
China golpea a los gigantes alemanes del automóvil y hunde sus expectativas de beneficios
Mercedes se suma a BMW y Volkswagen al recortar sus previsiones ante las dificultades en China. La competencia local y la presión sobre la rentabilidad complican la recuperación de los fabricantes alemanes. La reacción de la bolsa refleja unas dudas que van mucho más allá de una mala jornada.

China fue durante años la gallina de los huevos de oro para los fabricantes alemanes. Eran los dueños del mercado y lograban importantes márgenes de venta por la falta de competencia local. Ahora la tortilla se ha dado la vuelta y China se ha convertido en una fuente de problemas que ni el prestigio de sus marcas consigue resolver. Mercedes acaba de sumarse a BMW y Volkswagen con un recorte de previsiones que vuelve a poner bajo presión a la industria automovilística alemana.
La marca de la estrella ha rebajado su previsión de margen operativo ajustado para la división de coches hasta entre el 2 y el 3% en 2026, frente al 3%-5% que esperaba anteriormente. Detrás están las dificultades del mercado chino y unos costes más elevados para el último trimestre, incluidos los materiales. Vender coches de lujo ya no garantiza mantener la rentabilidad a salvo.
La reacción de los inversores ha sido inmediata. En el momento recogido en la gráfica de Bloomberg, las acciones de Mercedes caían un 5,35%, aproximadamente ese 5,4% que refleja el balance de la sesión aportado. BMW y Volkswagen también aparecían en rojo, con descensos del 2,47% y del 2,14%, respectivamente. El castigo alcanzaba así a los tres grandes grupos alemanes.

El problema va bastante más allá de una mala jornada en bolsa. Las entregas de Mercedes en China han retrocedido un 29% entre enero y septiembre, según los datos recogidos por AFP. Es un golpe importante para una compañía que durante años encontró allí compradores dispuestos a pagar por el diseño, el confort y el emblema de sus coches. Hoy tiene que disputar esas ventas en un mercado mucho más exigente y con una competencia local cada vez más fuerte.
BMW y Volkswagen ya habían ajustado sus propias previsiones, por lo que resulta difícil interpretar lo de Mercedes como un tropiezo aislado. Los tres se enfrentan a un cambio que afecta tanto al volumen de ventas como a la capacidad de mantener precios. China sigue siendo un mercado enorme, pero eso no significa que vaya a seguir ofreciendo los mismos beneficios a quienes lo dominaron durante décadas.
China deja de sostener las cuentas de los gigantes alemanes

La presión de fabricantes como BYD, Xiaomi, Xpeng...y un largo etc, ayuda a entender lo que está pasando. La competencia local ha ganado peso y obliga a las marcas extranjeras a defender su posición con algo más que su trayectoria. En plena expansión de los coches eléctricos, la tecnología, el equipamiento y el precio tienen un protagonismo que complica las cosas a quienes estaban acostumbrados a cobrar un sobreprecio por su marca.
Para Mercedes, la dificultad consiste en recuperar atractivo sin deteriorar todavía más sus márgenes. Bajar precios puede ayudar a colocar coches, pero también reduce lo que se gana con cada venta. Mantenerlos exige convencer al comprador de que la diferencia está justificada. Y todo esto llega mientras la compañía sigue necesitando invertir en nuevos modelos y tecnología.
La fotografía bursátil permite ver hasta dónde ha llegado la pérdida de confianza. La gráfica de Bloomberg del 27 de octubre sitúa la capitalización de Volkswagen en 33.751 millones de euros, la de BMW en 34.596 millones y la de Mercedes en 37.702 millones. Entre los tres suman 106.049 millones de euros: apenas unos 106.000 millones para tres de los nombres más importantes de la historia del automóvil.
La comparación con Tesla resulta especialmente llamativa. Tomando como referencia la valoración de 1,6 billones de euros a día de hoy, la compañía estadounidense valdría unas 15 veces más que Mercedes, BMW y Volkswagen juntas. Por supuesto, es una comparación solo entre valoraciones bursátiles, no entre ventas, fábricas o beneficios. Aun así, muestra la enorme distancia entre las expectativas de futuro que el mercado deposita en unas y en otra.
Eso tampoco significa que la bolsa tenga asegurado el acierto con Tesla o que los fabricantes alemanes hayan perdido toda capacidad de reacción. Significa que los inversores valoran sus perspectivas de manera muy diferente. Los grupos alemanes tienen que demostrar que pueden recuperar rentabilidad en un mercado donde su posición ya no parece tan segura como antes.
China ha pasado de impulsar sus resultados a ponerlos en cuestión. El recorte de Mercedes confirma que el problema sigue abierto y que afecta incluso a las marcas con mayor prestigio. Para darle la vuelta no bastará con esperar a que regresen los compradores: habrá que ofrecerles razones para elegir de nuevo un coche alemán frente a unas alternativas locales cada vez más competitivas.


