
Los coches eléctricos ya evitan el consumo de 1,7 millones de barriles de petróleo cada día
La expansión del coche eléctrico ya está teniendo consecuencias directas sobre el consumo mundial de petróleo; millones de vehículos han dejado de depender diariamente de la gasolina y el diésel; la magnitud del cambio empieza a ser visible en las estadísticas energéticas y podría aumentar con fuerza durante los próximos años.

Puede que cuando repostamos no pensemos demasiado en ello, pero cada vez hay una parte más importante del transporte mundial que ya no necesita pasar por una gasolinera. Millones de conductores han cambiado el combustible por la electricidad y, aunque el efecto individual pueda parecer pequeño, cuando se suman todos esos kilómetros recorridos el impacto empieza a ser difícil de ignorar.
La transición hacia la movilidad eléctrica no solo está cambiando qué tipo de coches se venden o cómo se diseñan las nuevas generaciones de vehículos. También está modificando la cantidad de petróleo que necesita el transporte por carretera. Y lo está haciendo a una escala que hace unos años habría resultado difícil de imaginar.
La Agencia Internacional de la Energía calcula que el parque mundial de vehículos eléctricos evitó el consumo de alrededor de 1,7 millones de barriles de petróleo al día durante 2025. Es una estimación que tiene en cuenta el combustible que habrían utilizado vehículos convencionales para recorrer las mismas distancias que realizaron los vehículos eléctricos.

Llevado a una cifra anual, estamos hablando de aproximadamente 620 millones de barriles de petróleo que no fueron necesarios para mover esos vehículos. La cifra resulta especialmente llamativa porque no procede de una previsión a largo plazo, sino de lo que ya ocurrió durante 2025.
El cálculo de la agencia incluye diferentes tipos de vehículos eléctricos, desde coches hasta vehículos comerciales, autobuses y camiones. Los turismos y vehículos ligeros representan alrededor del 80% del petróleo desplazado, mientras que los camiones eléctricos ya tienen también un peso relevante, especialmente por la fuerte expansión de esta tecnología en China.
Cada coche eléctrico suma

El mecanismo es bastante sencillo. Un coche con motor de combustión necesita gasolina o diésel cada vez que recorre una determinada distancia. Un eléctrico necesita electricidad. Por tanto, cuando un conductor cambia uno por otro, una parte de esa demanda de petróleo desaparece.
Y no hace falta que todos los coches del mundo sean eléctricos para que el efecto empiece a ser importante. Basta con acumular millones de vehículos que recorren millones de kilómetros cada año para que el ahorro de combustible termine teniendo una dimensión global.
De hecho, el crecimiento se está produciendo a gran velocidad. En 2025 se vendieron más de 20 millones de coches eléctricos en todo el mundo, un 20% más que el año anterior, de forma que aproximadamente uno de cada cuatro coches nuevos vendidos ya fue eléctrico.

China tiene buena parte de responsabilidad en este cambio. El país concentra el mayor parque mundial de vehículos eléctricos y, según la Agencia Internacional de la Energía, estos vehículos evitaron allí el consumo de alrededor de 1 millón de barriles de petróleo al día durante 2025. Eso equivale aproximadamente al 15% de lo que habría sido la demanda de petróleo del transporte por carretera chino si todos los vehículos hubieran seguido utilizando motores de combustión.
Pero el efecto no se queda en China. Europa también está contribuyendo de forma significativa y el crecimiento de las ventas en otros mercados está haciendo que la reducción del consumo de petróleo deje de ser una cuestión limitada a unos pocos países.
La propia Agencia Internacional de la Energía estima que, con las políticas actuales, el petróleo desplazado por los vehículos eléctricos podría alcanzar alrededor de 5 millones de barriles diarios en 2030. Es decir, prácticamente triplicaría en apenas cinco años la cifra registrada en 2025.

Esto tiene además una consecuencia que va más allá del debate sobre las emisiones. Cuanto menos petróleo necesita el transporte por carretera, menor es su exposición a las variaciones del precio del crudo y a posibles problemas de suministro. La electrificación introduce otras necesidades, principalmente de generación y redes eléctricas, pero cambia por completo el tipo de energía que mueve millones de vehículos.
Y aquí aparece una de las consecuencias más curiosas. Los conductores que utilizan un coche eléctrico no solo dejan de comprar gasolina o diésel para su propio vehículo. Al reducir la demanda global de petróleo, también contribuyen a aliviar la presión sobre un mercado del que siguen dependiendo todos los conductores que utilizan motores de combustión.
Eso no significa que una persona pueda atribuirse individualmente el ahorro de petróleo mundial, evidentemente. La cifra de la Agencia Internacional de la Energía es el resultado de sumar el efecto de millones de vehículos y de estimar cuánto combustible habrían consumido sus equivalentes de combustión recorriendo las mismas distancias. La propia metodología reconoce que se trata de una estimación basada en ese supuesto de sustitución.

Pero sirve para poner en perspectiva hasta qué punto ha crecido ya el parque eléctrico. Durante años se habló de los coches eléctricos como una tecnología que tendría un impacto importante en el futuro. Ahora ese impacto empieza a aparecer también en las estadísticas energéticas actuales.
Y todavía estamos en una fase relativamente temprana de la transición. La Agencia Internacional de la Energía prevé que las ventas mundiales de coches eléctricos sigan aumentando y que el petróleo desplazado continúe creciendo durante los próximos años. En su escenario de políticas actuales, la cifra rondaría los 5 millones de barriles diarios en 2030, mientras que otros escenarios de mayor electrificación elevan todavía más ese volumen.
Así que la próxima vez que alguien diga que un coche eléctrico es solamente un coche que no necesita gasolina, la realidad es bastante más amplia. Detrás de cada coche eléctrico hay menos litros de combustible que producir, transportar y quemar a lo largo de su vida útil, y cuando esos vehículos se cuentan por decenas de millones, el efecto termina llegando hasta el propio mercado mundial del petróleo.
Puede que el conductor de un coche eléctrico no lo note cuando pasa junto a una gasolinera. Pero los 1,7 millones de barriles diarios que ya no necesita el transporte por carretera son una señal bastante clara de que algo está cambiando.
Fuente | AIE


