¿Cómo serán los coches eléctricos del futuro? Os damos algunas pistas

Actualmente, nos encontramos en el comienzo de la adopción masiva del coche eléctrico. A pesar de que sus ventas todavía son minoritarias, en países como China o Noruega están comenzado a alcanzarse cifras de entregas verdaderamente elevadas, indicativo de que este tipo de vehículos cada convencen a más potenciales clientes, que se ven seducidos por sus numerosas ventajas frente a los modelos térmicos.

Sin embargo, es innegable que la mayoría de coches eléctricos sufren de ciertos inconvenientes que retrasan su expansión. Los cuatro principales problemas son su elevado precio, sus lentos tiempos de carga, su limitada autonomía y la todavía poco extendida red de carga rápida de acceso público. A esto habría que unir otras cuestiones como la escasa disponibilidad de algunos modelos.

Con todo, estas problemáticas se irán solucionando a corto plazo gracias a las enormes inversiones que están llevando a cabo los fabricantes de automóviles, los proveedores y las empresas tecnológicas. Además, es de esperar que en el futuro se extiendan soluciones como la conducción autónoma, que supondrá un antes y un después en el sector del transporte. Teniendo todo esto en cuenta, ¿cómo serán los coches eléctricos del futuro?

Para empezar, es muy posible que la mayoría de fabricantes comiencen a adoptar plataformas específicas para coches eléctricos, las cuales permitirán aprovechar mejor sus características técnicas que las plataformas térmicas adaptadas que emplean muchos modelos actualmente. Estas arquitecturas serán de tipo skate-board, con los motores eléctricos en los ejes y las baterías planas ocupando los bajos del vehículo.

Esta configuración permitirá maximizar el espacio, por lo que nos encontraremos con coches dotados de frontales más cortos, voladizos reducidos y distancias entre ejes superiores. A esto habría que añadir una altura superior a la de un turismo para mantener una buena habitabilidad a pesar de las baterías en los bajos, pero inferior a la de un SUV para no penalizar la aerodinámica, que también se verá mejorada gracias a la estandarización de los bajos carenados, una caída más pronunciada de los techos y el uso de spoilers.

Dos buenos ejemplos los encontramos en el Volkswagen ID.3 y el Jaguar I-Pace, que a pesar de pertenecer a segmentos diferentes, hacen gala de las proporciones anteriormente descritas. Además, es muy posible que comiencen a proliferar las llantas estrechas pero de gran diámetro para mejorar la eficiencia y el rendimiento, si bien probablemente irán asociadas a perfiles normales para no penalizar el confort de marcha.

La conducción autónoma también transformará los habitáculos, que se volverán más minimalistas, si bien es muy posible que se mantengan los controles manuales por mucho tiempo debido tanto a la legislación como a las exigencias de los propios conductores, que querrán poder seguir conduciendo cuando les apetezca. Es de esperar que la inmensa mayoría de las funciones se aglutinen en pantallas táctiles que se complementarán con los asistentes por voz (un buen ejemplo es el Tesla Model 3), mientras que la habitabilidad mejorará longitudinalmente, si bien debido a las baterías bajo el piso las rodillas de los pasajeros irán algo más altas que en los coches térmicos.

A nivel mecánico, podemos esperar que a mediados de la década que viene comience a estandarizarse el uso de las baterías de electrolito sólido, que permitirán cargas más rápidas, una mayor durabilidad y autonomías superiores. Así, es muy posible que en poco más de 5 años los coches eléctricos igualen a los térmicos en aspectos como la autonomía y los tiempos de carga, si bien para esto último será necesario el despliegue de una red de puntos de carga de alta potencia. El coste de adquisición por su parte se reducirá gracias a las sinergias y al aumento de la producción, que permitirán a las marcas llevar a cabo grandes ahorros de costes.

Compártelo: Compartir en WhatsApp Compartir en Menéame