El coche eléctrico se acerca a su gran punto de inflexión: los diésel serán los primeros en caer

El mercado del automóvil europeo empieza a mostrar señales de un cambio que podría transformar la industria antes de lo previsto; la llegada de modelos más asequibles y el ahorro en el uso diario están modificando las decisiones de los compradores; varios indicadores apuntan a que la transición podría acelerarse durante los próximos años, con el diésel entre las tecnologías más amenazadas.

El coche eléctrico se acerca a su gran punto de inflexión: los diésel serán los primeros en caer

Publicado: 14/10/2026 19:00

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La transición hacia el coche eléctrico está entrando en una nueva fase en Europa. Lo que hace unos años parecía una tendencia impulsada principalmente por cuatro fans, ahora empieza a extenderse a un público mucho más amplio al mismo tiempo que los fabricantes reaccionan ampliando su oferta y reduciendo las diferencias de coste frente a los modelos de combustión.

El cambio también se está produciendo en mercados que hasta hace poco avanzaban a un ritmo más lento de lo esperado. Alemania, uno de los grandes bastiones del diésel, empieza a mostrar señales de una transformación que hasta hace pocos meses parecía destinado a dentro de cinco o más años. Y es que, aunque el debate político sobre el futuro del motor de combustión continúa abierto en Bruselas, que intenta estirar el chicle de los diésel y gasolina presionado por los lobbys de los grandes grupos, los consumidores ya van en otra dirección.

La pregunta es si el mercado está alcanzando un punto de inflexión a partir del cual el coche eléctrico pueda imponerse mucho más rápido de lo previsto. Un análisis publicado por el semanario alemán Der Spiegel, apoyado en datos de costes, matriculaciones y oferta de modelos, identifica cinco factores que ayudan a explicar por qué esta posibilidad empieza a ganar fuerza.

Cinco motivos que pueden acelerar la transición al coche eléctrico

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Uno de los principales argumentos a favor del coche eléctrico está en el coste de uso. Según los cálculos del Consejo Internacional de Transporte Limpio (ICCT) para la Unión Europea en 2025, recorrer 100 kilómetros con un coche eléctrico cargado tanto en casa como en puntos públicos cuesta una media de 7,40 euros. En un modelo de gasolina, el gasto asciende a 11 euros, lo que supone una diferencia del 33%.

Esta ventaja ya existía antes de las últimas subidas de los carburantes, pero el encarecimiento de la gasolina y el diésel ha ampliado la distancia. Mientras que el coste de la electricidad se ha mantenido relativamente estable, el gasto energético de los modelos de combustión ha aumentado considerablemente. Para quienes recorren muchos kilómetros al año, la diferencia puede representar un ahorro importante.

Las previsiones del ICCT apuntan, además, a que la brecha podría ampliarse durante los próximos años. El encarecimiento de los combustibles fósiles, entre otros factores por el aumento del coste asociado a las emisiones de CO₂, puede reforzar la ventaja económica de los coches eléctricos.

El principal obstáculo sigue estando en el precio de compra. Durante mucho tiempo, el desembolso inicial ha sido uno de los argumentos más utilizados por quienes prefieren seguir con un modelo de combustión. Sin embargo, esa diferencia se está reduciendo y, en algunos segmentos del mercado alemán, el coche eléctrico ya puede competir en precio con alternativas equivalentes de gasolina o diésel.

En los modelos de gama media, media-alta y alta, esa paridad ya se habría alcanzado en Alemania según el ICCT. En los coches más pequeños y económicos todavía queda camino por recorrer, aunque la llegada de nuevas propuestas está cambiando rápidamente el panorama.

Los coches eléctricos económicos ofrecen cada vez más por menos dinero

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La evolución del segmento de acceso es especialmente importante, porque permite que la transición deje de depender exclusivamente de los compradores con mayor presupuesto. Cada vez aparecen más coches eléctricos con precios relativamente asequibles, autonomías suficientes para el uso cotidiano y prestaciones que hace unos años estaban reservadas a modelos más caros.

Entre los diez primeros puestos aparecen modelos como el Škoda Epiq, el Volkswagen ID. Polo, el Kia EV2, el Cupra Raval, el Renault Twingo eléctrico y el Citroën ë-C3. La presencia de estas seis novedades respecto a la edición anterior refleja hasta qué punto está cambiando la oferta en las categorías más económicas.

