"Los pequeños reactores nucleares se venden como el futuro, pero un estudio pone en duda que puedan ser competitivos

Los pequeños reactores modulares se han convertido en una de las grandes apuestas para el futuro de la energía nuclear; sin embargo, un nuevo análisis pone el foco en las dificultades económicas que pueden encontrarse por el camino; las previsiones realizadas durante décadas tampoco han conseguido acertar con la evolución real de esta tecnología.

"Los pequeños reactores nucleares se venden como el futuro, pero un estudio pone en duda que puedan ser competitivos
Reactor SMR

Publicado: 21/08/2026 19:00

12 min. lectura

La energía nuclear vuelve a aparecer de forma recurrente como una de las grandes soluciones para afrontar el aumento de la demanda eléctrica y reducir las emisiones. Dentro de esta apuesta, los pequeños reactores modulares, conocidos como SMR, se han presentado como una alternativa capaz de cambiar las reglas del juego. El problema es que, cuando se analizan sus costes y las previsiones realizadas durante las últimas décadas, la realidad resulta bastante menos prometedora.

Un estudio de la Universidad Técnica de Berlín, financiado por la Oficina Federal para la Seguridad de la Gestión de Residuos Nucleares de Alemania (BASE), ha revisado datos económicos y previsiones científicas realizadas durante los últimos 60 años. La conclusión es llamativa: la energía nuclear lleva décadas siendo presentada como una tecnología destinada a dominar la generación eléctrica, pero su crecimiento mundial lleva más de 40 años prácticamente estancado.

Y, según el estudio, el problema no comenzó con el accidente de Chernóbil. El frenazo de la energía nuclear habría empezado mucho antes, concretamente con el final de la expansión de nuevas centrales en Estados Unidos durante la década de 1970. Desde entonces, las previsiones sobre el futuro de esta tecnología han vuelto a apostar una y otra vez por un fuerte crecimiento que nunca terminó de materializarse.

Las previsiones fallidas no se limitan al número de centrales que se iban a construir. También se ha sobreestimado repetidamente la capacidad de la industria para reducir los costes. Durante décadas se han publicado escenarios en los que la energía nuclear alcanzaría una posición dominante gracias a una combinación de crecimiento acelerado, mejoras tecnológicas y reducción de precios. La realidad, sin embargo, ha quedado muy lejos de esas expectativas.

El problema económico de los reactores SMR

Los SMR iban a revolucionar la energía nuclear, pero un estudio pone en duda su gran promesa

Una de las grandes esperanzas actuales son los pequeños reactores modulares. La idea resulta atractiva sobre el papel: construir reactores de menor tamaño, fabricarlos en serie y trasladar buena parte de su producción a instalaciones industriales para reducir costes y tiempos de construcción. El concepto busca aplicar a la energía nuclear algo parecido a lo que ocurre en otras industrias cuando aumenta el volumen de producción.

Pero precisamente el menor tamaño de los SMR puede convertirse en uno de sus principales inconvenientes. Aunque el reactor sea mucho más compacto, gran parte de la complejidad técnica y de los requisitos de seguridad propios de una instalación nuclear siguen estando presentes. Al mismo tiempo, su capacidad de generación es considerablemente inferior a la de una central nuclear convencional.

El estudio calcula que el coste de la electricidad generada por un SMR puede ser aproximadamente tres veces superior al de una central nuclear de mayor tamaño. La razón está relacionada con las economías de escala: determinados elementos de seguridad, control, infraestructura y operación no se reducen en la misma proporción que la potencia del reactor.

Los SMR iban a revolucionar la energía nuclear, pero un estudio pone en duda su gran promesa

La fabricación en serie podría cambiar parcialmente esta situación, pero aquí aparece otra dificultad importante. Según el análisis, serían necesarios alrededor de 3.000 reactores modulares pequeños para que los costes pudieran acercarse inicialmente a los de las centrales nucleares existentes gracias a las economías de escala y al aprendizaje industrial.

El problema es que incluso en ese escenario los costes seguirían siendo superiores a los de otras tecnologías de generación. Y cuanto más competitivas se vuelven la energía eólica y la fotovoltaica, más difícil resulta que una tecnología nuclear todavía en desarrollo pueda recuperar la ventaja económica que durante décadas se esperaba que alcanzara.

Las previsiones históricas ayudan a entender por qué el estudio es tan crítico con las expectativas actuales. Durante los años 70 se daba por hecho que los combustibles fósiles acabarían encareciéndose de forma drástica debido al agotamiento de las reservas. Si producir electricidad con carbón, gas o petróleo se volvía cada vez más caro, la energía nuclear tendría un escenario mucho más favorable para competir.

Sin embargo, ocurrió algo diferente. La expansión de la energía eólica y la fotovoltaica ha cambiado por completo el panorama energético. Estas tecnologías han reducido de forma considerable sus costes y han añadido una alternativa que prácticamente no aparecía en las previsiones realizadas hace varias décadas.

