Solar, eólica y baterías: el trío que ya gana a las centrales de gas

Un informe confirma que los sistemas renovables con almacenamiento ya pueden competir en precio con el gas y el carbón incluso con suministro continuo; la caída de costes de solar, eólica y baterías está cambiando el sistema eléctrico; la transición energética entra en una nueva fase.

Solar, eólica y baterías: el trío que ya gana a las centrales de gas

Publicado: 12/05/2026 11:00

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La idea de que las energías renovables no pueden garantizar suministro continuo o que dependen de respaldo fósil empieza a quedar atrás. Un nuevo informe de la Agencia Internacional de Energías Renovables (IRENA) apunta a un cambio de paradigma claro: las renovables con almacenamiento ya pueden ser más baratas que el carbón o el gas incluso funcionando 24/7.

El estudio, presentado en Abu Dabi, analiza sistemas híbridos de energía solar y eólica combinados con baterías, y concluye que en regiones con buenos recursos naturales estas soluciones no solo son viables, sino también competitivas frente a nuevas centrales fósiles. Y eso cambia muchas reglas del juego.

La caída de costes del solar, eólica y baterías cambia por completo el sistema eléctrico

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La clave de este cambio está en la brutal reducción de costes en la última década. Según IRENA, desde 2010 la energía solar fotovoltaica ha reducido sus costes un 87%, la eólica terrestre un 55% y el almacenamiento en baterías un 93%. Tres curvas descendentes que, combinadas, han convertido lo que antes era caro en una solución altamente competitiva.

El informe sitúa el coste de la electricidad firme en sistemas solares con almacenamiento entre 54 y 82 dólares por MWh, mientras que nuevas centrales de carbón en China se sitúan entre 70 y 85 dólares por MWh, y las de gas superan los 100 dólares por MWha a nivel global. Es decir, en muchos escenarios reales, la renovable con baterías ya sale mejor parada.

La propia IRENA insiste en que este modelo no solo es más barato, sino también más rápido de desplegar. Mientras una central de gas puede tardar años en construirse, los sistemas solares o eólicos con almacenamiento pueden estar operativos en plazos de entre uno y dos años, lo que reduce la exposición a retrasos, costes financieros y volatilidad energética.

Además, estas instalaciones permiten algo clave en el sistema eléctrico moderno: desplazar la generación a las horas de mayor demanda, estabilizar la red y reducir la dependencia de mercados energéticos inestables. Esto resulta especialmente relevante para grandes consumidores como centros de datos o infraestructuras ligadas a la inteligencia artificial, que necesitan suministro continuo sin interrupciones.

Un cambio estructural: de alternativa verde a opción más barata y estable

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El informe también destaca que la evolución no se detiene aquí. IRENA prevé que los costes de estas tecnologías sigan bajando con fuerza en los próximos años. Para 2030, se estima una reducción adicional del 30%, y para 2035 podría alcanzarse una bajada del 40%, lo que situaría muchos proyectos por debajo de los 50 dólares por megavatio-hora en zonas óptimas.

Ya existen ejemplos reales que respaldan esta tendencia. El complejo de Al Dhafra, en Emiratos Árabes Unidos, combina solar y almacenamiento para suministrar 1 GW de electricidad limpia con un coste aproximado de 70 dólares por MWh, demostrando que este modelo ya funciona a gran escala.

La eólica con baterías también mejora sus cifras. En 2025, los costes firmes se sitúan entre 59 dólares por megavatio-hora en las mejores ubicaciones y alrededor de 90 dólares en mercados como Alemania, Brasil o Australia. Y cuando se combina con solar, el sistema se vuelve aún más eficiente gracias a perfiles de generación complementarios que reducen la necesidad de almacenamiento.

Más allá de los números, el informe introduce un cambio de fondo en el debate energético. Las renovables dejan de ser vistas únicamente como una opción sostenible para convertirse también en una solución más barata, más rápida de desplegar y más resistente frente a crisis energéticas.

La conclusión de IRENA es bastante directa: la transición energética ya no depende de demostrar que este modelo funciona, sino de acelerar su implantación. Porque la tecnología no solo está lista, sino que en muchos casos ya es la opción más competitiva.

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