Dieselgate vuelve a escena: Volkswagen a juicio en diciembre mientras Renault, Citroen y Peugeot esperan

Casi 11 años después de su estallido, el escándalo de manipulación de emisiones de coches diésel vuelve a ser actualidad. Esta vez en Francia, donde Volkswagen será juzgado por el escándalo en un proceso que podría tener importantes consecuencias económicas y reputacionales para el fabricante alemán. Mientras tanto, Renault y Peugeot-Citroën siguen pendientes de una posible decisión judicial similar.

Dieselgate vuelve a escena: Volkswagen a juicio en diciembre mientras Renault, Citroen y Peugeot esperan
Dieselgate

Publicado: 17/02/2026 08:45

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Volkswagen se sentará en el banquillo el 18 de diciembre de 2026 por la rama francesa del Dieselgate. Mientras tanto, las marcas locales, Renault y Peugeot-Citroën, esperan su turno para ser citados y conocer si hay cargos también en su contra.

La puesta de fecha para juicio marca un punto clave en uno de los mayores escándalos industriales de la automoción moderna. El caso estalló en 2015 y ahora, más de una década después, empieza a entrar en su fase decisiva en Francia. La Fiscalía acusa a Volkswagen de “engaño” en la comercialización de coches diésel equipados con un sistema capaz de detectar cuándo el coche estaba siendo sometido a pruebas de homologación.

En la práctica, según la acusación, ese dispositivo permitía mejorar artificialmente las cifras de emisiones en laboratorio, mientras que en condiciones reales de circulación los niveles de óxidos de nitrógeno superaban con creces los límites legales. Es decir, sobre el papel todo cuadraba; en carretera, la historia era muy distinta.

Las investigaciones se centran en vehículos vendidos entre 2009 y 2016. En Francia, el caso afecta a cerca de 1.000.000 de unidades equipadas con el motor diésel EA189. Hablamos de modelos comercializados bajo varias marcas del grupo: Volkswagen, Audi, Skoda, Seat e incluso Porsche. Una cifra que da idea de la dimensión del asunto.

El Dieselgate vuelve a escena: Volkswagen a juicio en diciembre mientras Renault, Citroen y Peugeot esperan

El juicio, fijado para el 18 de diciembre de 2026, promete que hará mucho ruido. Se espera la presencia de miles de partes civiles: particulares, empresas y administraciones públicas que consideran haber sufrido un perjuicio económico y también medioambiental. Porque aquí no solo se habla de dinero, sino también de confianza y de impacto sobre la calidad del aire.

Más allá del golpe reputacional, el fabricante alemán se enfrenta a posibles sanciones económicas de gran calibre, que podrían calcularse en función de los beneficios obtenidos con las ventas afectadas. Y eso, en un volumen de 1.000.000 de coches, no es precisamente calderilla. Tampoco se descartan restricciones de actividad, algo que añadiría todavía más presión a un grupo que lleva años intentando dejar atrás esta etapa.

Después de más de diez años de procedimiento, la decisión de los jueces tiene una carga simbólica evidente. Varios abogados hablan ya de la oportunidad de abrir un debate público que permita aclarar responsabilidades y, sobre todo, ofrecer una compensación real a los conductores implicados. En Francia, a diferencia de lo ocurrido en otros países, muchos propietarios siguen sin haber recibido indemnización alguna. Eso explica la expectación que rodea este futuro juicio.

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La atención se dirige ahora hacia las marcas galas. Renault, además de Peugeot-Citroën, hoy integradas en el grupo Stellantis, siguen pendientes de la decisión de los jueces de instrucción. La Fiscalía ha solicitado también su envío a juicio, pero la última palabra aún no está dicha.

Para las marcas francesas, un proceso judicial de este tipo supondría abrir un frente complicado en varios niveles: legal, económico y, por supuesto, de imagen. Y en un momento en el que el sector vive una transformación histórica hacia el coche eléctrico, con inversiones millonarias y márgenes ajustados, lo último que necesitan es reabrir heridas del pasado.

Casi once años después de las primeras revelaciones, el Dieselgate sigue proyectando su sombra. No solo por las consecuencias directas sobre los fabricantes implicados, sino porque este escándalo cambió para siempre la normativa europea en materia de emisiones y controles. Las pruebas son ahora más estrictas, más realistas y mucho más difíciles de sortear.

Con Volkswagen ya camino del tribunal a finales de 2026, queda por ver si el capítulo francés del dieselgate se cerrará con este juicio o si todavía quedan más episodios por escribir. Lo que está claro es que, más de una década después, la factura —económica y reputacional— sigue pasando por caja.

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