La gasolina puede ser el próximo problema de Europa: las refinerías ya están cambiando su producción

El mercado energético vuelve a mostrar señales de tensión mientras las refinerías modifican sus prioridades; el diésel se ha convertido en el combustible más rentable y eso está reduciendo la producción de gasolina; Europa afronta además una situación especialmente delicada por su dependencia de las importaciones de energía mientras la transición a la movilidad eléctrica no termina de despegar en muchos mercados o sectores clave, como el transporte por carretera o la agricultura.

La gasolina puede ser el próximo problema de Europa: las refinerías ya están cambiando su producción

Publicado: 22/09/2026 19:00

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El mercado del petróleo vuelve a lanzar una señal de alarma y, esta vez, el problema no está únicamente en el diésel. Las refinerías están concentrando cada vez más esfuerzos en producir gasóleo, mucho más rentable en el escenario actual, mientras la oferta de gasolina empieza a reducirse. Para Europa, que sigue dependiendo en gran medida de las importaciones de energía, el movimiento puede tener consecuencias importantes durante los próximos meses.

La situación llega además en un momento especialmente delicado. Según los datos de Goldman Sachs, el precio del diésel se ha disparado, las reservas de gas siguen siendo una preocupación en varios países y el coste de la electricidad también está aumentando en algunos de los principales mercados europeos. A todo ello se suma una capacidad mundial de refino más limitada, con instalaciones de Rusia y de algunos países del Golfo afectadas por ataques. El mercado todavía no está hablando de una nueva crisis energética, pero las señales empiezan a parecerse demasiado a las de episodios anteriores.

El problema es que las refinerías no pueden producir cantidades ilimitadas de cada combustible. Cuando existe una diferencia importante entre los márgenes que ofrece el diésel y los de la gasolina, las instalaciones que tienen capacidad para modificar su producción tienen un incentivo evidente para fabricar más gasóleo. Y eso es precisamente lo que está ocurriendo ahora.

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Según el informe, por cada barril de petróleo transformado en diésel las refinerías están obteniendo unos 100 dólares, alrededor de 30 dólares más que cuando ese mismo barril se convierte en gasolina. Con semejante diferencia, el mercado está dando una señal muy clara a las compañías: producir diésel resulta mucho más rentable.

Los analistas de Goldman Sachs han modificado precisamente por ello su posición sobre ambos combustibles. Consideran que la gasolina puede tener ahora un recorrido alcista mayor, hasta el punto de recomendar a sus clientes tomar posiciones en futuros de este combustible. La razón es sencilla: la producción de gasolina está empezando a reducirse justo cuando las refinerías están priorizando el diésel.

Los últimos datos que manejan los analistas muestran ya una caída del 2% interanual en la producción mundial de gasolina durante los últimos meses, equivalente a unos 1,3 millones de barriles diarios menos. Es una reducción que todavía puede parecer manejable sobre el papel, pero que adquiere otra dimensión cuando se produce en un mercado que ya está sometido a tensiones por los conflictos geopolíticos.

El conflicto entre Estados Unidos e Irán y la guerra entre Rusia y Ucrania están afectando de forma simultánea al suministro de petróleo, a las operaciones de las refinerías y al transporte de productos energéticos. En el caso ruso, además, Ucrania ha atacado varias instalaciones de refino, reduciendo todavía más una capacidad que ya estaba sometida a presión.

La gasolina puede ser el próximo problema de Europa: las refinerías ya están cambiando su producción

En Estados Unidos la situación resulta especialmente llamativa. Los contratos de futuros de diésel han alcanzado niveles récord y el precio medio de este combustible en las estaciones de servicio también se encuentra en máximos históricos. El incremento de los productos refinados está siendo mucho mayor que el registrado por el propio petróleo, una señal de que el problema está pasando del crudo al proceso de transformación y distribución de los combustibles.

España tampoco está al margen. De hecho, si la situación continúa deteriorándose, la gasolina podría comenzar a subir con mayor intensidad que el diésel y recuperar una diferencia de precios que durante años había favorecido a este último combustible. La fiscalidad española ha mantenido tradicionalmente al gasóleo por debajo de la gasolina, pero una crisis de suministro puede alterar temporalmente esa relación.

El problema tampoco se limita a los coches. Global Petroleum Advisers ya advertía hace unos días de una situación similar en el mercado del fuelóleo utilizado por la industria naval. Las refinerías están priorizando el diésel y otros productos refinados con mayores márgenes, mientras las tensiones geopolíticas complican el suministro de petróleo y el transporte marítimo.

Esto puede terminar repercutiendo también en el precio del transporte de mercancías. Si aumenta el coste del combustible utilizado por los barcos, una parte de ese incremento acaba trasladándose al coste de transportar productos por todo el mundo. En un escenario de inflación todavía elevada, una nueva subida de los costes energéticos sería especialmente incómoda para las economías europeas.