El Volkswagen ID. Polo Life, por ejemplo, figura con un precio antes de ayudas o promociones de 29.270 euros. Un modelo básico con una autonomía de 334 kilómetros según el ciclo WLTP. El Renault Twingo eléctrico Evolution se coloca en los 19.990 euros, con 263 kilómetros de autonomía homologada, mientras que el Citroën ë-C3 Standard Range You alcanza los 311 kilómetros con un precio de 23.450 euros.

Volkswagen ID. Polo

La presión competitiva también está repercutiendo en los modelos que llevan más tiempo en el mercado. Según los datos del experto alemán Ferdinand Dudenhöffer, el Opel Corsa Electric se vendía por una media de 31.283 euros después de descuentos en junio de 2024. En septiembre de 2026, el precio de transacción había bajado hasta los 20.240 euros, una reducción de 11.043 euros, equivalente al 35%.

Esta evolución puede acelerar el cambio de tecnología. Si el precio de compra se acerca al de un modelo de combustión y, además, el coste por kilómetro es inferior, la decisión deja de depender tanto de las preferencias personales. En los coches eléctricos más baratos, el tiempo necesario para compensar la inversión inicial adicional todavía puede ser considerable, pero esa barrera se reduce a medida que bajan los precios.

Cada vez hay más modelos eléctricos entre los que elegir

Hyundai IONIQ 3

La variedad de la oferta es otro de los factores que pueden acelerar la transición. No todos los compradores buscan el mismo coche: algunos necesitan un familiar amplio, otros prefieren un SUV, una berlina o un modelo urbano, y muchos quieren seguir comprando a su marca habitual.

Según los datos de la Agencia Internacional de la Energía (AIE) recogidos en el análisis, algo más del 40% de los aproximadamente 2.500 modelos de turismos disponibles en todo el mundo en 2025 eran eléctricos si se incluyen tanto los eléctricos como los híbridos enchufables. Las previsiones basadas en los anuncios de los fabricantes apuntan a que, antes de terminar la década, los compradores tendrán a su disposición más de 1.200 modelos de estas dos categorías.

La evolución contrasta con la oferta de coches con motor de combustión, cuyo número de modelos tiende a estancarse. En Alemania, la cantidad de modelos eléctricos disponibles se cuadruplicó entre 2020 y 2025, según las cifras del ICCT citadas por la publicación. Dudenhöffer calcula que actualmente hay más de 170 modelos eléctricos en ese mercado.

Citroën

Disponer de una alternativa adecuada resulta esencial para que un conductor dé el paso. Mientras no exista un coche eléctrico que encaje en sus necesidades de espacio, autonomía, precio o preferencias de marca, muchos compradores seguirán optando por un modelo de gasolina o diésel.

Sin embargo, ampliar la oferta eléctrica también obliga a los fabricantes a tomar decisiones sobre sus motores tradicionales. Desarrollar y mantener numerosas motorizaciones y versiones para un mismo modelo supone una mayor complejidad industrial. A medida que las marcas concentren sus recursos en los coches eléctricos, algunas alternativas de combustión podrían desaparecer de los catálogos.

El próximo BMW Serie 3 es un ejemplo de este cambio: la marca alemana no ofrecerá una versión diésel en la siguiente generación, según la información publicada por Der Spiegel. Para los conductores que llevan años eligiendo esta mecánica, la desaparición de determinadas opciones puede terminar siendo un factor decisivo a la hora de cambiar de tecnología.

El coche eléctrico gana terreno en toda Europa

Ford Explorer FCE

La expansión de la movilidad eléctrica no se limita a Alemania. Las diferencias entre países siguen siendo considerables, pero cada vez hay más mercados donde los coches eléctricos representan una parte importante de las nuevas matriculaciones. Noruega continúa a la cabeza, aunque otros países europeos están demostrando que el cambio también puede acelerarse cuando coinciden una oferta adecuada y unas condiciones económicas favorables.

Dinamarca es uno de los ejemplos más destacados. Según los datos citados por Der Spiegel para el periodo comprendido entre enero y agosto de 2026, los coches eléctricos representaron el 81% de las nuevas matriculaciones en el país. La elevada fiscalidad aplicada a los modelos de combustión y las ayudas a la compra han contribuido a impulsar esa evolución.

