Un Tesla Model Y con 180.000 km desmonta uno de los grandes mitos sobre la carga rápida

Un Tesla Model Y con apenas tres años ya ha recorrido una distancia extraordinaria y su batería muestra una degradación significativa; sin embargo, su historial de uso plantea más preguntas que respuestas; los datos disponibles apuntan a que hay otros factores que pueden resultar mucho más importantes que la frecuencia de carga rápida.

Un Tesla Model Y con 180.000 km desmonta uno de los grandes mitos sobre la carga rápida

Publicado: 02/09/2026 09:00

10 min. lectura

Hay una idea que se ha repetido durante años entre quienes siguen de cerca los coches eléctricos: utilizar con frecuencia la carga rápida puede acelerar la degradación de la batería. La cuestión es que los datos muestran otra película.

Uno de los muchos ejemplos es un Tesla Model Y Long Range AWD de 2023 que acaba de superar los 180.000 kilómetros, en apenas tres años. Lo curioso no es solamente el kilometraje, sino la forma en la que se utilizó. Durante prácticamente toda su vida apenas recurrió a la carga rápida, pero aun así su batería presenta un nivel de degradación que resulta bastante elevado para su edad.

El coche fue adquirido de segunda mano por el creador de contenido Branden Flasch, que se encontró con un historial de utilización bastante peculiar. Según la información obtenida mediante la propia prueba de salud de la batería de Tesla, el Model Y había recibido alrededor de 2 MWh mediante carga rápida en corriente continua, frente a más de 40 MWh mediante carga en corriente alterna. Incluso había recibido más energía mediante la frenada regenerativa que a través de los Supercharger.

Con 179.800 kilómetros, en aproximadamente tres años, está claro que su anterior propietario utilizaba muchísimo el coche. Lo habitual en vehículos con semejante kilometraje es pensar inmediatamente en un conductor profesional, como un chófer de transporte de pasajeros, que además habría recurrido con frecuencia a los cargadores rápidos. Sin embargo, todo apunta a que no fue así.

Flasch encontró imágenes registradas por el sistema Sentry Mode del Model Y que apuntaban a que el anterior propietario tenía un desplazamiento diario extraordinariamente largo: unos 170 km. Es decir, cerca de 340 kilómetros cada día solamente para acudir al trabajo y regresar a casa.

El resultado de semejante utilización resulta llamativo. Después de recoger el coche en la costa oeste de Estados Unidos y conducirlo hasta la costa este, utilizando los Supercharger durante el trayecto, Flasch realizó la prueba de salud de la batería disponible en el propio vehículo. El resultado fue de un 77% de salud, lo que equivaldría a una pérdida de capacidad del 23% en unos tres años.

Es una cifra considerable y está claramente por encima de lo que cabría esperar como degradación normal en muchos casos. Sin embargo, hay un matiz importante: utilizando la aplicación Tessie, que emplea sus propios métodos para estimar el estado de la batería, el resultado fue bastante mejor, con un 80,95% de capacidad estimada. La diferencia entre ambas mediciones demuestra también que no conviene interpretar una única cifra como si fuera una radiografía perfecta de la batería.

La carga rápida no parece ser el principal culpable

Un Tesla Model Y con 180.000 km desmonta uno de los grandes mitos sobre la carga rápida

Lo interesante de este caso es precisamente que no encaja con la teoría de que utilizar mucho un cargador rápido sea necesariamente la principal causa de degradación. De hecho, los datos disponibles en los últimos años apuntan cada vez más hacia un escenario bastante más complejo.

Recurrent analizó los datos de unos 13.000 Tesla y comparó vehículos que utilizaban la carga rápida en menos del 30% de sus recargas con otros que recurrían a ella en más del 70% de las ocasiones. El resultado fue sorprendente: no encontró una diferencia estadísticamente significativa en la pérdida de autonomía entre ambos grupos. La propia empresa advierte de que los vehículos analizados todavía son relativamente jóvenes y que podría aparecer un efecto acumulativo con el paso de más años.

