
Un coche eléctrico por menos de 5.000 euros: el Mitsubishi i-MiEV tiene sus pros y sus contras
El mercado de segunda mano empieza a poner al alcance de muchos conductores algunos de los primeros coches eléctricos que llegaron al mercado; el Mitsubishi i-MiEV es uno de los ejemplos más llamativos por su enorme depreciación; hoy puede convertirse en una alternativa muy económica para determinados desplazamientos, aunque su edad obliga a mirar mucho más allá del precio.

Si alguien piensa que para conducir un coche eléctrico hay que gastar mucho dinero, el mercado de segunda mano empieza a demostrar que ya no es así. Otra cosa muy distinta es que cualquier coche eléctrico barato sea una buena compra, y ahí es donde conviene mirar con bastante más cuidado. Hay modelos antiguos que pueden resultar interesantes para determinados usos, pero también pueden convertirse rápidamente en una fuente de gastos si su batería está muy degradada.
Uno de los ejemplos más llamativos es el Mitsubishi i-MiEV, un pequeño coche eléctrico que fue uno de los pioneros de la electrificación moderna y que hoy ha quedado prácticamente olvidado y que es hermano de los Citroen C-Zero y Peugeot iOn, que comparten base tecnológica.
En España las unidades que actualmente aparecen anunciadas en los portales de ocasión rondan los 5.000 euros. Coches del años 2013 o 2014, que habitualmente tienen pocos kilómetros por la propia filosofía urbana de este modelo. Sus hermanos de Stellantis tienen precios incluso más bajos, con unidades por debajo de los 75.000 km por unos 4.000 euros. Y eso el precio de venta, que no siempre es el precio final.

Y es precisamente ahí donde el Mitsubishi i-MiEV empieza a resultar curioso. Cuando llegó al mercado español a finales de 2010, era todo lo contrario a un coche barato. Su precio oficial antes de impuestos y ayudas era de 29.153 euros.
Hoy, más de quince años después, aquel pequeño Mitsubishi puede encontrarse por una fracción de lo que costaba nuevo. Es uno de esos casos en los que la depreciación juega completamente a favor del comprador, aunque también deja claro el problema de los primeros coches eléctricos: una batería envejecida puede ser mucho más importante que el precio de compra.
Un coche diminuto pensado para la ciudad

El diseño del Mitsubishi i-MiEV siempre fue peculiar. Con 3,48 metros de longitud, 1,47 metros de anchura y 1,61 metros de altura, tiene unas dimensiones perfectas para moverse por calles estrechas y aparcar prácticamente en cualquier sitio. Su carrocería elevada y extremadamente compacta recuerda más a un pequeño utilitario japonés que a los coches eléctricos que estamos acostumbrados a ver actualmente.
El interior tampoco busca convertirse en un coche familiar. Tiene cuatro plazas y un maletero de 166 litros, por lo que sus posibilidades están claramente condicionadas por su tamaño. A cambio, la posición elevada de los ocupantes y las reducidas dimensiones hacen que sea un coche bastante manejable en ciudad.
Para la época tampoco estaba especialmente mal equipado. El i-MiEV podía incorporar aire acondicionado, elevalunas eléctricos, llantas de aleación, Bluetooth, conexión USB, iluminación trasera mediante LED, sensor de lluvia y encendido automático de las luces. En materia de seguridad disponía además de ABS, control de estabilidad y varios airbags.

En el apartado mecánico encontramos un motor eléctrico de 67 CV, aunque algunas referencias comerciales de la época hablaban de 64 CV, con 180 Nm de par y tracción trasera. El motor está situado en la parte posterior y se combina con una transmisión automática de una sola relación, una configuración que contribuye a que el pequeño Mitsubishi tenga una respuesta bastante inmediata en ciudad.
La energía procede de una batería de 16 kWh, con unos 15,2 kWh de capacidad útil según las fichas técnicas. Cuando era nuevo, Mitsubishi anunciaba hasta 150 kilómetros de autonomía bajo el infame ciclo NEDC.
Con una unidad que ya acumula quince años y ente 50.000 y 90.000 km, hablar de 150 kilómetros de autonomía no tiene demasiado sentido. El estado de la batería es la gran incógnita y puede cambiar completamente la experiencia de conducción entre una unidad y otra. En verano posiblemente podamos lograr unos 100 km en ciudad, mientras que en invierno esa cifra puede caer de forma importante. Si tenemos que salir a autovía, entonces menos todavía,
La recarga tampoco tiene mucho que ver con la de un coche eléctrico moderno. El i-MiEV puede cargar en corriente alterna a 3,7 kW, con un tiempo aproximado de unas seis horas para completar la batería. También dispone de carga rápida mediante CHAdeMO, una tecnología que llegó a ofrecer potencias cercanas a los 40-50 kW dependiendo de la versión y del cargador utilizado, aunque cada vez es más difícil encontrar una toma de este formato.

El problema es que comprar un i-MiEV por 4 o 5 mil euros no significa necesariamente comprar un coche eléctrico barato. Antes de cerrar la operación habría que comprobar el estado real de la batería, porque una unidad con mucha degradación puede tener una autonomía demasiado limitada para las necesidades del comprador. También conviene revisar el sistema de carga, el estado del motor, los elementos de suspensión y, especialmente, el historial de mantenimiento.
Por eso el Mitsubishi i-MiEV tiene sentido para un perfil muy concreto. Alguien que necesite un segundo coche para ir a trabajar, hacer compras, llevar a los niños al colegio o moverse por una ciudad puede encontrar en él una solución sorprendentemente económica. Si además puede cargar en casa y apenas recorre unas decenas de kilómetros al día, sus limitaciones dejan de ser tan importantes.
Pero si el objetivo es tener un único coche para todo, la historia cambia radicalmente. En ese caso merece la pena mirar alternativas como un Kia Soul EV o un Renault Zoe, aunque el precio de compra subirá y en determinadas versiones del Zoe hay que comprobar además si la batería es propiedad del comprador o está vinculada a un contrato de alquiler.
La pregunta ya no es si se puede comprar un coche eléctrico por menos de 5.000 euros. Se puede. La cuestión importante es saber qué coche eléctrico estamos comprando y cuánta batería queda realmente después de tantos años. En un modelo tan antiguo, pagar un poco más por una unidad en buen estado puede ser mucho más inteligente que quedarse con el anuncio más barato.
Opinión

El Mitsubishi i-MiEV es uno de esos coches que hoy pueden parecer absurdos sobre el papel, pero que empiezan a tener sentido cuando se analiza el uso real. Si alguien necesita un segundo coche para moverse 20 o 30 kilómetros diarios, que sea extremadamente fácil de aparcar, y que puede hacer exactamente el mismo trabajo que otro automóvil mucho más caro, esta es una buena opción.
Lo que sí es que hay que ver bien el tema del estado de la batería. La buena noticia es que el Mitsubishi i-MiEV utilizaba una batería de 16 kWh formada por 88 celdas LEV50 de GS Yuasa, con una química basada en óxido de manganeso de litio. Una química con fama de ser bastante resistente al paso de los años y los km. Pero como siempre, lo ideal es tener un certificado, o hacer una prueba de autonomía.
La conclusión es que por muy poco dinero podemos comprar un coche eléctrico de primera generación. No tendrá mucha autonomía, pero nos llevará y traerá con un coste operativo muy bajo. Y por menos de 5.000 euros, no es un riesgo muy alto dados los elevados beneficios que podremos lograr.