Francia también está ganando terreno y, según el análisis publicado el 12 de octubre, alcanzó una cuota del 41,7% en septiembre. Uno de los factores que explican este resultado es su programa de arrendamiento subvencionado, dirigido a hogares con rentas reducidas y que permite acceder a determinados modelos eléctricos por menos de 200 euros al mes.

Alemania, por su parte, registró en septiembre un máximo histórico del 34,5% de coches eléctricos puros entre las nuevas matriculaciones, de acuerdo con los datos de la Autoridad Federal de Transporte Motorizado alemana. La cifra refleja un cambio significativo en uno de los mercados más importantes para la industria automovilística europea.

Las políticas públicas también están desempeñando un papel importante. En Alemania, el Gobierno anunció que había abonado 100.000 solicitudes de la nueva ayuda para coches eléctricos desde mayo. En paralelo, los límites europeos de emisiones de CO₂ siguen condicionando las decisiones de los fabricantes y favoreciendo la llegada de nuevos modelos eléctricos.

La experiencia de los países más avanzados lleva a Patrick Plötz, investigador del Instituto Fraunhofer de Sistemas e Innovación, a plantear una posibilidad relevante: alcanzar las primeras cuotas del 20% o el 30% puede llevar años, pero pasar del 30% al 80% podría ocurrir mucho más deprisa. Si esa dinámica se repite en otros mercados, la transición podría avanzar con una velocidad que hace poco parecía improbable.

Alemania podría acercarse a China más rápido de lo esperado

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China sigue siendo una referencia mundial en la expansión del coche eléctrico. Tanto en las ventas de vehículos nuevos como en el parque automovilístico, el país asiático presenta una penetración superior a la alemana. Sin embargo, un informe de la consultora Berylls, del que os hemos hablado el otro día, plantea una evolución que hace unos años habría resultado difícil de imaginar: Alemania podría llegar a superar a China en proporción de coches eléctricos dentro de su parque de turismos.

El punto de partida es muy diferente. En 2025, los coches eléctricos representaban aproximadamente el 4% del parque alemán, el número de coches matriculados, no ventas, frente a cerca del 8% en China. La previsión de la consultora contempla que la electrificación alemana avance con fuerza durante los próximos años, impulsada en parte por las normas europeas sobre emisiones, mientras que el crecimiento chino se modera.

En ese escenario, Alemania podría superar a China alrededor de 2032 o 2033. No se trata de una predicción segura, sino de una hipótesis condicionada a que ambas economías evolucionen según los supuestos utilizados en el cálculo. El propio análisis advierte de que se trata de una perspectiva optimista para Alemania.

La fecha de 2035 se queda vieja: Alemania ya apunta al 100% eléctrico mucho antes

Plötz se muestra más escéptico y no considera probable que el país europeo termine adelantando a China. Aun así, el escenario ofrece otra referencia interesante: a finales de la década de 2030, aproximadamente uno de cada dos turismos en circulación en Alemania podría ser eléctrico.

Esa evolución sería comparable a la experimentada por Noruega, aunque con diferencias importantes entre ambos mercados. Cuando la proporción de coches eléctricos alcanza niveles elevados, el cambio deja de limitarse a las decisiones de compra y empieza a transformar también las infraestructuras. En Noruega, por ejemplo, algunas estaciones de servicio están retirando surtidores de combustible para instalar puntos de recarga.

En definitiva, la transición no depende de un único factor ni avanzará al mismo ritmo en todos los países. El precio de compra, el coste de la energía, las ayudas públicas y la disponibilidad de modelos seguirán condicionando el mercado. Pero la combinación de estos elementos empieza a dibujar un escenario en el que el coche eléctrico podría dejar de ser una alternativa minoritaria mucho antes de lo previsto.

El diésel será uno de los primeros grandes damnificados, especialmente a medida que desaparezcan determinadas versiones de los catálogos y los modelos eléctricos mejoren su competitividad. Eso si, el verdadero punto de inflexión llegará cuando dar el salto al coche eléctrico no suponga para la mayoría de los conductores un sacrificio económico ni una renuncia a sus necesidades de movilidad. Y eso está más cerca que nunca.

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