
Adiós a los apagones: la batería más grande del mundo ya puede iluminar una ciudad entera
Las energías renovables siguen creciendo, pero necesitan soluciones de almacenamiento; el último ejemplo nos llega desde Suiza donde trabajan en una enorme batería para estabilizar la red; un proyecto millonario que apuesta por un formato diferente y que podría cambiar el futuro energético.

En un rincón tranquilo del norte de Suiza, las excavadoras trabajan sin descanso en un agujero con el tamaño de dos campos de fútbol. No es una obra cualquiera: hablamos de un proyecto valorado en varios miles de millones de euros que busca dar respuesta a uno de los grandes retos de nuestro tiempo, cómo decir adiós a las intermitencias de las renovables.
Porque sí, la generación con viento y sol no deja de crecer, como muestran los últimos datos de mercados como el nuestro, que en abril logró un 25% de producción solo con la fotovoltaica. Pero esto tiene un problema evidente: no siempre hay viento ni sol cuando más se necesita. Y ahí es donde entra en juego esta instalación que se está levantando en Laufenburg, en el cantón de Argovia. En su corazón encontramos una tecnología que, aunque suene moderna, lleva más de un siglo sobre la mesa: la batería de flujo redox.
Una batería gigantesca para estabilizar la red eléctrica

Cuando esté terminada, esta instalación aspira a convertirse en la batería de flujo más grande y potente del mundo, alojada a unos 27 metros de profundidad. La empresa suiza FlexBase está detrás de esta apuesta, convencida de que esta solución puede ser clave para estabilizar la red eléctrica europea en un momento en el que la demanda no deja de crecer.
La cifra impresiona: el sistema podrá gestionar hasta 1,2 GWh en cuestión de milisegundos, una potencia comparable a la de una central nuclear como la de Leibstadt. Y en términos de almacenamiento total, superará los 2,1 GWh, suficiente para alimentar a 210.000 hogares durante 24 horas completas o cubrir el consumo de un millón de viviendas durante cinco horas.
A diferencia de las baterías convencionales, estas no utilizan electrodos sólidos, sino grandes depósitos de líquidos con electrolitos. Estos líquidos circulan a través de una celda central donde se produce el intercambio químico que permite almacenar o liberar energía. Suena complejo, pero tiene ventajas claras: no son inflamables, apenas se degradan y pueden reciclarse con facilidad.
Además, al tratarse de un proceso químico estable, estas baterías pueden cargarse y descargarse prácticamente sin límite. En otras palabras, estamos ante una solución pensada para durar décadas sin los problemas habituales de degradación que sí vemos en otras tecnologías.
La clave para el futuro de la inteligencia artificial

Más allá de evitar apagones, este proyecto tiene un objetivo muy concreto: alimentar la creciente demanda de los centros de datos, especialmente los dedicados a inteligencia artificial. Este tipo de instalaciones necesitan un suministro constante y estable, algo que las energías renovables, por sí solas, no pueden garantizar.
Aquí es donde entra en juego esta enorme batería, capaz de almacenar el exceso de energía cuando sobra —por ejemplo, en días soleados o con mucho viento— y liberarla cuando la red lo necesita. Es, en esencia, un sistema de equilibrio para compensar los altibajos de las renovables.
El complejo estará listo en 2029 y formará parte de un gran centro tecnológico de unos 20.000 metros cuadrados que incluirá laboratorios, oficinas y centros de datos. La inversión total se mueve entre los 1.200 y los 6.200 millones de euros, y se espera que genere unos 300 empleos en la región.
Otro punto interesante es su impacto medioambiental. El electrolito utilizado está compuesto en un 75% por agua, lo que lo convierte en una solución no tóxica y bastante eficiente en el uso de recursos. En un mercado donde cada vez se mira más el ciclo completo de los sistemas energéticos, esto juega a su favor.
Con sus más de 2,1 GWh de capacidad, esta instalación superará con claridad a proyectos actuales como el de Xinhua Ushi en China, que cuenta con 700 MWh. Esto sitúa a Suiza en una posición destacada dentro de una carrera tecnológica en la que también están metidos países como Japón o Alemania.
En definitiva, mientras los coches eléctricos siguen ganando terreno y las renovables aumentan su presencia, proyectos como este dejan claro que el siguiente gran paso no es solo generar energía limpia, sino saber almacenarla de forma eficiente y a gran escala. Sin eso, la transición energética simplemente no será posible.


