil, la tecnología también despierta interés en almacenamiento estacionario, aunque QuantumScape considera que su mayor valor está en aplicaciones donde la seguridad y el rendimiento son prioritarios.

La Eagle Line no se medirá por el volumen de baterías que produzca directamente, sino por su capacidad para servir de plano industrial a terceros. Si consigue que otros fabricantes levanten sus propias líneas basadas en este modelo, entonces sí podremos hablar de un verdadero punto de inflexión. Porque significará que, por fin, las baterías sólidas han salido del laboratorio para entrar en la cadena de montaje de los coches eléctricos.

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