
Hay inventos curiosos… y luego está esto.El coche eléctrico más raro que hemos visto: un Spira modificado circulando por vías de tren abandonadas
Un pequeño vehículo eléctrico de tres ruedas, que parece más un kart casero que un coche como tal, con una carrocería hecha de espuma y una estética totalmente improvisada, ha acabado haciendo algo bastante difícil de imaginar: rodar por unas vías de tren abandonadas en el oeste de Estados Unidos.

Se llama Spira. Y sí, es de esos proyectos que no sabes muy bien dónde encajar: mitad experimento, mitad prototipo y mitad “a ver qué pasa si hacemos esto”.
Un “coche” que no encaja en ninguna categoría
El Spira no intenta parecer un coche normal. De hecho, es casi lo contrario. Tiene tres ruedas, es extremadamente ligero y su carrocería está hecha con materiales poco habituales en la automoción convencional. No hay pretensión de lujo, ni de homologación, ni de encajar en ninguna normativa concreta.
Es, básicamente, una idea llevada a la práctica sin demasiadas ataduras. Y su creador, Matt Spears, ha decidido llevar ese concepto todavía más lejos.
Vías de tren abandonadas como pista de pruebas
En uno de sus vídeos, Matt hace algo que suena a ocurrencia de domingo por la tarde: llevar el Spira a unas antiguas vías de tren abandonadas en el oeste de Estados Unidos.
La idea era sencilla: usar los raíles como si fueran una especie de circuito improvisado y ver hasta dónde podía llegar el vehículo. La realidad, como suele pasar en estos casos, fue menos amable. En uno de los primeros intentos, el Spira acaba golpeando un obstáculo a cierta velocidad, lo que daña parte del eje delantero y obliga a parar el experimento. Pero en lugar de acabar ahí, el proyecto entra en otra fase.
Arreglos caseros y soluciones de ingenio

Después del golpe, el Spira no se guarda en un garaje ni se abandona. Todo lo contrario. Su creador lo repara con soluciones bastante artesanales: piezas de kart, ruedas adaptadas, ajustes en el chasis y mejoras improvisadas en el sistema de frenos. El motor eléctrico, de unos 5 kW, se mantiene como base, suficiente para mover el conjunto en un terreno tan irregular como unas vías abandonadas. No hay grandes medios detrás. Todo se basa en prueba, error y mucha imaginación.
Lo interesante viene después. Porque en el segundo intento, el Spira no solo vuelve a moverse, sino que empieza a comportarse mejor de lo esperado. Consigue avanzar por tramos deteriorados, superar zonas complicadas y seguir adelante en un entorno que, en teoría, no está pensado para un vehículo así. Y ahí es donde el proyecto gana sentido… aunque siga siendo completamente caótico.
Mientras la industria del coche eléctrico avanza hacia coches cada vez más complejos, llenos de sensores, software y normativas, proyectos como este van justo en la dirección contraria. Aquí no hay pantallas, ni marketing, ni cifras de autonomía. Solo un vehículo ligero, un motor eléctrico sencillo y alguien dispuesto a ver qué pasa cuando lo llevas a un sitio donde no debería estar.
El Spira no va a llegar a los concesionarios, ni lo pretende. Pero sí deja una idea curiosa: la movilidad eléctrica no tiene por qué ser siempre seria, cerrada o perfecta. A veces también es esto: un invento raro, unas vías abandonadas y alguien probando hasta dónde puede llegar una idea cuando se sale del guion.


