De sensación viral a experimento fallido: qué ha pasado con el restaurante de Tesla

El restaurante de Tesla en Los Ángeles nació como una experiencia llamativa ligada a la recarga de coches eléctricos. Tras un arranque espectacular, el interés se ha desplomado en apenas seis meses. Hoy es un reflejo más de las dificultades que atraviesa la marca para mantener su atractivo con decisiones controvertidas con malos resultados.

De sensación viral a experimento fallido: qué ha pasado con el restaurante de Tesla

Publicado: 05/01/2026 12:00

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Tesla abrió su Diner en Los Ángeles en julio de 2025 con una idea muy clara: convertir una simple parada de recarga en un destino al que realmente apeteciera ir. Nada de un restaurante anodino junto a unos cargadores rápidos. La propuesta era mucho más ambiciosa: estética retrofuturista, guiños constantes a la cultura estadounidense, mucho marketing alrededor de la marca y la promesa de que cargar un coche eléctrico, como el Tesla Model Y, podía ser casi un plan de ocio. Durante unas semanas, la jugada pareció salirle perfecta. Seis meses después, la realidad es muy distinta.

Lo que nació como una sensación viral en redes sociales se ha transformado en una parada casi fantasma. Las colas interminables son cosas del pasado, el interés se ha diluido y el proyecto empieza a ser visto más como un experimento fallido que como el inicio de una nueva forma de entender la recarga.

De fenómeno viral a parada vacía en tiempo récord

De sensación viral a experimento fallido: qué ha pasado con el restaurante de Tesla

En sus primeros días, el Tesla Diner era puro espectáculo. Llegó a servir cerca de 1.000 hamburguesas al día, las colas daban la vuelta a la manzana y las redes se llenaban de fotos y vídeos de curiosos y seguidores de la marca. El restaurante se planteó desde el primer momento como una experiencia antes que como un simple sitio donde comer, con la imagen de Tesla omnipresente en cada rincón. Durante un breve periodo, funcionó.

Pero a comienzos de 2026 el panorama ha cambiado de forma radical. Los visitantes recientes describen un aparcamiento prácticamente vacío, con más personal que clientes, y un ambiente que poco tiene que ver con el entusiasmo inicial. Algunos elementos del menú, pensados claramente como reclamo, han desaparecido sin hacer ruido. A esto se suma la salida del chef mediático Eric Greenspan a finales de noviembre de 2025, un movimiento que restó todavía más credibilidad al conjunto.

Lo que queda hoy es un local limpio y bien cuidado, pero con precios difíciles de justificar y una propuesta que no termina de enganchar. Una comparación que se repite entre los clientes es clara: recuerda demasiado a un concesionario de Tesla, donde todo luce impecable, pero el coste siempre parece excesivo.

El momento tampoco acompaña. Tesla atraviesa una etapa complicada, con BYD superándola como el mayor vendedor mundial de coches eléctricos y con las ventas cayendo a mínimos de los últimos cuatro años en noviembre. El declive del restaurante encaja demasiado bien con ese contexto.

De sensación viral a experimento fallido: qué ha pasado con el restaurante de Tesla

Las valoraciones reflejan bien ese cambio de percepción. Aunque el restaurante mantiene una nota media de 3,9 estrellas en Google, basada en 994 reseñas, el detalle es importante: las primeras opiniones, escritas en plena euforia, son mayoritariamente positivas. Las más recientes cuentan otra historia. Se repiten las quejas por el servicio lento, los precios elevados, la falta de plazas para quienes no llegan en un Tesla y, sobre todo, la sensación de que lo “futurista” se queda en la superficie.

Desde el principio, el Tesla Diner fue más un ejercicio de imagen de marca que un proyecto gastronómico sólido. Eso, en sí mismo, no es un problema. Muchas marcas viven de crear experiencias. El fallo llega cuando el ruido inicial se apaga y el producto tiene que defenderse por sí solo. En este caso, el restaurante no es lo bastante barato para competir con los diners clásicos, ni lo bastante innovador para justificar todo lo que prometía, ni lo bastante acogedor para atraer a gente ajena al ecosistema Tesla.

Un proyecto que ejemplifica una dinámica desconectada de la realidad que corre el riesgo de llevarse por delante un gran trabajo de los últimos años realizado por Tesla, que va camino de la irrelevancia con una competencia cada vez más exigente, y con el lastre de la imagen y las decisiones de un Elon Musk que hace tiempo que ha sido amortizado para Tesla.

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