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Tesla podría asociarse con algún fabricante sin tecnología eléctrica propia para mejorar sus ritmos de producción

Según las últimas informaciones que Elon Musk transmitió a sus empleados, sus intenciones son las de fabricar el Model 3, cuyo coste se estima en unos 35.000 dólares, para venderlo sobre los 38.000 dólares, un margen de ganancias muy escaso para todo el esfuerzo que está poniendo el fabricante por sacar adelante la producción de este modelo.

Tesla actualmente está teniendo serios problemas para construir sus vehículos a la hora de conseguir buenos ajustes y una aceptable calidad de fabricación, y aún así obtener beneficios. De hecho, la propia compañía ha reconocido que la parte de producción es el cuello de botella de su línea de montaje, por lo que necesita incidir especialmente en los procesos de diseño y ensamblaje de las distintas partes del vehículo.

La marca californiana tiene un modo de construir sus modelos un poco especial respecto a los tradicionales chasis monocasco del resto de marcas: Tesla ensambla su transmisión, baterías y la mayoría de componentes mecánicos en un subchasis que realiza la función de plataforma, la ya conocida estructura skateboard. El problema reside fundamentalmente en la parte de la estructura donde va montada la carrocería, y ahí es donde Tesla debería estudiar la posibilidad de colaborar con alguna marca que aún no tenga tecnología eléctrica propia. Se barajan actualmente dos nombres: Mazda y Subaru.

Ambas compañías tienen una larga experiencia en la producción de vehículos, incluso de vehículos de alto rendimiento. Los acabados y ajustes de sus modelos son muy buenos, y aunque son de los fabricantes más pequeños, tienen los recursos, el conocimiento y la capacidad para fabricar automóviles en masa de una forma rentable. Esta colaboración podría suponer la ganancia por parte de Tesla de mejoras en sus procesos de producción con la consiguiente reducción de costes, lo que le permtiría ser mucho más competitivo a la hora de ofrecer sus productos a los clientes.

Por otro lado, cualquiera de las dos marcas asíaticas no tiene experiencia ni modelos impulsados totalmente por energía eléctrica, con el temor de quedarse obsoletas y rezagadas ante la dura competencia que se ha abierto en este nicho de mercado, por lo que la plataforma eléctrica de Tesla les permitiría comenzar a luchar en el mundo de los vehículos eléctricos y adquirir experiencia en el desarrollo de automóviles de tracción eléctrica.

En el hipotético caso de cuajar esta colaboración entre ambas empresas, Tesla podría vender su plataforma y su tecnología a este fabricante y tanto Mazda como Subaru podrían fabricar las carrocerías de los futuros Model 3 o Model S con unos costes mucho más bajos y una mayor calidad de construcción, por lo que Tesla podría dejar de romperse la cabeza para mejorar los procesos de soldadura y ensamblaje de sus modelos, además de adquirir la fiel clientela de ambas compañías.

Si bien Toyota tiene una pequeña participación en Subaru, esta empresa ha demostrado flexibilidad a la hora de asociarse con distintas marcas. Por otro lado, Mazda es totalmente independiente y no tiene ningún tipo de ataduras de este tipo. También hay que tener en cuenta el cierto orgullo que podría tener Elon Musk a la hora de asociarse con alguna empresa y perder esa «pureza» que caracteriza al fabricante californiano. Una hipótesis que se podría barajar y que haría que aumentase exponencialmente la expansión del automóvil eléctrico en los distintos mercados.

Vía | Jalopnik

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