
La batería de los coches eléctricos envejece mejor de lo que pensábamos: estos son los datos reales tras miles de casos
A pesar de que se ha hablado en infinidad de ocasiones, es importante seguir insistiendo en esta cuestión. Las baterías de los coches eléctricos son muy resistentes. Más de lo que se pensaba. Ahora, un nuevo y amplio estudio con miles de coches eléctricos analizados pone sobre la mesa que la batería se degrada más lentamente de lo esperado; los datos muestran una pérdida muy contenida con el paso del tiempo; esto refuerza la confianza en el mercado tanto de nuevos, como de segunda mano.

Durante años, uno de los grandes miedos a la hora de dar el salto a los coches eléctricos —sobre todo en el mercado de segunda mano— ha sido el estado de la batería. ¿Cuánto pierde con el tiempo? ¿Afecta mucho al uso diario? ¿Es un problema real o más bien un mito inflado? ¿Habrá que cambiarla a los cinco años? Por mucho que pese a los "petrol-cuñados" la realidad la imponen los datos y análisis que arrojan conclusiones bastante tranquilizadoras.
Una investigación elaborada por Arval, filial del grupo BNP Paribas especializada en renting, ha vuelto a analizar la salud de las baterías en coches eléctricos y también en híbridos enchufables. Si en 2025 ya publicaron un primer estudio con 8.300 unidades, ahora han ido mucho más allá: han analizado nada menos que 24.000 certificados de estado de salud (SoH) recogidos entre marzo de 2023 y septiembre de 2025.
¿La conclusión principal? La degradación existe, claro, pero es mucho más lenta y progresiva de lo que muchos temían. Y eso cambia bastante las reglas del juego, especialmente si estás pensando en comprar un coche eléctrico de ocasión.

Para entenderlo mejor, conviene bajar a los números. Según el estudio, una batería pierde de media aproximadamente un 1% de capacidad cada 25.000 kilómetros, una vez superada una ligera caída inicial en los primeros compases de su vida útil. Es decir, ese primer bajón es el más acusado, pero luego la cosa se estabiliza.
De hecho, los datos muestran que tras unos 70.000 kilómetros, la batería mantiene alrededor del 93% de su capacidad original. Y lo más interesante llega después: incluso tras seis años o unos 160.000 kilómetros, la media sigue por encima del 90%. Esto indica que la degradación no solo es limitada, sino que además se ralentiza con el paso del tiempo.
Para ponerlo en contexto, la mayoría de fabricantes de coches eléctricos ofrecen garantías que cubren hasta el 70% de capacidad durante un periodo de 8 años o 160.000 kilómetros. Es decir, en condiciones reales, los datos están muy por encima de ese umbral.
Además, la futura normativa europea Euro 7 va a endurecer estos requisitos. A partir de noviembre de 2026 para nuevos modelos (y en 2027 para todos los coches nuevos), se exigirá que las baterías mantengan al menos el 80% de su capacidad hasta los 5 años o 100.000 kilómetros, y un 72% hasta los 8 años o 160.000 kilómetros. En el caso de vehículos comerciales ligeros, estos valores serán ligeramente inferiores.

Por debajo de esos niveles, eso sí, la degradación puede acelerarse. Y si la capacidad cae por debajo del 50%, ya hablamos de pérdidas importantes de rendimiento que pueden afectar seriamente al funcionamiento del vehículo. Pero, viendo los datos actuales, parece un escenario bastante poco habitual.
Ahora bien, no todo depende del paso del tiempo o los kilómetros. Hay varios factores que influyen directamente en cómo envejece una batería, y aquí sí conviene prestar atención si queremos alargar su vida útil lo máximo posible.
Por ejemplo, los ciclos de carga completos frecuentes (de 0% a 100%) pueden acelerar el desgaste, al igual que abusar de la carga rápida en corriente continua. Tampoco ayudan las temperaturas extremas, especialmente el calor intenso durante largos periodos.
Otro punto importante es la propia tecnología de la batería y la gestión electrónica del coche. No todas responden igual, y aquí se nota la evolución del sector. Según el propio estudio, a igualdad de edad o kilometraje, los modelos más recientes presentan entre 2 y 3 puntos porcentuales más de capacidad disponible frente a modelos más antiguos.
En este contexto, cobra especial importancia el certificado de estado de salud o SoH. Este documento permite conocer con bastante precisión cuánta capacidad conserva realmente la batería de un coche eléctrico o híbrido enchufable de segunda mano. Cada vez más fabricantes, talleres e incluso centros de inspección técnica ofrecen este tipo de medición, lo que aporta una transparencia muy necesaria en el mercado.
Y no es un tema menor, porque la batería puede llegar a representar hasta el 50% del valor total del coche. Por eso, contar con información clara y verificable será clave en los próximos años. De hecho, ya se están preparando nuevas normativas europeas que obligarán a facilitar estos datos al consumidor de forma más accesible.
En resumen, si estabas preocupado por la degradación de la batería en un coche eléctrico, los datos reales invitan al optimismo. No es un componente eterno, pero tampoco es ese punto débil que muchos imaginaban. Y con un uso razonable, puede mantener un nivel de prestaciones muy alto durante muchos años.
Fuente | ARVAL



