
Este es el segundo país del mundo que prohíbe la importación de coches con motor de combustión
Hace unos meses conocíamos la noticia de que Etiopía había tomado la valiente decisión de prohibir la importación de coches con motor de combustión. Ahora un segundo estado le ha seguido tomando una de las decisiones más radicales vistas hasta la fecha al prohibir la importación de nuevos coches de gasolina y diésel; desde junio solo pueden entrar coches eléctricos; una medida motivada principalmente por razones económicas y de independencia energética que podría servir de ejemplo para otros países.

Laos ha tomado una decisión que ningún otro país había aplicado hasta ahora con tanta contundencia: prohibir la importación de nuevos coches de gasolina y diésel. Desde el pasado 1 de junio, prácticamente todos los turismos nuevos que entran legalmente en el país deben ser coches eléctricos, una medida que ha llevado las importaciones a un llamativo 100% de modelos eléctricos de un día para otro.
Se trata de la política de electrificación más radical vista hasta la fecha. Sin embargo, lejos de responder a una demanda masiva de los consumidores o a una estrategia puramente medioambiental, la decisión tiene un motivo mucho más práctico: la economía del país.
El Gobierno de Laos suspendió las importaciones de turismos de gasolina y diésel desde el 1 de junio de 2026, una restricción que, por ahora, permanecerá en vigor hasta finales de año. La medida está siendo gestionada por el Ministerio de Industria y Comercio y supone que todos los nuevos turismos autorizados para entrar en el país sean eléctricos.
Eso sí, la prohibición no afecta a todos los vehículos. Quedan fuera del veto el transporte público, la maquinaria de construcción, los camiones destinados a proyectos específicos y otros vehículos especializados. En otras palabras, el diésel seguirá utilizándose allí donde todavía no existen alternativas viables, mientras que la estrategia se centra exclusivamente en el mercado de los turismos, donde ya hay una oferta de coches eléctricos asequibles.
La independencia energética pesa más que la reducción de emisiones

Aunque pueda parecer una medida impulsada por objetivos climáticos, la realidad es que Laos busca sobre todo reducir su dependencia energética del exterior. El país, con alrededor de siete millones de habitantes, genera casi toda su electricidad mediante energía hidroeléctrica, hasta el punto de que exporta parte de esa producción a los países vecinos.
Sin embargo, todos los combustibles fósiles que consumen sus vehículos deben importarse y pagarse en divisas extranjeras, un recurso del que Laos dispone de forma muy limitada. Cada coche de combustión sustituido por un eléctrico significa utilizar electricidad producida dentro del país en lugar de importar gasolina o diésel, reduciendo así la salida de divisas y reforzando su seguridad energética.
Para acelerar la transición, el Gobierno no se ha limitado a prohibir las importaciones de coches de combustión. También ha puesto en marcha varios incentivos para facilitar la compra de coches eléctricos. Los modelos con un precio inferior a 50.000 dólares (unos 42.900 euros) quedan exentos del impuesto especial, se han reducido las tasas de matriculación y las empresas de transporte deberán contar con al menos un 10% de vehículos eléctricos en sus flotas antes de finalizar 2026.

La infraestructura también forma parte del plan. En abril, Laos firmó un acuerdo con 27 entidades públicas y privadas para desplegar una red de cargadores, estaciones de intercambio de baterías, una plataforma digital de gestión y nuevos productos financieros destinados a facilitar la adopción de los coches eléctricos. El objetivo oficial es que el 30% del parque móvil sea eléctrico en 2030.
Como nota curiosa, indicar que una de las principales redes de recarga de Laos se llama LOCA EV.
China aprovecha la ocasión

La desaparición de los coches de combustión del mercado está siendo aprovechada principalmente por los fabricantes chinos. Las exportaciones de coches eléctricos de China hacia los países de la ASEAN alcanzaron 1.200 millones de dólares en un solo mes, con Laos y Camboya registrando cifras récord. Marcas chinas y el fabricante vietnamita VinFast, a través de su plataforma de taxis Xanh SM, ya cuentan con una presencia significativa en el mercado.
En la práctica, eliminar la competencia de los coches de gasolina y diésel beneficia especialmente a los fabricantes capaces de ofrecer modelos eléctricos asequibles, un segmento en el que las marcas chinas dominan con claridad.
Aunque Laos representa un mercado pequeño, la dirección que está tomando no es un caso aislado. Las ventas mundiales de coches eléctricos alcanzaron 2 millones de unidades durante el mes de junio, Europa registró su mejor mes histórico para este tipo de vehículos y en China los camiones eléctricos ya superan el 50% de cuota en determinados segmentos. También Camboya eliminó este año los aranceles de importación para los coches eléctricos.
La diferencia es que, mientras en mercados como Noruega o China los coches eléctricos han ido ganando terreno gracias a una combinación de precio, prestaciones y oferta, Laos ha eliminado directamente la alternativa. Es una estrategia mucho más contundente, pero también plantea importantes desafíos.
El principal interrogante será comprobar si la red de carga crece al mismo ritmo que la demanda y si la población puede acceder económicamente a los nuevos modelos disponibles. Las excepciones contempladas para camiones y maquinaria demuestran que incluso el Gobierno es consciente de que no todos los sectores pueden electrificarse al mismo tiempo.
Aun así, el caso de Laos anticipa una realidad que podría extenderse a otros países altamente dependientes de las importaciones de petróleo. Cuando la electricidad se produce localmente y los combustibles deben comprarse en el exterior utilizando unas divisas escasas, apostar por los coches eléctricos deja de ser únicamente una cuestión medioambiental para convertirse en una decisión económica de primer nivel.