La explicación tiene sentido. La carga rápida genera más calor y, desde el punto de vista químico, unas condiciones más exigentes para las baterías. Pero los coches eléctricos modernos cuentan con sistemas de gestión térmica diseñados precisamente para controlar esas temperaturas, además de funciones como el acondicionamiento previo de la batería antes de llegar a un cargador rápido.

Davide Giacobbe, cofundador de Voltest, también ha encontrado en sus análisis que la frecuencia de utilización de la carga rápida no explica por sí sola el estado de una batería. En algunos de sus casos incluso aparecen coches que han utilizado exclusivamente carga rápida y conservan más capacidad que otros modelos prácticamente idénticos que se han cargado sobre todo en corriente alterna.

Tesla Model Y Juniper (5)

Entonces, ¿qué puede haber ocurrido con este Tesla Model Y? Hay varias posibilidades. Una de ellas es que su anterior propietario cargase habitualmente hasta el 100% y después utilizase buena parte de la batería durante el larguísimo trayecto diario. Mantener la batería durante muchas horas en un estado de carga elevado y realizar después descargas profundas de forma habitual puede ser más perjudicial que simplemente utilizar de vez en cuando un Supercharger.

También hay otro factor especialmente importante en este caso: el calor. El Model Y procedía originalmente de la zona de Palm Springs, en California, una región donde las temperaturas durante el verano pueden superar ampliamente los 40 grados. Una utilización intensiva durante años bajo temperaturas extremas podría haber tenido una influencia mucho mayor en la degradación de la batería que las pocas sesiones de carga rápida registradas.

De hecho, los datos más recientes de Voltest apuntan precisamente en esa dirección. La compañía señala que la exposición prolongada a temperaturas elevadas y determinados hábitos de carga pueden tener más importancia en la degradación que la frecuencia con la que se utiliza la carga rápida. También recuerda que la degradación no sigue una línea recta: suele ser más acusada durante los primeros años y posteriormente se ralentiza.

Por eso, este Tesla Model Y sirve para desmontar una idea demasiado simplista: el kilometraje y el número de cargas rápidas no permiten saber por sí solos cómo se encuentra una batería. Dos coches con 180.000 kilómetros pueden presentar estados de salud muy diferentes dependiendo de dónde hayan vivido, cómo se hayan cargado, cuánto tiempo hayan permanecido al 100% o al nivel más bajo de carga y las temperaturas a las que haya trabajado su batería.

Esto es especialmente importante ahora que los primeros coches eléctricos empiezan a llegar en grandes cantidades al mercado de segunda mano con kilometrajes elevados. Un contador con muchos kilómetros no significa automáticamente que haya que descartar el coche, del mismo modo que un vehículo con pocos kilómetros no garantiza que su batería esté en perfecto estado.

La experiencia acumulada hasta ahora es, de hecho, bastante tranquilizadora. Existen cada vez más ejemplos de coches eléctricos con cientos de miles de kilómetros que mantienen una parte muy importante de su capacidad inicial. La propia información recopilada por Voltest muestra casos de Tesla con más de 190.000 kilómetros que siguen presentando una salud de batería razonable, mientras que otros vehículos con un uso aparentemente más benigno pueden mostrar resultados peores.

La conclusión, por tanto, no es que la carga rápida sea completamente inocua. Sí puede someter a la batería a unas condiciones más exigentes, especialmente cuando se combina con temperaturas extremas o estados de carga muy altos o muy bajos. Pero la evidencia disponible indica que convertirla en el enemigo número uno de las baterías es demasiado simplista.

En el caso de este Model Y, los 180.000 kilómetros en tres años y el 77% de salud que muestra la prueba de Tesla son un resultado llamativo. Pero también lo es que haya necesitado tan poca carga rápida para alcanzar ese kilometraje. Más que demostrar que los Supercharger destruyen las baterías, el caso parece demostrar algo mucho más importante: la vida de una batería depende de muchos más factores que el cargador al que se conecta.

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