La Gran Muralla solar de China: 100.000.000 kW que están transformando un desierto

China levanta en pleno desierto una de las mayores infraestructuras solares del planeta para sostener el auge del coche eléctrico, pero más allá de generar energía limpia, el proyecto está transformando el entorno.

La Gran Muralla solar de China: 100.000.000 kW que están transformando un desierto
Muralla solar de China

Publicado: 16/02/2026 08:48

8 min. lectura

China tiene claro que si quiere que millones de coches eléctricos circulen por sus ciudades sin disparar las emisiones, necesita algo más que fábricas de baterías y marcas potentes como BYD o Volkswagen produciendo a toda máquina. Necesita electricidad limpia en cantidades descomunales. Y eso es exactamente lo que está levantando en pleno desierto.

En la región autónoma de Mongolia Interior, en el desierto de Kubuqi, el gigante asiático está construyendo una infraestructura que impresiona incluso para los estándares chinos: la llamada Gran Muralla Solar. Un proyecto que, más allá de alimentar la movilidad eléctrica, está provocando un efecto ambiental que nadie esperaba.

La transición hacia el coche eléctrico no se sostiene solo con buenos datos de ventas. Si la electricidad que los recarga procede de carbón, el beneficio climático se diluye. Por eso China, que ya es el mayor mercado mundial de coches eléctricos, ha decidido atacar el problema por la base: generar energía limpia a escala masiva y hacerlo en zonas donde no compita con la agricultura ni genere tensiones sociales.

En Kubuqi, un territorio castigado por la desertificación, está tomando forma una franja de paneles solares que, cuando esté terminada, se extenderá a lo largo de 400 kilómetros con una anchura media de 5 kilómetros. El objetivo es alcanzar en 2030 una capacidad de 100 GW, es decir, 100.000.000 kW. Una cifra que, por sí sola, supera la potencia total instalada de muchos países desarrollados.

Hoy el proyecto ya suma más de 5,4 GW en sus primeras fases, con instalaciones destacadas como la Estación Solar Junma o la Base de Nueva Energía del Centro-Norte de Ordos. No es casualidad que China concentre ya más del 50% de la capacidad solar instalada del planeta. Aquí no se trata de anuncios, sino de hormigón, acero y silicio desplegados en kilómetros y kilómetros de arena.

Ingeniería para blindar el futuro energético

Decían que los macroparques solares arrasaban el entorno y ha ocurrido justo lo contrario

El nombre de Gran Muralla Solar no es un simple recurso publicitario. Igual que la histórica Gran Muralla China simbolizaba protección frente a amenazas externas, esta nueva muralla energética busca proteger al país frente a la escasez energética y la dependencia de combustibles fósiles.

La decisión estratégica ha sido clave: levantar estos macroparques en zonas áridas como Kubuqi o el desierto alpino de Qinghai. A diferencia de lo que ocurre en buena parte de Europa, donde cada gran planta solar suele abrir el debate sobre el uso de tierras cultivables, aquí se aprovechan terrenos sin valor agrícola. Donde antes solo había arena y viento, ahora hay generación eléctrica y, sorprendentemente, vida.

Porque lo más llamativo del proyecto no es solo su tamaño, sino lo que está pasando bajo los paneles

Decían que los macroparques solares arrasaban el entorno y ha ocurrido justo lo contrario

En un principio, la instalación tenía dos objetivos claros: producir electricidad y ayudar a fijar las dunas. Pero los investigadores se han encontrado con algo más. La sombra proyectada por los paneles está modificando el microclima del desierto.

Al cubrir parcialmente el suelo, los paneles reducen de forma notable la radiación directa sobre la arena. Esto provoca que la temperatura superficial pueda bajar hasta 10 grados. Puede parecer un detalle menor, pero en un entorno extremo como este es la diferencia entre que el agua se evapore en cuestión de horas o permanezca el tiempo suficiente para que algo crezca.

Los estudios sobre el terreno muestran que la humedad del suelo en las zonas sombreadas ha aumentado entre un 15% y un 20%. Es decir, los paneles actúan como una especie de cubierta artificial que protege el suelo del calor extremo y retiene la poca agua disponible.

La sombra que genera vida

Los expertos avisan: la energía solar está muriendo en España

Ese pequeño cambio térmico ha desencadenado un efecto en cadena. Donde antes apenas sobrevivían algunas especies resistentes, ahora empieza a verse una mayor cobertura vegetal. Arbustos y pastos encuentran un entorno ligeramente más amable para desarrollarse. La reducción del estrés hídrico permite que las plantas no solo broten, sino que se mantengan.

Con más vegetación llegan también más microorganismos y una biodiversidad que hasta hace poco era impensable en determinadas zonas del desierto. El suelo mejora su capacidad para retener agua y nutrientes, y la erosión provocada por el viento se reduce de forma significativa.

En términos prácticos, la infraestructura diseñada para alimentar millones de coches eléctricos está funcionando también como herramienta activa contra la desertificación. No se trata solo de generar electricidad limpia, sino de revertir, al menos en parte, la degradación de un ecosistema.

El proyecto ya dedica unas 230.000 mu, aproximadamente 15.300 hectáreas, al control de arena asociado a la fotovoltaica. Es una escala difícil de imaginar desde Europa, donde cada hectárea suele ser motivo de discusión. Aquí hablamos de miles de hectáreas transformadas gracias a una infraestructura energética.

Todo esto encaja en una estrategia más amplia: garantizar que el crecimiento del coche eléctrico en Asia se apoye en una red eléctrica cada vez más limpia. Si el plan se cumple y en 2030 se alcanzan los 100 GW previstos, la electricidad procedente de Kubuqi será uno de los pilares que sostengan esa movilidad sin emisiones directas.

La Gran Muralla Solar no es solo una central eléctrica gigantesca. Es un experimento real a cielo abierto que cuestiona la idea de que las grandes plantas solares son necesariamente agresivas con el territorio. En Kubuqi, la intervención humana no solo no ha empeorado el entorno, sino que está ayudando a regenerarlo.

En un momento en el que el coche eléctrico avanza a toda velocidad y la demanda energética no deja de crecer, este tipo de proyectos marcan la diferencia. Porque la movilidad eléctrica solo tiene sentido si detrás hay una generación limpia y sostenible. Y si, además, consigue que un desierto empiece a reverdecer, el impacto es doble.

Este artículo trata sobre...

Pixel