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¿Cuáles son las ventajas de producir un coche eléctrico frente a uno térmico?

Actualmente, estamos asistiendo a un momento clave en la historia de la movilidad: tras más de 100 años de dominio, está comenzando el declive de los vehículos de combustión interna, los cuales están dando paso a los eléctricos, los cuales brillaron con fuerza a principios del siglo XX gracias a su sencillez mecánica pero que rápidamente fueron superados por los térmicos gracias a su mayor autonomía o su rapidez a la hora de repostar.

Con todo, son muchos los fabricantes que se están enfrentando a situaciones verdaderamente complicadas para adaptarse a la electrificación. Gigantes como General Motors están viéndose obligados a realizar numerosos ajustes para poder aumentar su inversión en coches eléctricos y no quedarse descolgados frente a la competencia, mientras que otros como Volkswagen están buscando aliados con los que compartir los gastos de desarrollo de su tecnología eléctrica.

Sin embargo, y a pesar de todas estas dificultades producto de una transición mucho más rápida de lo esperado a la electricidad, lo cierto es que fabricar un coche eléctrico supone numerosas ventajas a los fabricantes de automóviles frente a uno térmico. Para empezar, gracias a la sencillez inherente de los motores eléctricos, su pequeño tamaño y su elevado par, es posible para los fabricantes ofrecer numerosas variantes mecánicas sin apenas coste de desarrollo adicional: se pueden añadir motores eléctricos idénticos a los ejes para conseguir potencias superiores o tracción total sin que eso apenas suponga gasto extra en ingeniería.

Precisamente gracias a esta sencillez, construir trenes motrices eléctricos es realmente sencillo. La transmisión es más compacta, pues los coches eléctricos no necesitan cajas de cambios, y gracias al menor tamaño del conjunto, los trenes motrices se pueden colocar cerca de las ruedas para maximizar el espacio interior, lo que permite a los fabricantes una mayor libertad de diseño. A medio plazo todo esto permitirá reducir los costes de fabricación de forma notable.

Otra gran ventaja de los coches eléctricos es que los fabricantes no tendrán que dedicar numerosos recursos para cumplir con regulaciones gubernamentales en materia de emisiones: mientras que con un motor de combustión hay que invertir ingentes fondos para que cumpla con unos límites de emisiones cada vez más estrictos, con un coche eléctricos los fabricantes se pueden olvidar de este punto.

Actualmente los coches eléctricos todavía tienen un precio superior a sus coetáneos térmicos debido a que todavía se producen en números bajos, lo que dificulta la reducción de costes, así como por el alto precio de las baterías. Sin embargo, se espera que durante la primera mitad de la década que viene el precio de las baterías caiga y la producción aumente de forma exponencial, lo que igualará sus costes a los de los coches térmicos, haciéndolos muy competitivos.

Fuente | InsideEVs

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