
¿Se puede hacer un coche nuevo usando los materiales de uno viejo?
BMW ha puesto a prueba una nueva forma de aprovechar los materiales de los coches cuando llegan al final de su vida útil; el proyecto busca que estos recursos puedan regresar a la fabricación de nuevos vehículos; los primeros resultados muestran que el reciclaje avanzado puede tener mucho más recorrido del que imaginábamos.

Cuando un coche llega al final de su vida útil, no todo tiene por qué acabar, en el mejor de los casos, en un desguace. BMW ha demostrado que una parte importante de los materiales de un vehículo usado puede volver a la cadena de producción para fabricar coches nuevos, algo que hasta ahora no resultaba sencillo debido a los requisitos de calidad de la industria del automóvil.
El fabricante alemán ha puesto a prueba esta idea mediante el proyecto Car2Car en su planta de Leipzig. Gracias a nuevas técnicas de selección, trituración y separación de materiales, BMW ha conseguido elevar del 6% al 51% la proporción de materiales recuperados que pueden volver a utilizarse en aplicaciones industriales.
El acero reciclado ya se está utilizando en coches nuevos

El principal problema no es reciclar materiales como el acero, el aluminio o el cobre, sino conseguir que después del proceso mantengan una calidad suficiente para fabricar nuevas piezas. Un coche contiene una enorme variedad de materiales y, además, algunos de ellos terminan mezclados o contaminados durante su vida útil.
Para solucionar este problema, el proyecto Car2Car combina una preclasificación de los materiales con procesos de trituración, sensores y sistemas capaces de separar con mayor precisión las distintas aleaciones de aluminio. El resultado es bastante llamativo: mientras los métodos convencionales apenas permitían recuperar un 6% de los materiales con la calidad necesaria, el nuevo proceso eleva esta cifra hasta el 51%.
Las diferencias son todavía más importantes cuando se analiza cada material por separado. En el caso del acero, la proporción recuperable pasa del 1% al 81%, mientras que en el aluminio aumenta del 23% al 52%. El cobre también mejora de forma significativa, pasando del 48% al 68%. Los metales son, por tanto, los grandes protagonistas de este proceso de reutilización.
El acero presentaba además un problema concreto: la contaminación con cobre procedente de cables y conectores. Una concentración excesiva de este material puede impedir que el acero reciclado alcance las características necesarias para fabricar nuevas piezas de carrocería. BMW incorporó una etapa adicional de clasificación para reducir esta contaminación y posteriormente sometió las bobinas obtenidas a los controles de calidad correspondientes.
Y aquí llega una de las partes más interesantes del proyecto. BMW no se ha limitado a realizar una prueba de laboratorio, sino que ha utilizado el acero reciclado en su propia planta de Leipzig. Con este material se han fabricado más de 100.000 piezas que posteriormente han terminado instaladas en vehículos nuevos.
En otras palabras, piezas procedentes de coches que ya habían llegado al final de su vida útil han podido regresar a la cadena de producción para formar parte de otros vehículos. Es precisamente el tipo de proceso que necesita la industria para avanzar hacia una economía circular real, donde los materiales no se utilizan una sola vez y después se desechan.
El gran reto sigue estando en los materiales más difíciles

Aunque los resultados con los metales son prometedores, todavía queda bastante camino por recorrer. Los plásticos y el vidrio siguen siendo mucho más complicados de recuperar con una calidad suficiente para fabricar nuevos componentes de automóviles. La gran variedad de materiales y compuestos presentes en un coche dificulta su separación y posterior reutilización.
Además, para extender este sistema a toda la industria sería necesario desarrollar una infraestructura adecuada para desmontar los vehículos, clasificar sus materiales y procesarlos de forma eficiente. Todo ello tendría que ir acompañado de un modelo de negocio que permita que el reciclaje avanzado resulte rentable a gran escala.
Aun así, el proyecto de BMW demuestra que el concepto no es una simple teoría. Los coches antiguos pueden convertirse en una fuente de materias primas para fabricar coches nuevos, especialmente cuando se dispone de sistemas capaces de separar los materiales con suficiente precisión.
El objetivo final pasa por reducir la necesidad de extraer nuevas materias primas y aprovechar durante más tiempo las que ya están dentro de los vehículos. Y viendo lo conseguido en Leipzig, la idea de que un coche viejo pueda ayudar a fabricar uno nuevo está cada vez más cerca de convertirse en una práctica habitual.


