
Tras cinco años, esta es la autonomía que pierde de media un coche eléctrico
Un reciente estudio realizado por Recurrent ha demostrado que, tras cinco años de uso, los coches eléctricos apenas pierden autonomía. Una prueba más de que las baterías son mucho más fiables y resistentes de lo que algunos usuarios creen.

A estas alturas de la película, no es ningún secreto que las baterías de los coches eléctricos están resultando ser mucho más duraderas y resistentes de lo que algunos pronosticaban hace unos años. El origen del miedo injustificado a una degradación prematura probablemente se remonte al primigenio Nissan LEAF de 2010, cuyas problemáticas baterías dieron mala fama al resto de eléctricos.
La llegada de nuevas químicas, así como de sistemas de gestión y climatización cada vez más sofisticados, están permitiendo a los fabricantes desarrollar baterías cada vez más fiables. Para tranquilizar a los compradores, que en muchos casos no están familiarizados con la tecnología eléctrica, las marcas están ofreciendo además garantías muy amplias.
En muchos casos, se estima que las baterías durarán más que el coche que las monte. Para muestra, un botón: la firma de análisis Recurrent ha publicado un informe que recoge que, tras los tres primeros años de uso, los eléctricos retienen de media el 97% de su autonomía original. Una vez pasados cinco años, todavía conservan un 95%, una pérdida muy baja.
Es interesante recordar que la degradación de las baterías no es lineal, sino que resulta mucho más acusada durante los primeros 100.000 km y después se estabiliza. Por lo tanto, será precisamente en estos primeros años de uso en los que veamos la mayor pérdida de capacidad. Y, como ha quedado patente en este estudio, ni siquiera en este caso la reducción es demasiado grande.

Las baterías cada vez son más resistentes
Recurrent ha utilizado datos históricos de diversas marcas. Los modelos de firmas como Ford, Cadillac, Hyundai, Mercedes-Benz o Rivian apenas pierden autonomía tras cinco años de uso, algo que podría deberse al búfer de la batería, que permite desbloquear capacidad adicional para compensar la degradación.
La llegada de baterías con mayores densidades energéticas está permitiendo desarrollar vehículos eléctricos de mayor autonomía, lo que beneficia directamente a la vida útil del pack. Y es que, con una mayor autonomía, se puede recorrer el mismo kilometraje con menos ciclos de carga/descarga, lo que se traduce en una menor degradación: un coche con 500 km de autonomía necesitará la mitad de sesiones de carga que uno de 250 km para llegar a los 100.000 km (partiendo del supuesto de que las condiciones de uso sean las mismas).

La popularización de las baterías LFP (litio-ferrofosfato), más resistentes que las típicas NCM (níquel, cobalto, manganeso), también está ayudando. Fabricantes como BYD o Geely estiman que sus baterías LFP ofrecen una vida útil de aproximadamente 3.500 ciclos (se considera que una batería está dentro de su vida útil siempre que retenga más de un 70% de su capacidad original). En un coche con 500 km de autonomía, 3.500 ciclos vendrían a equivaler a 1.75 millones de kilómetros.
Fuente | InsideEVs


