El combustible se convierte en oro negro: ya están perforando depósitos para robar gasolina y gasóleo

En los últimos meses estamos escuchando historias de estaciones de carga de coches eléctricos a los que han robado los cables para sustraer el cobre. Pero curiosamente no escuchamos en los medios otra parte de la historia, el robo de combustible. Y es que con el litro por encima de los 2 euros en muchos puntos de Europa, cada vez hay más casos de cacos que hacen un agujero para llevarse el combustible, provocando de paso daños por valor de cientos de euros.

El combustible se convierte en oro negro: ya están perforando depósitos para robar gasolina y gasóleo
Imagen creada con IA Gemini

Publicado: 20/08/2026 15:07

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En la nueva era, el meter el tubito y chupar para sacar el gasóleo o la gasolina ya no se estila. Ahora se lleva perforar directamente el depósito. Una situación que está sucediendo en lugares como Francia.

Allí, varios conductores de Clermont, en el departamento de Oise, se han encontrado sus coches con el depósito agujereado y buena parte del combustible desaparecido. El problema es que el robo de unas decenas de litros puede terminar convirtiéndose en una factura de varios cientos de euros por los daños ocasionados.

Los robos de combustible no son algo nuevo. Durante años han afectado especialmente a camiones, maquinaria de obra y vehículos profesionales, cuyos depósitos pueden almacenar cientos de litros y, por tanto, ofrecen un botín mucho mayor. Lo llamativo en este caso es que los delincuentes han puesto el foco en coches particulares y han optado por una solución especialmente destructiva: perforar directamente el depósito para acceder al combustible.

Según la información publicada en Francia, varios vecinos de la zona de la calle Général-Pershing descubrieron sus vehículos dañados. Al menos cuatro personas han presentado denuncia, mientras que algunos residentes hablan de alrededor de una decena de coches potencialmente afectados. Uno de los propietarios calcula que le robaron unos 30 litros de gasóleo y sitúa el perjuicio total en unos 500 euros para la reparación.

El método resulta especialmente dañino porque el objetivo ya no es simplemente extraer el combustible por la boca de llenado. Los depósitos actuales incorporan sistemas que dificultan el tradicional sifonado, de modo que perforarlos permite saltarse esas barreras. El problema es evidente: por unas decenas de litros de carburante, el propietario puede quedarse con un coche inmovilizado y una reparación mucho más cara que el propio botín.

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Lo ocurrido en Clermont llega además en un momento especialmente delicado para los conductores. Los carburantes siguen moviéndose en niveles muy elevados después de la fuerte subida registrada durante los últimos meses. En Francia, el 7 de agosto el precio medio del gasóleo alcanzaba los 2,1690 euros por litro, mientras que el SP95-E10 se situaba en 1,9762 euros. Eso significa que llenar un depósito de 50 litros suponía unos 108 euros en el caso del gasóleo y casi 99 euros con gasolina.

Y aquí aparece una cuestión que merece cierta reflexión. El precio que paga el conductor no depende únicamente del precio del barril de petróleo. El coste de los productos refinados, los márgenes, el transporte, los impuestos y las tensiones en el mercado energético pueden hacer que el carburante permanezca caro incluso cuando el crudo deja atrás sus máximos. De hecho, el Brent ronda actualmente los 90-95 dólares por barril, lejos de los niveles extremos que ha llegado a alcanzar en otras grandes crisis energéticas, pero el coste de llenar el depósito continúa siendo una auténtica sangría para muchas familias.

La situación actual tiene además un componente especialmente complicado. La guerra en Oriente Medio y las restricciones sobre el transporte de petróleo a través del estrecho de Ormuz han mantenido una importante prima de riesgo en el mercado energético. Reuters señala que, aunque el Brent ha retrocedido desde máximos alcanzados durante la crisis, los precios de los combustibles refinados siguen elevados por los problemas que afectan a las refinerías y a la oferta disponible.

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Eso ayuda a entender por qué el contenido de un depósito vuelve a tener un valor suficientemente elevado como para convertirse en objetivo de los delincuentes. Cincuenta litros de gasóleo ya representan más de 100 euros, y el precio de la gasolina tampoco está muy lejos de esa cifra. Para un ladrón, el incentivo aumenta cuando puede conseguir el combustible de varios vehículos; para el propietario, en cambio, la cuenta puede multiplicarse rápidamente.

Y aquí existe un paralelismo curioso con otro fenómeno que está afectando a la movilidad eléctrica. Durante los últimos meses, las estaciones de carga rápida también se han convertido en objetivo de los ladrones, aunque en este caso el motivo es diferente: el cobre presente en sus cables. En Francia se han registrado numerosos robos de cables de estaciones de carga, especialmente en instalaciones de alta potencia. En algunos casos, los delincuentes obtienen un botín relativamente pequeño mientras dejan detrás miles de euros en daños y una estación inutilizada.

La comparación resulta bastante gráfica. En las estaciones de carga rápida se roba un componente de la infraestructura porque contiene un metal que tiene valor en el mercado. En los coches con motor de combustión se roba directamente la energía almacenada en el depósito. Y en ambos casos aparece el mismo problema: el valor de lo que se llevan los delincuentes puede ser muy inferior al coste que dejan detrás.

Robar unas decenas de litros puede salir muy caro

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El caso de Clermont tampoco es aislado. En abril, una conductora de Saint-Laurent, en las Ardenas, encontró una importante cantidad de gasóleo bajo su coche después de que los delincuentes intentaran acceder al depósito. Según el testimonio recogido entonces por la prensa francesa, primero habrían intentado forzar la tapa de combustible y posteriormente recurrieron a una herramienta para perforar el depósito. El presupuesto para sustituirlo ascendía a unos 1.230 euros.

La gendarmería había registrado entonces varios robos de combustible en las Ardenas en apenas quince días. Los camiones continuaban siendo las principales víctimas, con casos en los que se llegaron a sustraer hasta 1.000 litros de gasóleo de un solo vehículo. En junio, la Cámara de Comercio e Industria del Puy-de-Dôme también alertó sobre un aumento de los robos de carburante, especialmente en la zona de Clermont-Ferrand, afectando principalmente a maquinaria de obra y vehículos de transporte.

Eso sí, estos episodios no permiten afirmar que se esté produciendo una oleada generalizada de depósitos perforados en coches particulares en toda Francia. El método continúa siendo mucho menos habitual que el tradicional sifonado y, por ahora, los casos conocidos se concentran en determinados puntos. Lo que sí está claro es que el elevado precio del combustible aumenta el valor potencial de un depósito lleno.

También hay una diferencia importante respecto a otros tipos de robo que reciben mucha más atención. Cuando desaparecen los cables de una estación de carga rápida, el problema afecta directamente al funcionamiento de la infraestructura y las imágenes de cargadores inutilizados generan rápidamente titulares. Sin embargo, cuando alguien roba combustible de un coche particular, muchas veces el caso queda reducido a un problema individual, pese a que el daño económico para la víctima puede ser considerable.

En realidad, ambas situaciones tienen un elemento común: el pequeño botín puede esconder un destrozo enorme. En una estación de carga, unos kilos de cobre pueden acabar provocando miles de euros de reparación. En un coche, unos pocos decenas de litros de combustible pueden terminar con un depósito que necesita ser sustituido, una grúa y varios días de inmovilización.

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