
Stellantis recupera el diésel ante las dificultades para competir con sus coches eléctricos
Stellantis ha decidido recuperar versiones diésel en varios modelos ante un mercado eléctrico que crece, pero más despacio de lo previsto. La fuerte caída del diésel ha dejado a los fabricantes europeos en una posición complicada entrando en un callejón sin salida que amenaza su existencia a medio plazo.

El grupo Stellantis ha decidido dar un paso que hace apenas un par de años parecía impensable: resucitar el diésel en Europa. Mientras el discurso oficial del sector seguía apuntando con firmeza hacia los coches eléctricos, en los concesionarios empezaban a asomar de nuevo versiones diésel de modelos que muchos daban por amortizados. Y no es algo puntual: hablamos de al menos siete modelos entre turismos y vehículos de pasajeros.
El giro se ha producido de forma discreta desde finales de 2025. Según la información recopilada en páginas de concesionarios y confirmada por la propia compañía, Stellantis ha vuelto a ofrecer versiones diésel en modelos que van desde furgonetas de pasajeros hasta compactos como el Peugeot 308 o el DS 4.
Este movimiento llega en un momento delicado para los grupos europeos. Las ventas de coches eléctricos siguen creciendo en Europa, pero muy lejos del ritmo que esperaban fabricantes. En 2025, los eléctricos puros alcanzaron una cuota del 19,5% del mercado, frente al 14,6% de 2023 y el 12,1% de 2022. Es decir, avanzan, pero no lo suficiente como para absorber el hueco que deja el desplome del diésel, y en un mercado donde los grupos chinos están entrando con fuerza.

Y es que el diésel ha pasado de representar más del 50% de las matriculaciones europeas en 2015 a apenas un 7,7% en 2025. Una caída histórica que ha dejado a los fabricantes en tierra de nadie: el motor que durante años sostuvo las cuentas ya no tira del mercado, y el coche eléctrico todavía no compensa esa pérdida en volumen ni en rentabilidad.
En paralelo, Bruselas ha ido suavizando algunos objetivos de emisiones, permitiendo que los motores de combustión tengan algo más de recorrido del previsto. En Estados Unidos —el principal mercado del grupo— también se ha enfriado el entusiasmo por el coche eléctrico, lo que añade más presión estratégica.
Desde Stellantis lo explican con claridad: quieren crecer y para eso miran a la demanda real. “Hemos decidido mantener los motores diésel en nuestra oferta y, en algunos casos, ampliarla”, han señalado.
El diésel como refugio frente a China

Para entender la magnitud del cambio hay que mirar atrás. Tras el Dieselgate, el gasóleo inició un declive que muchos daban por irreversible. La mayoría de marcas recortaron versiones o lo eliminaron por completo de sus catálogos. El propio Stellantis pasó de ofrecer decenas de modelos diésel hace cinco años a apenas un puñado.
Pero el contexto competitivo ha cambiado. Los fabricantes chinos están entrando con fuerza en Europa, centrados casi exclusivamente en coches eléctricos e híbridos enchufables. No compiten en el diésel. Y ahí Stellantis ha visto una oportunidad para diferenciarse, o un salvavidas a corto plazo.
No es casualidad que el grupo haya anunciado recientemente cargos por valor de 22.200 millones de euros tras revisar a la baja sus ambiciones eléctricas. Sus acciones han sufrido mucho, y el que el pasado 6 de febrero, sus acciones sufrieron una caída brutal del 24%.
Hasta no hace tanto, el objetivo era que en 2030 el 100% de sus ventas en Europa fueran de coches eléctricos y el 50% en Estados Unidos. Hoy esas metas parecen mucho más complicadas de alcanzar por no decir imposibles.

En Estados Unidos ya hemos visto movimientos similares, como el regreso del Jeep Cherokee con motor de combustión tradicional o la recuperación del motor Hemi V8. Incluso el Fiat 500 volvió a ofrecer una versión híbrida de gasolina junto al eléctrico.
En Europa, la lista de modelos que recuperan el diésel es significativa. Se han detectado versiones diésel en el Opel Astra, el Opel Combo, el SUV de siete plazas Peugeot Rifter y el monovolumen Citroën Berlingo, entre otros.
Además, Stellantis seguirá produciendo modelos diésel que nunca llegaron a desaparecer del todo, como el SUV premium DS 7, así como los SUV Alfa Romeo Tonale, Alfa Romeo Stelvio y la berlina Alfa Romeo Giulia, todos bajo el paraguas de Alfa Romeo. Según la marca, la decisión responde a una demanda sostenida de los clientes.
Y ahí está el dilema de los grandes grupos europeos. Apostaron miles de millones por el coche eléctrico confiando en un crecimiento más acelerado, pero basado en una estrategia que se ha demostrado desastrosa, vender menos pero ganar más. Algo que funcionó durante la pandemia al tener una demanda mayor que la producción. Pero esto duró poco y ahora el cliente europeo, más prudente de lo esperado y muy sensible al precio, está retrasando la decisión o optando por las ofertas de los grupos chinos.
El resultado es incómodo: el diésel se ha hundido, el gasolina pierde peso y el coche eléctrico avanza, pero no al ritmo necesario para cubrir la demanda de todos. Un auténtico callejón sin salida estratégico que obliga a movimientos que hace nada parecían impensables pero que claramente muestran un problema de visión a largo plazo que supone una Espada de Damocles para los fabricantes del Viejo Continente.


