
De la bancarrota al coche eléctrico: el giro radical de Etiopía gracias al coche eléctrico
Etiopía ha prohibido hace unos años la importación de coches de gasolina y está impulsando el coche eléctrico como vía para reducir su dependencia energética y aliviar sus cuentas públicas. En apenas dos años las ventas se han disparado y ya representan una parte significativa del parque móvil.

Durante años, el Gobierno de Etiopía ha tenido una losa difícil de sostener: subvencionar la gasolina para millones de conductores. Una factura multimillonaria que, en un país con una economía frágil, se convirtió en un problema estructural. Ahora, la solución no ha sido bajar impuestos ni recortar ayudas, sino algo mucho más drástico: prohibir la importación de coches con motor de combustión y apostar de lleno por el coche eléctrico.
La historia recogida por Bloomberg de la taxista etíope Bethelhem Eshetie resume bien este giro. Hace dos años dejó su taxi porque el precio de la gasolina y las averías de su viejo coche hacían imposible ganar dinero. “Ya no merecía la pena”, cuenta. Seis meses después volvió a la carretera, pero esta vez al volante de un BenBen E-Star, un coche eléctrico fabricado por la china Changan. Nuevo, fiable y, sobre todo, mucho más barato de mantener y del que destaca su comodidad, su climatización y el no tener que estar pasando por el taller cada poco tiempo.
Etiopía aprieta el acelerador eléctrico

En 2024, el Ejecutivo etíope prohibió la importación de coches con motor de combustión y redujo de forma drástica los aranceles a los eléctricos. No fue una decisión impulsada por cuestiones climáticas, sino por pura supervivencia económica. Tras años soportando el coste de las ayudas al combustible, el país entró en suspensión de pagos en 2023 y en 2024 recibió un rescate de 3.400 millones de dólares del Fondo Monetario Internacional.
Desde la prohibición de los coches de combustión interna, la adopción del coche eléctrico ha pasado de menos del 1% a casi el 6% del parque móvil total, no porcentaje de ventas, unas cifras que le colocan por encima de la media mundial del 4%. Puede parecer poco, pero en un país con apenas 13 coches por cada 1.000 habitantes —frente a los 73 de media en África— supone un cambio de tendencia importante.
Durante décadas, los altos aranceles hicieron que estrenar coche fuera un lujo inalcanzable para la mayoría. Con un PIB per cápita de unos 1.000 dólares, el mercado se llenó de coches usados importados. Ahora, con aranceles del 15% para coches eléctricos completos, del 5% para piezas y del 0% para vehículos desmontados que se ensamblan localmente, la ecuación ha cambiado: un eléctrico nuevo puede costar lo mismo que un gasolina de segunda mano.

En un concesionario de Adís Abeba, el BYD Seagull se vende por 3,6 millones de birr (unos 23.000 dólares), mientras que el BYD Atto 3 alcanza los 4,9 millones. Antes de la prohibición de la combustión, un Suzuki Dzire de gasolina usado superaba los 4,2 millones de birr. El salto es evidente.
El protagonismo en los escaparates es claro: BYD domina la oferta. Pero no está sola. También se venden modelos eléctricos de Toyota, Honda, Citroën, Volkswagen y la vietnamita VinFast.
Otro factor clave es la financiación. Los bancos, reacios a prestar dinero para coches usados de combustión, ven con mejores ojos los eléctricos nuevos. La tecnología es más moderna, el mercado está creciendo y la política gubernamental es clara: el futuro es eléctrico.
Energía propia, fábricas locales y un objetivo ambicioso

La apuesta tiene sentido en un país que produce electricidad barata gracias a grandes inversiones en generación. La presa del Gran Renacimiento Etíope, terminada en 2025 con una potencia de 5.15 GW, permite al país incluso exportar energía a Kenia, Tanzania y Yibuti. El coste del kWh ronda los 8 céntimos de euro al cambio, aproximadamente la mitad que en algunos países vecinos.
Para poner esto en contexto, las gasolinas tienen un precio de 122,53 Birr etíopes (ETB) por litro, lo que equivale a unos 0,67 euros por litro. Precio como recordamos subvencionado por el estado. Con estos datos, recorrer 100 km con un coche eléctrico tendrá un coste de 1,20 euros al cambio, mientras que uno gasolina sube hasta los 4,02 euros. Y eso sin contar el resto de costes operativos.
“Queremos soberanía energética”, explican desde el Ministerio de Transporte. Como importador neto de combustible, Etiopía sufre las oscilaciones del mercado internacional. Con el coche eléctrico, en cambio, la energía se produce en casa y el precio lo fija el propio país.
En paralelo, está creciendo una incipiente industria local de ensamblaje. En Sheger City, a unos 40 kilómetros de la capital, el grupo Belayneh Kindie ensambla minibuses eléctricos de 15 plazas con tecnología de la china Nanjing Golden Dragon Bus. La administración de Adís Abeba ya ha comprado 150 minibuses y 100 autobuses eléctricos para el transporte público.

Actualmente hay 17 plantas de ensamblaje de coches eléctricos en el país y el objetivo es llegar a 60 en 2030. No se trata de fabricar desde cero, sino de aportar valor montando los vehículos localmente, algo mucho más realista en una economía donde la industria manufacturera representa menos del 7% del PIB.
El mercado, eso sí, sigue siendo pequeño: apenas 1,7 millones de vehículos para una población de 130 millones. Las cifras oficiales hablan de más de 100.000 eléctricos en circulación, aunque otras estimaciones anteriores a la prohibición los situaban en 30.000. En cualquier caso, el crecimiento ha sido rápido, aunque algunos expertos dudan de que pueda mantenerse a este ritmo.
La infraestructura es otro reto. El Gobierno ha obligado a gasolineras y concesionarios a instalar cargadores y ya hay unos 500, principalmente en la capital, aunque solo Adís Abeba necesitaría al menos 1.000. La mayoría son de carga lenta, con tiempos de cuatro a seis horas, y apenas hay un puñado de cargadores rápidos capaces de completar la batería en unos 30 minutos. Ethio Telecom ha instalado tres estaciones rápidas con 16 puntos cada una, mientras TotalEnergies integra cargadores en sus estaciones.
Además, el acceso a la electricidad fuera de las grandes ciudades sigue siendo limitado: solo el 55% de la población tiene suministro eléctrico, lo que complica una transición masiva a corto plazo.
El plan presentado en 2025 fija un objetivo ambicioso: alcanzar 500.000 coches eléctricos en 2032. Una cifra que contrasta con el documento de 2021, donde el coche eléctrico apenas se mencionaba dos veces.
Mientras tanto, los primeros usuarios ya ejercen de embajadores. Bethelhem, la taxista que volvió a trabajar gracias a su eléctrico, se ha convertido en toda una referente en redes sociales, con 180.000 seguidores en TikTok y un canal de Telegram con 3.000 miembros. “Cuando me ven conduciendo un coche eléctrico, muchos pitan para preguntarme”, cuenta. En Etiopía, el coche eléctrico ya no es una rareza: empieza a ser parte del paisaje.


