
Esta es la clave de Renault para lograr coches eléctricos un 40% más baratos
Renault ha puesto en marcha un ambicioso plan para reducir costes y acelerar el desarrollo de sus coches eléctricos, y lo hace inspirándose en el modelo chino con el objetivo de competir en precio sin renunciar a fabricar en Europa.

En Renault han decidido que ya no basta con mirar de reojo a China. Ahora quieren jugar en su terreno. La marca francesa ha puesto en marcha un plan industrial de calado que busca recortar hasta un 40% los costes de desarrollo de sus futuros coches eléctricos y, de paso, acortar los plazos de lanzamiento a cifras que hasta hace poco parecían imposibles en Europa.
El epicentro de este giro estratégico está en Shanghái, donde la compañía opera el ACDC (Advanced China Development Center). Desde allí, Renault está adoptando métodos de trabajo propios de los fabricantes chinos: procesos más ágiles, menos burocracia interna y decisiones mucho más rápidas. En un momento en el que en Europa desarrollar un modelo puede llevar cerca de cinco años, en China lo habitual es moverse en menos de dos. Y esa diferencia, hoy por hoy, es inasumible.

El mejor ejemplo de este cambio es el nuevo Renault Twingo E-Tech. El urbano eléctrico, que debería llegar este año a los concesionarios con un precio por debajo de los 20.000 euros, se ha desarrollado en apenas 21 meses, unas 100 semanas desde el primer boceto hasta salir de la línea de montaje. Para Renault, acostumbrada a ciclos de cerca de cuatro años en proyectos similares, es un auténtico récord.
La receta ha sido clara: colaborar directamente con especialistas chinos en elementos clave. El motor eléctrico, por ejemplo, procede de Shanghai eDrive. También se ha recurrido a proveedores locales para optimizar sistemas electrónicos y programas de gestión. El objetivo es evidente: simplificar procesos, reducir reuniones eternas y apostar por mejoras rápidas y continuas.
Este movimiento no está exento de polémica. Parte del valor añadido se desplaza fuera de Francia. La planta de Cléon, uno de los referentes del motor eléctrico en el país, ha tenido que asumir que el propulsor del Twingo no será de fabricación propia si se quiere cumplir el objetivo de precio. Desde la dirección defienden que es la única manera de fabricar un urbano eléctrico en Europa —en este caso en Novo Mesto, Eslovenia— sin que las cuentas salten por los aires.
El mensaje desde Boulogne-Billancourt es claro: o se igualan los costes y los tiempos de los fabricantes chinos o el riesgo de quedarse fuera del mercado es real. Y el Twingo es solo el principio.
Un terremoto industrial para recortar un 40% los costes

El plan de Renault no se limita a acelerar desarrollos. También implica una revisión profunda de la cadena de suministro. La marca va a aumentar de forma notable su colaboración con proveedores chinos, especialmente en componentes electrónicos y programas informáticos, donde los precios que se manejan en Asia son difíciles de replicar en Europa.
En 2024, una primera licitación que afectaba a 64 componentes permitió lograr una reducción media del 29% en los precios. Ahora el movimiento se amplía a más de 120 piezas adicionales. El resultado es que el 46% del valor de los componentes del Twingo procede ya de proveedores chinos, aunque el ensamblaje final se mantiene en Europa para contener costes logísticos y evitar aranceles.
Otro de los grandes pilares del ahorro está en las baterías. Renault está dejando atrás, en las versiones de acceso, las químicas NMC (níquel, manganeso y cobalto), más caras aunque muy capaces, para apostar por baterías LFP (litio, hierro y fosfato). Estas últimas utilizan materiales más abundantes y económicos, lo que permite reducir de forma importante el coste por kWh. Además, los suministros llegarán desde países como Hungría o Polonia, reforzando el equilibrio entre precio competitivo y producción en suelo europeo.

En paralelo, Renault también trabaja con Geely a través de la empresa conjunta Horse, participada al 50%. Esta sociedad se centra en motores térmicos e híbridos y permite compartir gastos de investigación y producción a escala global. Según los datos adelantados, esta cooperación supone un ahorro de 400 euros por vehículo en las motorizaciones afectadas. Horse combina la experiencia histórica europea con la capacidad china para comprar materias primas y componentes básicos a precios muy ajustados.
En el fondo, Renault está redefiniendo su papel industrial. Mantendrá en Europa el diseño y el posicionamiento de producto, intentando preservar su identidad de marca, pero no dudará en acudir a China cuando allí encuentre tecnología más barata o desarrollos más rápidos. Es una apuesta arriesgada, porque incrementa la dependencia del gigante asiático, pero para la dirección es la única vía realista para competir con los nuevos líderes del coche eléctrico.
La alternativa sería mantener estructuras pesadas y costes elevados en un mercado donde cada euro cuenta. Y en el segmento de los urbanos eléctricos por debajo de los 20.000 euros, simplemente no hay margen para romanticismos industriales. Renault ha decidido que, si quiere seguir jugando la partida, tiene que hacerlo con las reglas que hoy marcan desde Pekín y Shanghái.
El Twingo será la primera prueba de fuego. Si funciona, el modelo se extenderá al resto de la gama. Y entonces sí, estaremos ante un auténtico cambio de era para el fabricante francés.


