Citroën pone el foco en el precio: coches eléctricos desde 13.000 euros y menos pantallas gigantes

Citroën reconoce que los coches nuevos se han vuelto demasiado caros para gran parte de Europa; la marca francesa apuesta por eléctricos más accesibles y simples; y avisa de que las futuras normativas podrían hacer inviables los coches pequeños de combustión.

Citroën pone el foco en el precio: coches eléctricos desde 13.000 euros y menos pantallas gigantes

Publicado: 13/05/2026 12:04

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Xavier Chardon, máximo responsable de Citroën, ha dejado varios mensajes muy interesantes durante una entrevista concedida a El Periódico. Y quizá el más importante de todos no tiene que ver ni con pantallas gigantes ni con aceleraciones de infarto, sino con algo mucho más simple: los coches se han vuelto demasiado caros para mucha gente.

El directivo francés reconoce que Europa todavía no ha recuperado el volumen de ventas previo al COVID, con casi 3 millones de coches menos vendidos respecto a los niveles anteriores a la pandemia. Para Citroën, el problema está bastante claro: el mercado necesita volver a ofrecer coches asequibles. Pero no “baratos” en el sentido peyorativo de la palabra, sino modelos racionales, prácticos y accesibles para el conductor medio.

Ahí es donde entra en juego el Citroën ë-C3. Chardon presume de que, con ayudas incluidas, puede arrancar en mercados como España desde unos 12.990 euros, una cifra que hace apenas unos años parecía imposible para un eléctrico europeo. De hecho, asegura que en algunos países el ë-C3 ya es más barato que la versión de combustión equivalente, algo que refleja hasta qué punto están cambiando las cosas.

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El CEO de Citroën cree además que el gran problema no es tanto fabricar coches eléctricos asequibles, sino hacerlo sin depender eternamente de las ayudas públicas. Según explica, las futuras normativas Euro 7 encarecerán todavía más los motores de combustión, especialmente en coches pequeños donde el margen de beneficio ya es mínimo. Y ahí deja una reflexión muy llamativa: quizá el coche barato del futuro solo pueda ser eléctrico.

También llama la atención que Citroën no quiera seguir la estrategia de muchos fabricantes chinos. Chardon critica abiertamente la obsesión actual por llenar los coches de pantallas enormes y tecnologías que, según él, muchos clientes ni siquiera usan. La apuesta de la marca francesa pasa por ofrecer lo necesario sin disparar los costes. Más confort, más espacio y más garantía, pero sin convertir cada coche en un escaparate tecnológico imposible de pagar.

En este sentido, Citroën parece querer diferenciarse claramente de Dacia. El CEO reconoce que el fabricante rumano ha hecho un gran trabajo dentro del Grupo Renault, pero insiste en que Citroën no quiere convertirse en una marca de bajo coste. Su objetivo es otro: coches con personalidad, cómodos y accesibles, pero manteniendo cierto componente emocional y un diseño diferente.

Precisamente el diseño es otro de los puntos interesantes de la entrevista. Chardon deja caer que Citroën seguirá inspirándose en modelos históricos como el 2CV o el DS, aunque sin caer en copiar el pasado. Según explica, la idea no es hacer un “revival” nostálgico, sino recuperar la filosofía de aquellos coches: movilidad sencilla, inteligente y accesible para las masas.

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Y aquí vuelve a aparecer una reflexión bastante lógica. Hace décadas, el 2CV motorizó a agricultores y trabajadores que necesitaban un coche barato y práctico. Hoy, según Chardon, el reto sería parecido, pero pensado para perfiles como enfermeras, trabajadores urbanos o familias que simplemente necesitan un coche funcional y económico para el día a día.

Otro punto importante es cómo está cambiando la percepción del coche eléctrico. El CEO de Citroën asegura que el aumento del precio de los carburantes está acelerando el interés por los eléctricos. Según sus datos, muchos usuarios que antes cargaban dos veces por semana ahora lo hacen tres o cuatro veces, simplemente porque el ahorro frente a repostar gasolina o gasóleo empieza a ser muy evidente.

Eso sí, Citroën también lanza un pequeño dardo a la industria. Chardon cree que se está exagerando con la carrera tecnológica y las cargas ultrarrápidas. Pone como ejemplo el Citroën ë-C3, un modelo pensado principalmente para trayectos urbanos diarios de unos 35 kilómetros. Para ese uso, explica, lo realmente importante es poder cargar en casa o en el trabajo a bajo coste, no tener un cargador capaz de recuperar cientos de kilómetros en pocos minutos.

En paralelo, el directivo también muestra cierta preocupación por la avalancha regulatoria europea. Afirma que el 25% del personal de la sede de Citroën trabaja ya exclusivamente en adaptarse a futuras normativas. Y lanza una advertencia bastante clara: si los coches nuevos siguen encareciéndose por regulaciones y tecnologías obligatorias, mucha gente seguirá manteniendo coches antiguos durante más tiempo, algo que termina siendo contraproducente tanto para la seguridad como para las emisiones.

Quizá lo más interesante de toda la entrevista es que Citroën parece haber entendido algo que muchos fabricantes todavía no quieren asumir. El mercado europeo no necesita únicamente coches eléctricos espectaculares o llenos de tecnología. Necesita, sobre todo, coches que la gente pueda permitirse comprar sin hipotecarse.

Porque al final, si un eléctrico cuesta lo mismo que un compacto diésel de hace unos años y además permite ahorrar cientos de euros al mes en combustible, la discusión deja de ser tecnológica y pasa a ser puramente económica. Y ahí es donde puede producirse el verdadero cambio de mercado.

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