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Fisker se declara en quiebra: el fiasco del Karma se repite una década después con el Ocean

A pesar de los múltiples intentos en las últimas semanas para llegar a un acuerdo con un nuevo inversor que le permitiera mantenerse a flote, finalmente el fabricante Fisker se ha declarado en quiebra. Esta situación se ha producido unos meses después del fracaso de sus negociaciones con Nissan, pues la firma nipona finalmente ha optado por aliarse con su compatriota Honda para colaborar en el desarrollo de coches eléctricos.

El pasado 17 de junio, Fisker se acogió al Capítulo 11 de la ley de bancarrotas de Delawere (Estados Unidos). Esta es la segunda vez que la marca se declara en quiebra, puesto que la antigua Fisker Automotive ya naufragó en 2013 tras haber comercializado la berlina híbrida enchufable Karma durante apenas un año (2011-2012). Su heredera espiritual, Fisker Inc, ha seguido los mismos pasos una década después.

Los activos estimados de Fisker son de entre 500 y 1.000 millones de dólares; además, también deja unos pasivos de entre 100 y 500 millones. De acuerdo con el expediente judicial, el número de acreedores se sitúa en una horquilla de entre 200 y 999.

La producción de su único modelo, el SUV mediano Ocean, se detuvo en marzo debido a los problemas económicos de la compañía. El año pasado se fabricaron algo más de 10.000 unidades, si bien tan solo se entregaron 4.700 de ellas. Magna Steyr, responsable de su producción en Austria, no cree que la cadena de montaje vaya a volver a ponerse en marcha.

Fisker Ocean

Magna Steyr da por finalizada la producción del Fisker Ocean

Swamy Kotagiri, CEO de Magna, señalaba en mayo que «no habrá producción adicional del Fisker Ocean», lo que ha obligado a la empresa de fabricación por contrato a ajustar sus perspectivas para este año. «La producción del vehículo está actualmente parada. Nuestra perspectiva actual supone que no habrá más producción».

Los elevados costes derivados del proceso de lanzamiento y distribución del Ocean, el enfriamiento de la demanda de coches eléctricos en Estados Unidos y Europa y el difícil acceso a financiación en una economía con altas tasas de interés han cavado la tumba de Fisker, que ha quemado sus bajas reservas de efectivo con rapidez.

A esto habría que sumar la investigación iniciada por la NHTSA (Administración Nacional de Seguridad del Tráfico en las Carreteras de Estados Unidos) tras tres incidentes relacionados con el sistema de frenado del Ocean, así como las malas críticas del conocido youtuber Marques Brownlee. Incluso bajando el precio del vehículo a unos ridículos 24.999 dólares, las ventas se hundieron y numerosos reservistas cancelaron su pedido.

Fuente | Reuters

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