La fiebre del litio, el nuevo oro

Durante varios años, los precios de las baterías han ido disminuyendo y el precio por Wh se ha ido acercando a niveles razonables, lo que ha permitido colocar modelos superventas en el mercado aunque no sean precios para todo el mundo. Pero es suficiente para espolear una demanda que no para de crecer, y que no tiene pinta de que amaine. Es más, se va a incrementar.

Con la mayoría de fabricantes comprometidos para electrificar sus gamas a lo largo de esta década y la siguiente, la demanda de litio continuará disparada, así que hace falta aumentar la oferta. Mas no es fácil.

El litio hay que extraerlo de minas o salares, obtener carbonato de litio, y procesarlo para ser un componente más de celdas de batería. También hacen falta otros materiales como níquel, manganeso y cobalto (NMC), o fosfato de hierro (LFP). Una alternativa es el reciclaje de celdas existentes, pero ni hay litio reciclable suficiente ni capacidad industrial para obtenerlo a gran velocidad.

No es de extrañarnos, por tanto, que el litio se esté convirtiendo en el nuevo oro. A diferencia de otros valores que están sometidos a fuerte especulación, como las criptomoneadas, en el caso del litio hay motivos sobrados para el aumento de precios. En lo que va de año, el carbonato de litio ha aumentado un 230%, es decir, más que triplicado su precio. Esto nos va alejando de la paridad en precios entre eléctricos y térmicos, ya que las baterías son de lo más caro de cada coche.

El sector minero ha ido viendo cómo la rentabilidad del litio iba cayendo porque los precios bajaban, y ahora se están tomando algunos la revancha. Habiendo un suministro limitado, y una demanda creciente, pues se aplica la teoría de primero de Economía; los precios suben. Esto tiene una ventaja, y es que favorece que se abran nuevas explotaciones o se procesen de forma más ágil las existentes. Más adelante, esto aumentará la oferta e irá suavizando los precios.

A lo largo del año que viene van a negociarse varios contratos de suministro a largo plazo, aprovechando momentos de fluctuación que permitan negociar mejores precios. Sí, hay varios proyectos para minar litio en Serbia, en Extremadura o en Alemania, pero todo eso tiene que coger inercia, hay que sacar el litio, hay que procesarlo, y siguen haciendo falta materiales escasos y caros para confeccionar baterías. Y esa es otra, hacen falta gigafábricas para empaquetar celdas, y muchas están… en construcción.

Se ha prendido la mecha de la dinamita sin tener perfeccionados los métodos de extracción, ni la capacidad de proceso, ni la de reciclaje. Pero el cambio ya está hecho, y es como intentar parar un transatlántico de golpe; no se puede. Así que, a corto plazo, la revolución del coche eléctrico está supeditada a una especie de mercado persa. Ya hemos visto cómo, en plena pandemia, cuando todos a la vez quiere algo de lo que no hay en suficientes cantidades, los precios se disparan: mascarillas, respiradores, material sanitario, tests, etc.

Aquellos con los bolsillos más profundos tienen una opción si no les gustan las condiciones de los mineros; comprar minas. Es la forma de saltarse al intermediario, quedarse con la materia prima. Hay fabricantes que pueden extender cheques lo suficientemente grandes como para quedarse con este tipo de activos y esquivar futuros aumentos de precio. Según BloombergNEF, la demanda de litio se multiplicará por cinco para finales de la década.

Hasta que no se vea equilibrada la oferta y la demanda, las baterías no bajarán de precio en la medida de lo esperable, así que habrá que destinar las celdas a modelos con mayor precio y mayor margen de beneficio. No parece el momento ideal para producir masivamente coches eléctricos a precios muy populares y márgenes estrechos, salvo que se tenga un suministro estable y garantizado de componentes de baterías.

Si no, en el caso de que los precios sigan subiendo se entraría en pérdidas si no se trasladan a los clientes los incrementos de costes. Hay fabricantes que las aguantan mejor que otros, aunque como idea así en general, perder dinero con cada coche vendido no sale a cuenta a menos que haya alguna compensación, como evitar multas millonarias, conquistar cuotas de mercado mientras los competidores se desangran, etc. Como ya vimos en un artículo anterior, la transición energética será un equilibrio muy delicado entre oferta y demanda de materias primas y productos finalizados.

Todo esto no parará la revolución, solo aminorará su crecimiento un poco, pero habrá que esperar algo más para ver coches eléctricos a precios que no juzguemos como «caros», al menos en relación a los coches con motorizaciones convencionales.

Compártelo: