
Tesla empieza a perder a sus fieles: pero no todo es culpa de Elon Musk
Tesla atraviesa una etapa complicada con una pérdida creciente de clientes que hasta ahora eran de los más fieles de todo el sector. La figura de Elon Musk influye, pero hay causas más profundas detrás del problema. Las analizamos.

Tesla ya no es lo que era. Durante años fue la referencia absoluta del coche eléctrico, la marca que todos miraban y la que muchos compraban casi por convicción y que cada año marcaba récords de crecimiento en ventas e ingresos. Hoy, sin embargo, algo se ha roto. Cada vez más propietarios deciden bajarse del barco, y aunque Elon Musk tiene parte de culpa, reducirlo todo a su figura sería quedarse muy corto.
Son muchos los casos que recogen los medios en Estados Unidos donde la polarización ha afectado profundamente a Tesla. Y es que mientras que Musk se posicionaba en el lado más ultra del bando republicano, sus clientes son predominantemente demócratas. El resultado era esperado, caída constante de ventas.
Las polémicas constantes del fundador de Tesla, sus enfrentamientos públicos, su comportamiento errático y determinadas posturas políticas acabaron pesando más que las virtudes de los coches de Tesla, que son más eficientes y con una relación precio/prestaciones superiores. Pero eso no lo es todo, y el resto de marcas han puesto toda la carne en el asador con profundas ofertas de leasing que han terminado de convencer a muchos compradores a dejar atrás sus Tesla.
Y decimos sus Teslas, en plural, ya que lo normal hasta ahora era que los clientes del fabricante americano encadenasen uno Tesla con otro. Al terminar sus contratos de arrendamiento, pasaban directamente a un Tesla más moderno. Un factor de enorme importancia para una marca que no gasta nada en publicidad, y que se ahorra el esfuerzo de convencer a sus clientes a seguir con ellos. Y eso es dinero, mucho dinero.
Más allá de Musk: un problema mucho más profundo

Los datos confirman que Tesla atraviesa un momento complicado. En 2025, las ventas globales cayeron un 9%. En Estados Unidos el descenso fue del 7% respecto a 2024 y, en California —su mercado más fuerte—, la cuota de Tesla entre los coches nuevos matriculados bajó por debajo del 10%, frente al 11,6% del año anterior. Y todo esto, pese a que los resultados financieros del último trimestre superaron las previsiones.
Pero culpar solo a Musk sería simplista. El contexto general tampoco acompaña. El mercado del coche eléctrico se está enfriando. El crecimiento mundial previsto para 2026 es del 12%, muy lejos del 23% de 2025, del 26% de 2024 o del 34% de 2023. Las ayudas públicas en algunos mercados se han reducido, o desaparecido como es el caso de Estados Unidos.
Incluso con una red de carga que sigue siendo la mejor del mercado, Tesla ya no juega sola. Hoy hay más de 100 modelos de coches eléctricos a la venta en Norteamérica y Europa, y la competencia es feroz. Fabricantes tradicionales y marcas chinas han entrado con fuerza. No es casualidad que Tesla perdiera por primera vez en 2024 su dominio absoluto del mercado estadounidense, cayendo por debajo del 50% de cuota. Tampoco que BYD la haya superado como el mayor fabricante de coches eléctricos del mundo.

Antes, Tesla era algo más que un coche. Era una declaración de intenciones. Hoy, ese aura se ha diluido. Sus modelos empiezan a acusar el paso del tiempo y la sensación de vanguardia ya no es tan clara. El último modelo realmente nuevo fue la Cybertruck en 2023, un auténtico desastre en ventas y en imagen de marca, y recientemente se ha anunciado que el Model S y el Model X, los dos más veteranos, dejarán de fabricarse. Mientras tanto, los rivales no paran de lanzar novedades.
La falta de producto nuevo pesa, y mucho. Cualquier fabricante que no renueva su gama acaba perdiendo cuota, y Tesla no es una excepción. A esto se suman críticas recurrentes sobre la calidad de fabricación, un mal endémico en muchos coches eléctricos. Los informes de fiabilidad colocan a Tesla en los últimos puestos, tanto en Europa, donde podríamos pensar que se beneficia a las marcas alemanas, pero también en Estados Unidos, con listados como el de Consumer Reports, que recientemente ha catalogado al Model 3 como el coche de ocasión menos fiable del sector.

Otro punto negro es la atención al cliente. Son numerosos los antiguos propietarios que citan el servicio posventa como uno de los motivos clave para marcharse. Los servicios técnicos suelen estar lejos de los clientes, la atención es lenta y los resultados muchas veces dejan mucho que desear, teniendo que regresar varias veces hasta lograr que lo arreglen.
Lo interesante es que la mayoría de quienes dejan Tesla no vuelven al coche de combustión. Simplemente cambian de marca. Más de dos tercios acaban en otro coche eléctrico, a menudo de precio igual o superior. No es una cuestión de dinero, sino de formato, calidad, imagen o confianza.
Mientras tanto, Tesla parece mirar cada vez más lejos del automóvil. Musk habla abiertamente de robots, inteligencia artificial, y de un futuro en el que la mayor parte de los ingresos no vendrán de los coches. También insiste, desde hace más de una década, en la conducción autónoma total, una promesa que sigue sin materializarse y que incluso le ha generado problemas con las autoridades por cómo se comunica al cliente.
Aun así, hay fieles que no pierden la esperanza. Para ellos, Tesla sigue siendo sinónimo de tecnología punta y creen que, si cumple con lo prometido, podría recuperar parte del terreno perdido. Pero incluso entre los más convencidos hay una petición clara: menos Musk y más coches. Menos polémicas, menos distracciones y más foco en el producto.
Tesla tiene tiempo de remontar el vuelo, algo que beneficiará a todo el sector al ser un importante foco de competencia para el resto de marcas. Pero nada de esto será posible si Elon Musk no deja de ser un problema.



