
Volkswagen agrava su crisis con un golpe de 10.000 millones de euros y más despidos
Volkswagen vuelve a revisar sus previsiones ante el empeoramiento de las condiciones del mercado; Porsche se encuentra entre las divisiones más afectadas por la situación internacional; el fabricante alemán afronta ahora una profunda transformación de su estructura mientras intenta recuperar rentabilidad.

Volkswagen atraviesa uno de los momentos más complicados de su historia reciente. El grupo alemán ha vuelto a recortar sus previsiones para 2026 y ahora calcula que su margen de beneficio operativo será de como máximo el 1%, muy lejos del 4%-5,5% que manejaba anteriormente. El motivo principal está en el deterioro de las perspectivas para Porsche, aunque el problema afecta a buena parte del negocio del gigante alemán.
El grupo espera asumir alrededor de 10.000 millones de euros en costes extraordinarios, de los que unos 6.000 millones corresponden a ajustes relacionados con Porsche. La marca deportiva, controlada en un 75% por Volkswagen, está sufriendo especialmente la caída de la demanda de vehículos de lujo en China y el impacto de los aranceles estadounidenses, dos mercados fundamentales para sus resultados.
La situación de Porsche se ha deteriorado con rapidez. La marca cerró el pasado ejercicio con un margen de beneficio de apenas el 1,1% y ha reducido su red de concesionarios en China ante unas perspectivas comerciales cada vez más complicadas. Volkswagen considera ahora que sus expectativas a medio plazo para Porsche son inferiores a las que manejaba anteriormente, lo que ha obligado a realizar una importante corrección contable.
El problema, además, llega en un momento especialmente delicado para Volkswagen. El grupo acaba de acordar con sus accionistas un amplio plan de transformación que contempla otros 50.000 empleos menos, una estructura empresarial más sencilla y la posibilidad de cerrar algunas fábricas. El fabricante ya había puesto en marcha un importante programa de reducción de costes, pero el empeoramiento de las condiciones del mercado está obligando a acelerar el proceso.

China se ha convertido en uno de los principales focos de preocupación. Volkswagen lleva años dependiendo de este mercado, pero la situación ha cambiado radicalmente con el avance de los fabricantes locales. El grupo perdió en 2024 su posición como mayor fabricante de automóviles del país y ahora se enfrenta a una competencia mucho más fuerte, especialmente en el mercado de los coches eléctricos.
El director financiero de Volkswagen, Arno Antlitz, ha advertido internamente de que el mercado chino podría contraerse un 20% para el grupo. Al mismo tiempo, los fabricantes asiáticos están aumentando su presencia en Europa, mientras que Volkswagen tiene que hacer frente a una transformación acelerada de la demanda en sus principales mercados.
A esta situación se suma el cambio en Estados Unidos. Los nuevos aranceles a los vehículos importados están afectando especialmente a las marcas con una elevada exposición internacional, mientras que Porsche se encuentra entre las compañías del grupo más perjudicadas por su posicionamiento en el segmento de lujo.
Volkswagen también reconoce que el cambio hacia los coches eléctricos está avanzando más rápido de lo previsto en algunos mercados. El grupo señala que existe un desplazamiento acelerado de la demanda hacia los coches eléctricos, algo que está reduciendo sus expectativas para las marcas Volkswagen y Audi. El problema no es únicamente la tecnología, sino también el menor margen que actualmente obtiene el grupo en algunos de estos modelos.

La paradoja para Volkswagen es que necesita acelerar su transformación hacia el coche eléctrico al mismo tiempo que intenta recuperar rentabilidad. El fabricante ha invertido miles de millones en nuevas plataformas, baterías y modelos eléctricos, pero la presión sobre los precios y la competencia de los fabricantes chinos están dificultando que estas inversiones se traduzcan rápidamente en mayores beneficios.
El grupo alemán engloba marcas como Volkswagen, Audi, Skoda, SEAT y Porsche, entre otras, por lo que el deterioro de una de sus divisiones termina teniendo consecuencias sobre el conjunto de la compañía. En el caso de Porsche, además, la caída de las expectativas tiene un impacto especialmente importante debido al peso que tradicionalmente ha tenido la marca en los resultados del grupo.
Los mercados financieros reaccionaron con rapidez al anuncio. Las acciones de Volkswagen terminaron la jornada con una caída del 5,6%, mientras que Porsche perdió un 3,3%. Porsche SE, principal accionista de Volkswagen y propietario de una participación significativa en Porsche, también sufrió una caída del 4,9%.
Volkswagen afronta así una combinación especialmente complicada: menor demanda en China, presión competitiva de los fabricantes asiáticos, nuevos aranceles en Estados Unidos, un mercado europeo que está cambiando rápidamente y una transición hacia los coches eléctricos que está obligando a modificar buena parte de su estructura industrial.
La compañía ya ha asumido que no puede mantener su estructura actual durante mucho más tiempo. El nuevo ajuste de previsiones y los miles de millones de euros en deterioros relacionados con Porsche son otra señal de la magnitud del cambio que está viviendo el grupo. Volkswagen necesita reducir costes mientras acelera su transformación, en un momento en el que sus dos grandes mercados internacionales están atravesando cambios profundos.
Y la situación podría obligar al fabricante a tomar decisiones todavía más difíciles en los próximos meses. Con la posibilidad de nuevos cierres de fábricas sobre la mesa y otros 50.000 puestos de trabajo previstos para eliminar, la transformación de Volkswagen está lejos de haber terminado.


