
Después de 600.000 km este Tesla Model 3 cambia su batería NCA por una LFP
A los petrol-cuñados no les gustará esta historia de un Tesla Model 3 con más de 600.000 kilómetros que sigue funcionando, con menos autonomía que cuando era nuevo, pero que sus nuevos dueños han decidido dar una nueva vida cambiando su vieja batería, y además con cambio de química de las NCA a las robustas LFP.

La vida útil de un coche eléctrico sigue siendo uno de los grandes debates entre los que dudan en dar el salto. Sin embargo, la realidad cada vez se aleja más de los mitos: no solo duran mucho más de lo que muchos imaginaban, sino que además su componente más “crítico”, la batería, no es ni mucho menos el final del camino. Hay vida después de ella. Y un ejemplo real, con cifras sobre la mesa, lo deja bastante claro.
Un Tesla Model 3 de 2019 ha alcanzado la impresionante cifra de 613.271 kilómetros con su batería original y su motor trasero intacto. Hablamos de una unidad con tracción trasera que ha pasado inviernos duros en Canadá, con sal en carretera incluida, algo que no suele ser precisamente amable con los coches. Aun así, ahí sigue, funcionando. Y no hablamos de un caso aislado de laboratorio, sino de uso real, con pruebas reales.

Porque más allá del kilometraje, lo interesante es ver cómo ha envejecido. Este Model 3 ha perdido aproximadamente un 34,2% de su autonomía estimada, una cifra lógica teniendo en cuenta el uso extremo al que ha sido sometido. Aun así, en una prueba real a 110 km/h, con temperaturas entre 11 ºC y 23 ºC, ha logrado recorrer 222,6 kilómetros con un consumo medio de 14,55 kWh/100 km.
Puede parecer una cifra modesta frente a los modelos actuales, pero hay que ponerla en contexto. Estamos hablando de un coche con más de 600.000 kilómetros, que todavía es perfectamente utilizable en el día a día. De hecho, la autovía es el entorno más exigente para un coche eléctrico, por lo que este resultado deja claro que, incluso con menos del 70% de su capacidad original, sigue cumpliendo su función con dignidad.
Y aquí es donde viene lo realmente interesante. Este Model 3 no se retira. No se convierte en chatarra. Todo lo contrario: entra en una nueva etapa.
Cambiar la batería no es el final, es un nuevo comienzo
Este Model 3 ha entrado en taller para someterse a un cambio completo de batería. Un proceso que, lejos de ser una operación compleja o interminable, sorprende por su rapidez. Tras retirar unos 35 tornillos, el pack se desacopla del coche y queda listo para ser sustituido. En cuestión de muy poco tiempo, el coche está preparado para seguir rodando.
Este tipo de intervenciones desmonta uno de los grandes prejuicios: que cuando la batería falla, el coche queda prácticamente inservible. Nada más lejos de la realidad. En este caso, el Tesla Model 3 no solo recibe una batería nueva, sino que además cambia de tecnología.
El nuevo pack que se va a instalar utiliza celdas LFP, una química que está ganando protagonismo por varias razones. Frente a las tradicionales NCA (níquel, cadmio, aluminio) las LFP (litio-ferrofosfato) destacan por su mayor durabilidad, una degradación más lenta y una mayor estabilidad térmica. En otras palabras, son baterías que aguantan mejor el paso del tiempo y las condiciones exigentes.
Pero hay más. Este nuevo sistema también permite velocidades de carga significativamente superiores, llegando casi a duplicar la potencia en kW respecto al pack sustituido. Esto se traduce en tiempos de espera más cortos y una experiencia de uso más cómoda en el día a día.
El detalle importante aquí es que no estamos hablando de un modelo nuevo ni de una evolución dentro de la misma generación. Es un coche con más de 600.000 kilómetros que, gracias a un cambio relativamente sencillo, puede seguir circulando como si nada, e incluso mejorar sus prestaciones en algunos aspectos.
Más allá de la batería: la verdadera longevidad del coche eléctrico

Este caso pone sobre la mesa algo clave: la vida de un coche eléctrico no termina cuando su batería pierde capacidad. De hecho, puede ser solo una fase más. Igual que en los coches de combustión se sustituye un motor o una caja de cambios, aquí el componente principal también se puede renovar.
Además, conviene recordar que estamos ante una unidad de 2019. Desde entonces, la tecnología ha avanzado a buen ritmo, y fabricantes como CATL o BYD están desarrollando baterías con vidas útiles cada vez más amplias. Es decir, casos como este seguirán siendo cada vez menos extremos y más habituales.
Y lo mejor es que esta sustitución no solo devuelve el coche a su estado original, sino que puede suponer una mejora. Las nuevas generaciones de baterías, como las LFP, ofrecen ventajas claras en durabilidad, seguridad y coste a largo plazo. Además, eliminan en gran medida la preocupación por la carga diaria, ya que toleran mejor las cargas al 100% sin afectar tanto a su vida útil.
Todavía está por confirmarse el coste de esta operación en concreto, pero lo realmente relevante es el concepto: un coche eléctrico puede tener varias vidas. El chasis, el sistema de propulsión y el resto de componentes pueden seguir funcionando durante muchos años, mientras la batería se convierte en un elemento sustituible más.
En la práctica, el usuario medio nunca recorrerá cifras cercanas a los 600.000 kilómetros, por lo que la degradación de la batería difícilmente será un problema real. Y aunque lo fuera, este tipo de ejemplos demuestran que siempre hay alternativas.
En definitiva, el caso de este Tesla Model 3 no solo impresiona por sus kilómetros, sino por lo que representa: una demostración clara de que la tecnología eléctrica no solo ha llegado para quedarse, sino para cambiar completamente la forma en la que entendemos la vida útil de un coche.


