
¿Por qué los coches eléctricos se deprecian tan rápido? Un problema convertido en oportunidad
La forma que tienen de depreciarse los coches nuevos eléctricos y de combustión es completamente diferente una vez que salen del concesionario. Y no es una razón de uso, tiene más que ver con lo rápido que avanzan los desarrollos tecnológicos.

Los coches eléctricos de última generación están vistos como auténticos smartphones sobre ruedas, sobre todo por la ingente cantidad de tecnología a bordo. Pero no solo por eso: estos vehículos están experimentando un fenómeno parecido a los de los teléfonos inteligentes, y es su rápida depreciación por culpa del progreso tecnológico.
El mismo factor que hace atractivos a los coches eléctricos en la actualidad es, también, el que provoca que se destruya su valor de reventa. Decimos en los últimos tiempos que la tecnología de electrificación en el automóvil avanza a pasos agigantados, y es cierto. Especialmente empujados por las marcas chinas, que han reducido los tiempos de desarrollo de forma considerable.
Esto provoca que un coche eléctrico que tenga apenas 2 o 3 años parece ya “viejo”, sobre todo si lo comparamos con los ciclos de renovación y depreciación de sus equivalentes térmicos. Los saltos tecnológicos son casi constantes a cada coche que se presenta, con avances importantes en autonomía, tiempos de carga y en todo lo que trae consigo el software actualizado.
El resultado es evidente: los coches nuevos pierden muchísimo más valor siendo eléctricos que los de combustión. Los costes de sus baterías bajan cada vez más, aparecen coches más baratos, a lo que hay que sumar la guerra de precios y los fuertes descuentos que ofrecen las marcas. Hace unos años vivimos una situación polémica con las agresivas políticas de reducción de precios de Tesla, que ocasionó que muchas flotas perdiesen miles de euros en el valor residual de sus coches eléctricos.

Esto tiene también, como vemos, un efecto directo en los precios cuando llegan al mercado de segunda mano, a lo que se suma otro factor importante que los empuja todavía más hacia abajo y que tiene que ver con la inmadurez, todavía, de este mercado. Y es el desequilibrio entre la oferta y la demanda, generada por la incertidumbre entre los conductores sobre la autonomía real y estado de las baterías, su degradación…
Es lo que tratan de explicar los expertos en el Frankfurter Allgemeine Zeitung, apuntando a que sus equivalentes térmicos tienen menos riesgos en términos de innovaciones revolucionarias, lo que hace que sus precios sean más estables en el mercado de segunda mano. «Los vehículos convencionales con motor de combustión siguen beneficiándose de una demanda estable, una tecnología madura y una menor percepción de riesgos tecnológicos», apunta Simon Schnurrer, socio de la consultora Oliver Wyman
«En lo que respecta al valor residual, los coches eléctricos suelen seguir la lógica de los productos tecnológicos. Los coches eléctricos o los teléfonos móviles tienden a depreciarse debido a los avances tecnológicos, no al uso ». Como en los teléfonos, con el claro ejemplo de los iPhone, si un coche eléctrico nuevo llega con mejor tecnología y se abarata repentinamente, el modelo usado pierde automáticamente su atractivo y, en consecuencia, su valor residual.
Esto también se convierte en una gran oportunidad para los que busquen un coche eléctrico usado. Esta depreciación no es solo un problema, también es una gran oportunidad y permite encontrar grandes ofertas: coches eléctricos de 3 años, por ejemplo, a mitad de precio, con tecnología todavía bastante avanzada. Quizás sean consideren por muchos como desfasados técnicamente, pero son ampliamente funcionales.