Los analistas de Goldman Sachs también destacan que las refinerías estadounidenses están alcanzando sus mayores tasas de procesamiento en 22 años y destinando una parte importante de esa capacidad a producir diésel. La razón está en el aumento de la demanda internacional, impulsado en buena medida por los dos conflictos bélicos.

Esto está reduciendo la cantidad de gasolina disponible en el mercado estadounidense. Y aunque el diésel todavía podría seguir encareciéndose, Goldman Sachs considera que la gasolina presenta ahora un mayor potencial de subida precisamente porque su oferta se está estrechando.

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Goldman Sachs ha cambiado así su estrategia para los mercados de combustibles. El banco ha cerrado una operación anterior basada en el diferencial entre contratos de diésel y ha pasado a apostar por la gasolina europea con vistas a mediados de 2027. Su planteamiento es que los elevados precios del diésel terminarán trasladándose también a la gasolina.

El banco considera además que la gasolina europea podría experimentar una subida mayor que la estadounidense. Uno de los riesgos que contempla es una eventual limitación de las exportaciones de productos refinados desde Estados Unidos. Si se produjera, Europa tendría que competir todavía más por un suministro mundial que ya estaría sometido a una fuerte presión.

Y aquí aparece uno de los grandes problemas estructurales del continente. Europa necesita importar una parte considerable de la energía que consume y no puede aumentar de forma inmediata su producción propia de petróleo y gas cuando aparece una perturbación en los mercados internacionales.

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La situación se ha complicado todavía más después de que Saudi Aramco comunicara que no enviará petróleo a las refinerías europeas durante octubre. La decisión llega después del ataque de milicias respaldadas por Irán contra un oleoducto de Arabia Saudí, una infraestructura estratégica que permite al principal exportador mundial de petróleo mantener sus envíos incluso cuando el tráfico por el estrecho de Ormuz se encuentra comprometido.

El impacto potencial es importante porque cada barril que deja de llegar a Europa obliga a buscarlo en otro lugar. Orlen, la mayor compañía petrolera de Europa del Este, ya había recurrido al petróleo saudí para sustituir el crudo ruso después de la invasión de Ucrania. Ahora su dirección reconoce que necesita encontrar nuevos proveedores.

Pero el petróleo mundial no puede aumentar su producción de un día para otro. Si una compañía europea empieza a comprar más crudo procedente de Brasil, por ejemplo, tendrá que competir con otros compradores por esos mismos barriles. El resultado puede ser un aumento del precio que terminará llegando a las refinerías y, posteriormente, a las estaciones de servicio.

Es precisamente este tipo de dependencia el que vuelve especialmente vulnerable a Europa. No se trata únicamente de cuánto cuesta el petróleo, sino de hasta qué punto el continente puede garantizar que tendrá acceso a él cuando el mercado mundial atraviesa una situación de tensión.

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Bloomberg incluso plantea la posibilidad de que responsables de la Unión Europea tengan que reunirse para analizar cómo afrontar un nuevo episodio de tensión energética. Es una posibilidad, no una crisis confirmada, pero sirve para entender hasta qué punto se ha deteriorado el escenario respecto a hace apenas unos meses.

La situación vuelve a poner sobre la mesa una cuestión que Europa lleva años intentando resolver. Depender de Rusia para obtener energía demostró ser un riesgo enorme después de la invasión de Ucrania. La dependencia de Oriente Medio plantea ahora otro problema diferente, pero con una consecuencia parecida: Europa queda expuesta a acontecimientos que ocurren a miles de kilómetros de sus fronteras.

Por eso, la transición hacia las energías renovables no solo tiene una dimensión climática. También tiene una dimensión estratégica. Cuanta más energía pueda producir Europa con recursos propios, menor será su exposición a las decisiones de otros países y a las interrupciones del comercio internacional.

El problema es que esa transformación necesita tiempo y las renovables todavía deben seguir desarrollándose junto con las redes eléctricas, el almacenamiento y el resto de infraestructuras necesarias para garantizar el suministro.

Pero lo más preocupante es el total retraso que Europa tiene en sectores estratégicos, como el transporte por carretera, la agricultura, pesca o la minería. Apartados donde estamos todavía en la casilla de salida por culpa de la falta de visión de los gobiernos, que miran solo al coche eléctrico como solución, y algunos ni eso, cuando el problema es mucho más amplio y necesita medidas mucho más ambiciosas.

Y es que los carburantes a 2 euros han llegado para quedarse, y es muy posible que en breve empiecen su escalada hacia los 3 euros el litro. Algo catastrófico para nuestra economía, y un tsunami de dinero para los países productores de petróleo.

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