Al mismo tiempo, las predicciones sobre la evolución tecnológica de los reactores nucleares fueron demasiado optimistas. Se esperaba una rápida sucesión de mejoras que permitiera construir centrales cada vez más eficientes y económicas. Ese salto tecnológico no se produjo al ritmo previsto y, según los autores del estudio, ahora se está utilizando una hipótesis similar para justificar el futuro de los SMR.

Los SMR iban a revolucionar la energía nuclear, pero un estudio pone en duda su gran promesa

El razonamiento es sencillo: los primeros reactores serán caros, pero la fabricación de cientos o miles de unidades permitirá reducir progresivamente los costes. El problema está en que esa reducción depende de una escala industrial que todavía no existe y, por tanto, de una expansión que precisamente necesita que la tecnología sea competitiva para poder producirse.

El estudio también pone en duda la velocidad con la que algunos modelos económicos calculan que mejorarán los SMR. En determinadas previsiones se contempla una mejora anual cercana al 30%, mientras que la experiencia real con diferentes tecnologías apunta a progresos de aproximadamente entre el 5% y el 10%.

La diferencia es enorme. Con una mejora del 30% anual, los costes podrían reducirse a la mitad en unos pocos años. Con una evolución del 5% al 10%, el proceso es mucho más lento y puede necesitar más de una década para conseguir reducciones similares.

A esto se añade otro problema conocido dentro del sector nuclear: los plazos y los presupuestos de construcción suelen terminar siendo superiores a las previsiones iniciales. El estudio pone como ejemplos proyectos desarrollados en Finlandia, Francia, Estados Unidos y Reino Unido, donde tanto los costes como los tiempos de ejecución han experimentado importantes desviaciones.

Esto resulta especialmente relevante para los SMR porque buena parte de su argumento económico depende precisamente de construirlos de una manera más rápida, sencilla y barata que las grandes centrales. Si los primeros proyectos sufren retrasos y sobrecostes, el supuesto efecto de aprendizaje se vuelve todavía más difícil de alcanzar.

Este reactor nuclear europeo de 300 MWe refrigerado por plomo con una producción de alta temperatura

Para Fanny Böse, una de las autoras del estudio, aquí se encuentra uno de los principales riesgos de las previsiones excesivamente optimistas. El problema no es únicamente equivocarse al calcular cuánto costará una tecnología dentro de 20 o 30 años, sino basar las estrategias energéticas y climáticas actuales en una evolución tecnológica que podría no producirse en el plazo esperado.

El análisis también señala que existe una concentración llamativa en las fuentes utilizadas para elaborar algunos de los escenarios más favorables a la energía nuclear. Según el estudio, los modelos que durante décadas han anticipado un fuerte crecimiento de esta tecnología proceden principalmente de dos instituciones: el Instituto Internacional de Análisis de Sistemas Aplicados (IIASA) y el Laboratorio Nacional del Noroeste del Pacífico (PNNL).

A pesar de que esas previsiones se han alejado repetidamente de la evolución real de la energía nuclear, sus escenarios han continuado utilizándose en determinados análisis energéticos y debates internacionales sobre el futuro de la generación eléctrica.

Los autores califican esta situación como la paradoja de la energía nuclear: durante más de cuatro décadas se han sucedido las previsiones de un gran despegue de la tecnología, pero ese crecimiento no ha terminado de llegar. Ahora, con los SMR, vuelve a plantearse una promesa similar basada en una fuerte reducción futura de costes y una producción industrial masiva que todavía está por demostrar.

Esto no significa que los pequeños reactores modulares no puedan llegar a funcionar técnicamente. El debate es otro: si podrán hacerlo a un precio capaz de competir con las alternativas disponibles cuando estén preparados para desplegarse a gran escala. De hecho, la propia IEA reconoce que existe un renovado interés mundial por la energía nuclear y por los SMR, aunque considera que los costes de construcción, la financiación y los retrasos siguen siendo algunos de sus principales obstáculos.

Y esa diferencia es fundamental. Una tecnología puede ser viable desde el punto de vista técnico y, al mismo tiempo, no resultar suficientemente competitiva desde el punto de vista económico. En el caso de los SMR, buena parte de la apuesta actual depende precisamente de que la segunda parte termine cumpliéndose.

Por ahora, la experiencia histórica invita a ser prudentes. Las previsiones sobre el futuro de la energía nuclear han demostrado durante décadas que es relativamente sencillo anticipar una revolución tecnológica que después tarda mucho más de lo esperado en llegar. Mientras tanto, la eólica y la fotovoltaica han seguido reduciendo costes y ganando protagonismo.

El verdadero reto para los SMR, por tanto, no será únicamente demostrar que pueden construir reactores pequeños y modulares. Tendrán que demostrar que pueden fabricarse en cantidades suficientes, reducir sus costes de forma significativa y competir económicamente con tecnologías que ya están disponibles. Y esa es precisamente la parte de la ecuación que todavía está por demostrar.

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