
Colapsa la importación de coches eléctricos europeos en China: cae un 99% desde 2023
China está dejando atrás una situación que durante años parecía imposible de imaginar; los coches eléctricos fabricados fuera del país tienen cada vez menos espacio en su mercado; la industria local ha cambiado por completo las reglas de juego y también está empezando a competir en los segmentos más exclusivos.

El mercado chino de coches eléctricos está viviendo una transformación que deja una imagen difícil de ignorar para los fabricantes europeos. Durante el pasado mes de julio, China apenas importó 125 coches eléctricos, una cifra que equivale a poco más de cuatro unidades al día y que supone el nivel más bajo registrado hasta ahora.
La caída resulta todavía más llamativa si se compara con lo que ocurría hace apenas unos años. Las importaciones de coches eléctricos alcanzaron su máximo en 2023, con 30.124 unidades, pero desde entonces no han dejado de retroceder. En 2024 fueron 16.768 unidades y durante los siete primeros meses de 2026 apenas se contabilizaron 3.475 coches eléctricos importados, según los datos de la Asociación China de Turismos (CPCA).
En términos relativos, el desplome es todavía más contundente. Las 125 unidades importadas en julio representan una caída del 99% respecto al máximo alcanzado en 2023. Y lo más importante es que no parece tratarse de un fenómeno puntual ni de una consecuencia de nuevas restricciones comerciales, sino de un cambio estructural en el propio mercado chino.
Los fabricantes europeos fabrican cada vez más en China, pero tampoco lo tienen fácil allí

Durante años, las marcas europeas de lujo encontraron en China uno de sus mercados más importantes y, en determinados casos, recurrieron a las importaciones para comercializar allí sus modelos más exclusivos. Entre los coches eléctricos que todavía llegan desde Europa encontramos modelos como el Porsche Taycan o el Mercedes-Benz EQS, ambos fabricados en Alemania.
Sin embargo, esa situación ha cambiado rápidamente. Los fabricantes internacionales han ido trasladando progresivamente la producción destinada al mercado chino a sus propias fábricas locales. El caso de BMW resulta especialmente significativo: actualmente produce en China todos sus coches eléctricos destinados a ese mercado, eliminando prácticamente la necesidad de recurrir a las importaciones.
Pero ni siquiera fabricar localmente garantiza que las marcas alemanas tengan ahora una posición cómoda. La producción de los fabricantes europeos en China también está alcanzando niveles mínimos debido a una combinación complicada de factores: una demanda más débil y, sobre todo, una competencia cada vez más fuerte por parte de los fabricantes chinos.

El fenómeno no se limita además a los coches eléctricos. Los híbridos enchufables también han sufrido un desplome similar. Las importaciones de este tipo de modelos alcanzaron las 24.613 unidades en 2022, mientras que en los siete primeros meses de 2026 solo se registraron 1.272 unidades procedentes del extranjero.
Si juntamos coches eléctricos e híbridos enchufables, China importó durante los siete primeros meses del año 2.977 vehículos de nueva energía. Esta cifra representa apenas el 1,2% de los 241.532 turismos importados por el país durante ese periodo.
Para poner el dato en contexto basta con mirar las ventas internas. Solo durante julio, los consumidores chinos compraron 1,561 millones de vehículos de nueva energía. Es decir, todas las importaciones acumuladas durante los siete primeros meses del año equivalen aproximadamente al 0,2% de las ventas de vehículos de nueva energía registradas en un solo mes.
La situación también permite entender por qué los modelos europeos importados tienen cada vez menos espacio en China. El comprador chino dispone hoy de una oferta de coches eléctricos fabricados localmente enorme, con modelos que cubren prácticamente todos los segmentos y que, además, incorporan cada vez más tecnología.

En el mercado de lujo, donde históricamente las marcas europeas contaban con una posición mucho más sólida, la situación tampoco es la de hace unos años. Fabricantes como BYD han creado marcas específicas para competir en la parte más alta del mercado, mientras que nuevos proyectos como el Maextro S800 buscan enfrentarse directamente a las berlinas y modelos de representación europeos.
El ejemplo del Porsche Taycan resulta revelador. Los datos de la CPCA no desglosan las ventas por modelo importado, pero el medio chino Gasgoo señala que Porsche entregó 372 Taycan en China durante el primer trimestre. Es una cifra que se traduce en aproximadamente cuatro unidades al día, prácticamente la misma magnitud que reflejan las importaciones totales de coches eléctricos durante julio.
Y aquí está probablemente la clave de todo el proceso. China ya no necesita importar coches eléctricos europeos porque puede fabricarlos dentro de sus propias fronteras, tanto a través de los fabricantes locales como mediante las instalaciones de las propias marcas internacionales.
Para los fabricantes europeos, el cambio supone un problema mucho mayor que una simple reducción de las exportaciones. China fue durante años uno de los grandes motores de crecimiento para las marcas premium occidentales y un mercado en el que modelos importados podían justificar precios elevados. Ahora, sin embargo, los fabricantes chinos están subiendo rápidamente de categoría y compitiendo también en los segmentos que antes parecían reservados a Mercedes-Benz, BMW, Audi o Porsche.
Todo apunta además a que las importaciones seguirán perdiendo peso. Los coches eléctricos procedentes del extranjero ya representan menos del 0,2% de las ventas mensuales de coches eléctricos en China, y la presión seguirá aumentando a medida que las marcas locales amplíen su oferta y entren en segmentos cada vez más caros.
Opinión:
Lo peor es que, poco a poco, este dominio se está extendiendo a Europa donde los grupos locales han tendido una alfombra roja a los chinos tanto con su miopía a la hora de ofrecer lo que el mercado demanda, como con unas gamas diseñadas con pocas ganas por gente de la vieja escuela a los que no les gustan los coches eléctricos, como también con el despilfarro de recursos en tumbar las normas de emisiones en Europa en lugar de centrar esos recursos en mejorar sus coches.
Una chapuza tras otra que se coronó con unos aranceles que ha llevado a China a dar el paso definitivo antes de lo esperado, abriendo sus fábricas en nuestro territorio. Algo que les dará una ventaja importante por los ahorros en costes logísticos y arancelarios, además de lograr añadir el sello de "fabricado en Europa" a sus coches.


