
La guerra en Oriente Medio interrumpe las exportaciones de coches chinos y afectará a Europa
La guerra en Oriente Medio está afectando de lleno a las exportaciones de coches chinos, especialmente por el papel estratégico de Dubái como centro logístico, algo que tendrá efectos en mercados como Europa, donde puede haber fuertes retrasos en los nuevos envíos.

La guerra en Oriente Medio iniciada por Estados Unidos e Israel contra Irán no solo está sacudiendo el tablero geopolítico. También está empezando a pasar factura a los coches eléctricos y térmicos chinos que buscan crecer fuera de sus fronteras, y lo hace en uno de los mercados clave para su expansión y también como nudo de conexión con Europa: Oriente Medio.
En 2025, China exportó a Emiratos Árabes Unidos cerca de 600.000 vehículos, lo que lo convirtió en el tercer mayor destino de sus exportaciones de automóviles. No es una cifra menor. Pero el actual conflicto entre Estados Unidos, Israel e Irán ha alterado un equilibrio que, aunque frágil, permitía a muchas marcas operar con relativa normalidad.
Según fuentes del sector citadas por medios económicos chinos, el negocio en Irán está prácticamente paralizado. Un directivo de una empresa estatal explicaba que su actividad allí se ha detenido por completo, y que otros mercados de la región también están sufriendo el impacto indirecto.
Dubái, el gran embudo del coche chino, en riesgo

Durante años, Dubái ha funcionado como un auténtico centro logístico para los fabricantes chinos. Muchas operaciones no iban directamente a Irán, sino que utilizaban Emiratos como punto intermedio desde el que se redistribuían coches hacia Oriente Medio, así como hacia mercados del norte y oeste de África y Europa.
Ahora, ese papel estratégico está en entredicho. “Ese centro ya no es seguro”, explicaba un exportador. Y cuando el nodo se tambalea, toda la red se resiente.
En el caso concreto de Irán, las marcas chinas han seguido principalmente dos caminos. Por un lado, fabricantes como Chery, Changan o Dongfeng han apostado por acuerdos con socios locales para el ensamblaje de coches en el propio país, bajo un modelo de inversión ligera. Es decir, menos exposición directa y más colaboración industrial sobre el terreno.
Por otro lado, hay fabricantes, distribuidores e importadores que optaban por la vía más tradicional: exportar el coche completo desde China, utilizando Emiratos —especialmente Dubái— como plataforma de tránsito antes de su llegada final a Irán.
Con el estrecho de Ormuz prácticamente bloqueado y la logística regional en mínimos, este modelo ha quedado tocado. El transporte marítimo se ha encarecido, las aseguradoras han elevado primas y, en algunos casos, simplemente no hay garantías suficientes para operar con normalidad.
El efecto dominó alcanza a Europa

Lo preocupante para las marcas chinas no es solo el parón en Irán. Es el efecto dominó. Oriente Medio no es un mercado aislado: es una pieza más dentro de una estrategia global de expansión que incluye África y, por supuesto, Europa.
Si Dubái pierde su papel como centro de redistribución, no solo se complica el acceso a Irán. También se ralentizan envíos hacia otros destinos emergentes. Y en un contexto en el que China está redoblando esfuerzos para colocar su producción en el extranjero ante la desaceleración interna, cualquier freno logístico es una mala noticia.
Además, Europa observa con atención. Muchas marcas chinas que han comenzado a desembarcar en el Viejo Continente, dependen de una cadena logística global optimizada al milímetro. Si los costes de transporte suben o los plazos se alargan por la inestabilidad en Oriente Medio, el impacto se sentirá también en los concesionarios europeos.

No se trata solo de tiempos de entrega. También de precios. Un aumento sostenido de los costes logísticos puede terminar trasladándose al cliente final, justo cuando el mercado europeo de coches eléctricos atraviesa una fase de ajuste tras el fin de algunas ayudas públicas.
A esto se suma el incremento de los costes de los combustibles, que hará que aumente el interés en los coches eléctricos, lo que tensará más la relación oferta y demanda, lo que puede dar como resultado incremento de precios, y plazos de entrega más largos.
De momento, las marcas chinas mantienen la prudencia y evitan hacer declaraciones públicas contundentes. Pero en privado reconocen que la situación es complicada y que, si el conflicto se prolonga, tendrán que replantear rutas, alianzas y prioridades.
La expansión internacional del coche chino no se detiene, pero sí se vuelve más incierta. Y en un sector donde la planificación logística es casi tan importante como la tecnología o el precio, la guerra en Oriente Medio ha introducido una variable que nadie quería en la ecuación.
Fuente | Caixin



