La energía solar lidera el crecimiento mundial en 2025 mientras los coches eléctricos frenan el consumo de petróleo

La demanda energética mundial crece en un escenario donde la energía solar lidera el cambio y los coches eléctricos empiezan a frenar el consumo de petróleo; la transición avanza, aunque con diferencias entre regiones.

La energía solar lidera el crecimiento mundial en 2025 mientras los coches eléctricos frenan el consumo de petróleo

Publicado: 20/04/2026 11:00

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La demanda energética mundial sigue creciendo, pero lo hace a un ritmo más moderado. Según los datos de la Agencia Internacional de la Energía, en 2025 el aumento fue del 1,3%, ligeramente por debajo del año anterior y también del promedio de la última década, que se situaba en el 1,4%. Detrás de esta desaceleración hay varios factores: una economía global menos dinámica, temperaturas menos extremas en algunas regiones y, sobre todo, una expansión cada vez más rápida de tecnologías más eficientes.

Sin embargo, hay un dato que destaca por encima del resto: el consumo eléctrico sigue disparado. Creció cerca de un 3%, muy por encima del conjunto de la demanda energética. Aunque esta cifra es algo inferior a la de 2024, sigue claramente por encima de la media de los últimos diez años. Aquí entran en juego varios elementos, desde una menor necesidad de refrigeración en zonas como India o el sudeste asiático, hasta el empuje de sectores como la industria, los edificios… y por supuesto, el auge de los coches eléctricos y los centros de datos.

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Para cubrir este incremento de la demanda, todas las fuentes energéticas han crecido, pero no al mismo ritmo. La energía solar fotovoltaica ha sido la gran protagonista, convirtiéndose por primera vez en la principal fuente de crecimiento del suministro energético mundial. Por sí sola, ha aportado más de una cuarta parte del incremento total. Por detrás queda el gas natural, con un 17%. Si sumamos renovables y energía nuclear, ambas han cubierto casi el 60% del aumento de la demanda, superando incluso el crecimiento total del consumo eléctrico.

En paralelo, la demanda mundial de petróleo también ha subido, aunque de forma mucho más contenida: un 0,7%, en línea con las previsiones. Aquí es donde entra en juego el papel de los coches eléctricos. El crecimiento de estos modelos está limitando cada vez más el consumo de combustibles en el transporte por carretera, lo que empieza a notarse en las cifras globales.

Y es que 2025 ha sido otro año récord para este tipo de vehículos. Las ventas han superado los 20 millones de unidades, lo que supone un crecimiento de más del 20% respecto al año anterior. Traducido: uno de cada cuatro coches vendidos en el mundo ya es eléctrico. Una tendencia que no solo cambia el mercado del automóvil, sino que también empieza a tener impacto directo en el sistema energético global.

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El carbón, por su parte, ha seguido una evolución desigual. En China, el crecimiento de las renovables ha reducido su uso en la generación eléctrica. Sin embargo, en Estados Unidos ha ocurrido lo contrario: el aumento del precio del gas ha provocado un retorno parcial al carbón. En conjunto, eso sí, el crecimiento de la demanda de este combustible se ha ralentizado.

Fatih Birol, director ejecutivo de la IEA, lo resume de forma bastante clara: el consumo energético global sigue aumentando en un contexto económico y geopolítico complejo, pero hay una tendencia evidente que lo está cambiando todo: la electrificación progresiva de la economía. Y dentro de ese proceso, la electricidad está creciendo mucho más rápido que el conjunto de la energía.

Si bajamos al detalle por regiones, las diferencias son notables. En Estados Unidos, la demanda energética ha registrado uno de los mayores crecimientos del siglo, impulsada por factores como el auge de los centros de datos, una industria fuerte y un invierno especialmente frío. China, aunque sigue liderando el crecimiento global en términos absolutos, ha reducido su ritmo hasta el 1,7%, debido en parte al avance de las renovables y a mejoras en eficiencia.

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Otro punto interesante del informe es la evolución de las emisiones. En 2025, el crecimiento de las emisiones globales de CO2 relacionadas con la energía se ha frenado hasta el 0,4%. Es un avance, aunque todavía insuficiente para hablar de una reducción real a gran escala.

China ha conseguido reducir sus emisiones gracias al fuerte impulso de las energías renovables y otras tecnologías de bajas emisiones. En India, las emisiones se han mantenido prácticamente estables por primera vez desde los años 70 (si dejamos fuera el paréntesis de la pandemia), en parte gracias a una temporada de monzones especialmente intensa.

En cambio, las economías avanzadas han ido en dirección contraria. Un invierno más frío de lo habitual ha incrementado el uso de combustibles fósiles, lo que ha provocado un aumento de emisiones del 0,5%, por encima del 0,3% registrado en países emergentes y en desarrollo. Es la primera vez desde los años 90 que ocurre algo así.

En el sector eléctrico, la energía solar ha vuelto a marcar un récord histórico. En 2025 se añadieron 600 GW de generación solar, el mayor incremento anual jamás registrado por una tecnología energética. Esto ha contribuido directamente a reducir la generación eléctrica basada en carbón.

Pero no solo la solar está avanzando a gran velocidad. El almacenamiento con baterías se ha convertido en la tecnología que más crece dentro del sector eléctrico. Durante 2025 se instalaron unos 275 GWh de nueva capacidad, superando incluso los mayores aumentos históricos del gas natural. Además, se ha iniciado la construcción de más de 12 gigavatios en nuevos reactores nucleares.

Si miramos el impacto acumulado desde 2019, el despliegue de tecnologías de bajas emisiones ya está evitando cada año un consumo de combustibles fósiles equivalente a toda la demanda energética de América Latina. No es poca cosa. De hecho, el uso de energías como la solar, la eólica o sistemas como las bombas de calor está reduciendo una cantidad de gas natural similar a la mitad de todas las exportaciones mundiales de gas licuado.

En resumen, el sistema energético global está cambiando, pero lo hace a dos velocidades. Por un lado, las renovables, la electrificación y tecnologías como los coches eléctricos avanzan con fuerza. Por otro, los combustibles fósiles siguen teniendo un peso importante, especialmente en momentos de alta demanda o condiciones climáticas adversas. La transición está en marcha, pero todavía queda recorrido.

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